Colaboración para el diario El Periodista, de Tres Arroyos, Buenos Aires, Argentina.
En tiempos de ajustes y
recortes. De números y cuentas. De mirar con cierto pánico la balanza de la
economía y la mala palabra llamada “inflación”, tanto que no la queremos ni mencionar
y menos escuchar en los medios de comunicación. En ese contexto que marca la
vida diaria de cada mortal argentino, siempre es interesante conocer la opinión
de expertos que entienden cómo funciona el modelo económico de Cambiemos, hacia dónde vamos, qué nos
espera como sociedad con los indicadores actuales y qué recaudos debemos tomar
para que nuestro poder adquisitivo no se resienta más. Aunque todo está muy
lejos de ser una panacea.
En diálogo con El Periodista en su moderna oficina de la Ciudad de Buenos Aires, en el microcentro porteño, el tresarroyense Juan Pablo Zambotti (43 años), Licenciado en Administración (UBA), explicó en qué consiste el trabajo que realiza para el
Ministerio de Producción de la Nación en el programa que otorga subsidios a emprendedores, al tiempo que sostuvo que “el país es inviable. Estamos sentados sobre un polvorín”.
Hijo de Juan Carlos, albañil y constructor ya fallecido, y Silvia, exprofesora de Biología, el exdocente de la UBA en las materias Cálculo Financiero y Administración Financiera, y en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), destacó que
“la Escuela Técnica (E.E.T Nº 1) me marcó para toda la vida” y recordó que el programa “A saltar la pared”, creado por la Dirección General de Escuelas y Cultura de la Provincia de Buenos Aires, allá por 1993, fue “una experiencia maravillosa para pibes como nosotros”, entre otros temas.
Se abren las puertas de la cátedra.
Una lección más como en los viejos tiempos universitarios ante cientos de
alumnos… Sin tapujos.
-¿Por qué elegiste Buenos Aires para continuar tus estudios universitarios?
Ni bien terminé la Escuela Técnica me vine a estudiar Ingeniería. Estuve dos
años y después me cambié a Económicas. Ahí me di cuenta que la base de
Matemática adquirida era muy importante. Esos dos años en Ingeniería me
sirvieron para que no tuviera problemas en progresar. Entonces, un día mis
compañeros me pidieron que les diera clases particulares de Análisis, Álgebra y
Física. Todo para Económicas. Y así comenzó mi primer laburo en la Facultad.
Fui ayudante de cátedra en las materias Cálculo Financiero y Administración
Financiera. Y después de más de diez años, me dieron la cátedra de
Administración Financiera y Cálculo Financiero en la UBA. Llegué a tener seis cursos de 150 personas por semana. De, hecho en
el Ministerio de Economía, debe haber muchos alumnos míos ahí. Tengo alumnos
por todos lados.
- También sos autor de algunos libros teóricos, ¿no?
- Así es. La inquietud surgió porque me gusta escribir. Empezó con algo pequeño y después se transformó en un libro donde junté todo lo que había escrito durante tres años. Escribí tres: “Matemática Financiera aplicada. El camino de los números (2010), “Finanzas para la toma de decisiones (2009) y “Tiempo de finanzas y mercado de capitales (2007) que los usaba para la teoría de los cursos mientras hacía la carrera.
Ahí ya quedé como especialista en Finanzas y me dediqué a eso. Trabajé mucho con Banca Privada y ahora somos representantes de un Banco Privado de Inversión de los Estados Unidos. Más allá de laburar con SMG (Swiss Medical Group) a nivel local, me especialicé en subsidios y beneficios fiscales. Aparte con la consultora en la cual oficio de Presidente y asesor financiero para emprendedores, Dinamisión, somos Incubadora en el Ministerio de Producción de la Nación. Y en ST Consulting soy el director financiero.
- ¿De qué se trata el programa al que hiciste mención?
- Es un Programa que se llama Préstamo Semilla y ayuda a pequeños emprendedores de manera económica y financiera. Esta línea la gestionamos nosotros, a tasa cero, de 250.000 pesos y a cinco años de plazo con un año de gracia. Es un empujoncito interesante para arrancar como Incubadora. Nosotros los acompañamos en todo el proceso de llevar a cabo el proyecto, la creación de la empresa y demás. Hace un año que estamos bastante metidos con el Ministerio y ya presentamos más de 60 proyectos.
- ¿Cuál es la partida presupuestaria destinada?
- Hay presupuestos, y grandes. Pero aparte todos los Ministerios tienen programas. El de Producción tiene el Semilla, el PACC y alguno que otro más, aunque el PACC (Programa de Acceso al Crédito y la Competitividad) está discontinuado. El Semilla ahora está cerrado pero lo van a volver a abrir y van a ampliar los montos. Muchos de los beneficios de estos programas son subsidios. Se llaman Aportes No Reembolsables. Estamos hablando de aportes que pueden llegar hasta los 5 millones de pesos. Lo que pasa que no son nada conocidos. Ese es un problema que tiene este Gobierno.
- ¿Por qué creés que esto sucede cuando el Ministerio tiene un área de Relaciones Institucionales?
- Hay de todo. Hay Prensa y Difusión pero realmente no sé por qué no se informa sobre esto. No sé cuál es el motivo por el cual no se fomentan, más allá de las Incubadoras que en el país hay 400. Hay un montón pero lo que pasa es que el 60, 70 por ciento nunca presentaron un proyecto. Sucede que es fácil ser Incubadora. Se presentan los colegios, las universidades, cualquiera se puede postular, pero creo que ahora se pusieron más estrictos. Y no había que pagar nada. No son líneas difundidas porque yo tengo charlas con emprendedores todo el tiempo y ninguno tenía la más remota idea de que pudieran conseguir plata a estos niveles. La función mía es fomentar desde todas las Redes Sociales este tipo de beneficios y ayudar a la gran masa emprendedora que hay en nuestro país, que no es poca, y desde donde han salido empresas muy importantes a nivel mundial como Despegar o Mercado Libre. Son los famosos Unicornios. No digo que vaya a haber muchos, no es fácil que aparezcan, pero en nuestro país existe una cultura emprendedora muy importante.
- ¿Mercado Libre es un caso de éxito especial?
- Mercado Libre nació como una empresa de compra – venta y hoy su negocio ni siquiera pasa por ahí. Ha hecho una mutación en la parte financiera y hoy es un negocio financiero y no de una empresa de compra – venta de productos. Después, como repito, hay pequeños emprendedores con ideas muy buenas pero que no pueden sobrevivir a la coyuntura. Nosotros ahí podemos acompañarlos, darles un paraguas para que sepan qué puede pasar y estén preparados. Acá lo que hacemos nosotros es educar. Yo educo desde todos los ámbitos. Hoy te puede ir bárbaro como emprendedor, pero quizás mañana ya no. Hay que tener siempre un plan b. Ser precavidos y siempre estar a la defensiva. Nunca bajar los brazos por más que te vaya bien. Nosotros hablamos mucho de eso para darle más vida a las empresas.
- ¿La mayoría de los emprendimientos están relacionados con qué áreas?
- El Ministerio de Producción está aprobando más que nada proyectos que tengan que ver con base tecnológica. Hacer un proyecto de impacto social o ambiental, y que ganes plata, son más difíciles de pensar. El 70 por ciento de mis proyectos son Aplicaciones (APPS) muy interesantes y el Gobierno, obviamente, quiere que se desarrollen. Viendo el caso de Despegar y Mercado Libre, que son bienes exportables y con un potencial tremendo, todo conduce a lo tecnológico.
Sueños de futuro
- ¿Con qué startup de las que estás asesorando ves con mayor futuro para que se consolide?
- Te puedo decir varias. Los nombres aún no porque no están lanzadas al mercado. Tenemos una emprendedora que armó una aplicación para los chicos que tienen Diabetes. Es una madre que tiene uno o dos hijos con Diabetes y ella, como tiene una base de educación tecnológica, diseñó una herramienta para que los chicos carguen los valores de insulina de una forma más sencilla y amigable. En el mundo existen algunas aplicaciones de este tipo pero ninguna es amigable. Como ella sufre el problema de manera directa le resultó más fácil pensar cómo armar algo desde su lugar. Este fue uno de los casos más emblemáticos porque la mujer lo hizo todo a pulmón y cuando le sacamos el préstamo la verdad que no lo podía creer. Estaba muy emocionada. Laburar con emprendedores es lo mejor que te puede pasar en la vida porque es gente que la rema de abajo y cada logro que tiene es una victoria. Sería lindo poder acompañar a una empresa desde que nace hasta que sea una empresa grande. Ser parte de ese proceso a mí me parece maravilloso y a eso apuntamos.
- ¿Cómo se te presenta la oportunidad de trabajar para Producción?
- Yo había laburado con emprendedores y me enteré por eso. Estas líneas ya estaban vigentes en otros años pero no estaban bien gestionadas. No salían, no fluían y me daba la sensación de que era para amigos, no se terminaban de implementar. Pero buscando y trabajando con emprendedores me encontré con una persona que era Incubadora y me dijo que “no, nada que ver, los proyectos se presentan y salen”. Pero la verdad que el Semilla (se refiere al nombre del programa) requiere de una documentación bastante baja y puede salir en seis meses que es re poco tiempo para que te desembolsen un préstamo y el emprendedor puede hacerse de un dinero importante que le cambie la ecuación.
El desarraigo
- ¿Cuál era tu idea cuándo terminaste la Secundaria en Tres Arroyos?
- Mirá, pasó algo muy loco. Allá por 1993, en el último año de la Escuela Técnica, hubo un programa que se llamaba A saltar la pared y era iniciativa del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Fue un concurso para todos aquellos alumnos de los últimos años de las escuelas secundarias que quisieran emprender y te capacitaban. Presentabas un proyecto, lo evaluaban y si ganabas te hacías acreedor de $10.000 para que puedas llevarlo a cabo. Con un grupo de compañeros presentamos un proyecto – no era obligatorio hacerlo- para competir. Fue bastante polémico porque generó un problema adentro del Ministerio de Educación. El emprendimiento tenía que ver con realizar obras para proveer de energía eléctrica a cinco escuelas rurales de la zona. Imaginate que nos querían asesinar. Nos decían, porqué nos metíamos en ese tema y que no era competencia nuestra. Nosotros éramos pibes…
- ¿Cómo se les ocurrió ese proyecto?
- Un profesor de la escuela nos comentó que desde la institución enviaban caseteras a las escuelas rurales y no las podían usar porque no tenían luz. Entonces empezamos a investigar y descubrimos que eran cinco los establecimientos educativos que carecían de servicio eléctrico. Una de ellas era la escuelita que estaba en la curva de Claromecó y que ahora no existe más. ¿Qué fue lo que pasó? Con la plata que nos daban nosotros hacíamos la instalación de todas las escuelas y nos servía de práctica real antes de hacerlo en un tablero. Encima, la mano de obra era gratis porque la prestaba la escuela. Presentamos el proyecto a pesar del escándalo que se armó y, aunque intentaron darnos de baja, no se atrevieron a hacerlo por escrito y nos tuvieron que dejar participar. En definitiva, está claro que no ganamos pero nos dieron el dinero igual. Increíble. Nos hicieron una mención especial. No íbamos a ganar porque lo que fuimos a hacer le hubiese correspondido al mismo Gobierno hacerlo. A la primera escuela nos invitaron después y, de hecho, nos hicieron una nota para el diario. Dos años más tarde visitamos la escuela en la inauguración y vimos a los chicos que nos miraban sorprendidos y emocionados. Claro, nosotros con 18, 19 años, le habíamos llevado la luz. Una cosa increíble. No habíamos tomado conciencia de lo que logramos. Eso fue algo que me marcó para toda la vida. Haber presentado un proyecto a esa edad…Yo me había olvidado que había pasado todo eso, pero qué loco que con el tiempo lo seguí desarrollando con emprendedores.
¿El Colegio Industrial te brindó conocimientos para aprender un oficio?
- Claro que sí. Yo he hecho toda la instalación eléctrica en casa y, cuando me vine a Buenos Aires pero tuve que volver un año cuando mi viejo estaba enfermo, me dediqué a eso. La plata no nos alcanzaba. Ahí salías con el título de Técnico Electromecánico Nacional. Increíble lo que me sirvió la escuela y lo que me marcó. Esa capacitación que realizamos me llevó a trabajar con emprendedores en la actualidad. Fue una experiencia maravillosa. A veces cómo los programas que se hacen en las escuelas pueden ayudar a los estudiantes a descubrir algo que tenían latente y no sabían que les gustaba.
- ¿Cómo fue alejarte de tu familia, tus amigos
para seguir estudiando en Buenos Aires? ¿Cómo asimilaste ese cambio tan brusco?
- Me vine a vivir a una pensión que era de un familiar y quedaba en el barrio de Flores. Era una pensión de gente grande. Quedaba muy lejos de la Facultad y de algunos conocidos que venían también a Buenos Aires. Aparte no existía el GPS, estaba la guía filcar… Y yo cursaba en Ciudad Universitaria así que estaba arriba del bondi más de una hora. El primer año no la pasé nada bien; ya el segundo año vinieron mis hermanos, nos mudamos a Belgrano y la situación cambió. Pero no es un cambio fácil para alguien que viene del Interior. A muchos les pasa que vuelven. A mí me encanta la Ciudad. Siempre me gustó.
- ¿Qué es lo que más extrañás?
- Las amistades. Cuando viajo me gusta pasar a visitarlos. Siento que he dejado muchos amigos allá. Siempre me quedaron los mejores recuerdos. A mí mujer le encanta Tres Arroyos. Le gusta porque es chiquita, linda y prolija. Para el que viene de afuera la ve como una ciudad tranquila y pintoresca. La verdad que es una Ciudad muy linda. Nosotros porque nacimos ahí y no le damos ni bola. Y ni hablar Claromecó. Antes cuando no teníamos las mellizas (Giuliana e Isabella) íbamos más seguido.
- Para ir finalizando la charla, no puedo cerrarla sin pedirte un análisis sobre la grave situación económica que atraviesa el país.
- Yo no hago predicciones, pero tengo el pálpito que esto ya lo vivimos. Lamentablemente, el nuestro es un país cíclico y si estudiamos la Historia esto no es la primera vez que pasa. La discusión de si emitimos o no emitimos, si nos endeudamos o no, si el precio del dólar sube o baja, es una discusión que la tenemos hace 70 años. Eso me hace intuir que no hemos avanzado nada, que seguimos discutiendo las mismas cosas e, indefectiblemente, esto no va a terminar bien. ¿Qué no es terminar bien? Terminará en un default o en una reestructuración de deuda, con una disparada del dólar que acomodará los precios… No digo que las condiciones estén dadas para que ocurre lo del 2001, pero la cadena de pagos está muy sentida. Las empresas no se pueden financiar a una tasa del 50, 60 por ciento. El país es inviable. No podés porque tenés una tasa que hace que las empresas no se puedan financiar de ninguna manera y, por otro lado, tenés la presión fiscal más alta del mundo.
Estamos sentados sobre un polvorín. Falta la chispa para que esto estalle. Las empresas están echando mucha gente y otras cierran y se van del país. Es una situación extremadamente complicada. Si esto continúa, en marzo o abril los que mantienen el sistema se van a caer porque la carga impositiva es impagable. Y aparte no sirve para nada. Si me decís que pasa como en Alemania que te cobran el 60 por ciento de impuestos, tenés resuelto varios aspectos de tu vida. Pero acá no tenés seguridad, no tenés escuelas, no tenés salud… Para poder cambiar esto no creo que sea un proceso fácil. Necesitás un proceso de educación que no lleva menos de 15 años para que se vean los resultados. Y hay que hacer una reestructuración de todo: laboral, fiscal y política. ¿Quién va a pagar ese costo político y aceptar que el sistema de reparto está quebrado? Nadie. Y no lo digo yo. Pero está quebrado no sólo acá, sino a nivel mundial. Acá porque tenés a 4 millones de personas que cobran algo y nunca pagaron un mango. Y aparte la expectativa de vida cada vez es mayor. Antes, el sistema de reparto funcionaba porque te jubilabas a los 60 y te morías en promedio a los 65. Entonces el sistema sólo te tenía que mantener cinco años. Hoy, la expectativa está en 75 años. Eso es impagable. Y eso lo paga la población activa. La gente que trabaja es cada vez menos. La pirámide demográfica se invierte porque la gente vive cada vez más. Y en los países del Primer Mundo ya tienen un problema: después del 2060 es muy probable que haya más gente vieja que joven. Es terrible.-