Vivió parte de su infancia y adolescencia en Tres Arroyos. Desde hace dos años trabaja en la logística, diseño y armado de muchas de las acciones más resonantes de la organización ambientalista Greenpeace. Allí comparte su tarea con Camila Speziale, la activista que estuvo presa en Rusia. Es Martín Bertolami, quien en exclusiva para “El Periodista” compartió además una interesante experiencia laboral en Panamá.
Por Pablo Tano
De aquí y de allá. De más acá, quizás un poco más lejos, pero no tan cerca. De todos lados y de ninguna parte. Inquieto, emprendedor, audaz, aventurero, creativo, soñador, comprometido. Con alma y espíritu bohemio. Un romántico e incansable buscador de nuevos desafíos. Así es Martín Bertolami, nacido en Bahía Blanca, pero tresarroyense y salteño por adopción. Aunque hoy, la mayor parte de su existencia haya transcurrido en la Ciudad de Buenos Aires.
Casi graduado en la Universidad de Buenos Aires (UBA) de Diseñador Industrial -le falta rendir ¡una materia!-, amante de la fotografía e integrante de la comparsa de candombe “La Cumparsa”, Martín, de 37 años, trabaja en Greenpeace -es compañero de Camila Speziale, la activista detenida en Rusia el año pasado-, como encargado del área de Logística desde hace dos años, pero antes también pasó por Sodapasta, una empresa que se dedica a diseñar maquetas, robots, objetos y disfraces para cine y publicidad, donde tuvo la oportunidad de viajar a Panamá, entre otros países.
En diálogo con “El Periodista”, Bertolami, participante ocasional en “Los tambores no callan”, una movida abierta que toma forma cuando hay motivos valederos para hacerla, rememora sus orígenes, narra su historia y describe etapas como diseñando un mapa de su vida.
- ¿Cuándo tomaste la decisión de irte a estudiar a Buenos Aires y por qué?
- Primero me había ido a estudiar a Mar del Plata. Estuve dos años allá. Me fui, entre otras cosas, porque mi novia de ese entonces había ido para allá. Luego la relación terminó y con un amigo y compañero de facultad, también tresarroyense, empezamos a planear irnos a Buenos Aires y así lo hicimos. Siempre me había intrigado Buenos Aires, lo veía como un lugar lleno de posibilidades y me parecía también que mi carrera iba a ser más rica allá.
- ¿Qué carrera continuaste?
- Tanto en Mar del Plata como en Buenos Aires, seguí la carrera de Diseño Industrial. Nunca me recibí. Me falta una materia (risas).
- ¿Al mismo tiempo ibas trabajando para poder costear de alguna manera tus estudios?
- Siempre traté de rebuscármelas, tuve períodos sin trabajar, tuve una beca, pero hice de todo en el camino: pinté casas, vendía autos en una concesionaria, fui telemarketer, hice alguna que otra encuesta...Durante cuatro años alquilé una casa grande y subalquilaba habitaciones. Pasaron muchos personajes por ahí.
- ¿Recordás cuál fue tu primer trabajo en la Ciudad de Buenos Aires?
- Sí, estaba recién llegado a Buenos Aires, vivía en una pensión por Palermo y conseguí por el diario un trabajo de cartero entregando boletas de telefónica en La Matanza. Toda una aventura.
- ¿Cómo te llega la oportunidad de entrar a Greenpeace?
- Yo venía trabajando hace mucho tiempo en Sodapasta, una empresa que se dedica a realizar todo tipo de cosas, mayormente para cine y publicidad; maquetas, efectos especiales, muñecos, robots, objetos gigantes, escenografías. Un día recibo un mail de Greenpeace que necesitaban a alguien para encargarse del taller de producción. Lo dejé pasar, y el último día del plazo para contestarlo se me prendió la lamparita, y me dije: “¿Por qué no?”. Así que improvisé un e-mail donde puse una serie de trabajos míos y lo mandé. Lo vi como una oportunidad de enfocar mi trabajo hacia algo más noble. Después me llamaron, tuve un par de entrevistas y quedé. Mi ingreso se produce en diciembre de 2012.
- ¿Qué rol desempeñás en la ONG? ¿Cuál fue tu participación en las últimas campañas?
- Trabajo dentro del área de Logística, que es el área que se encarga de la coordinación y concreción de las acciones. Yo estoy a cargo del taller de producción. Con mis compañeros y con los voluntarios hacemos todo lo necesario para que todo se pueda llevar a cabo en tiempo y forma. De una u otra forma participo en todas las campañas, ya sea diseñando y produciendo en el taller lo que haga falta; desde hacer disfraces hasta organizar un festival de música y también en el desarrollo propio de las acciones.
- El año pasado, el conductor Mario Pergolini participó como activista invitado en una acción. Se disfrazó de oso polar en las estaciones de servicio Shell en defensa del Ártico. ¿Vos tuviste que ver con el diseño que usó el empresario y los demás voluntarios?
- En el caso particular del oso, yo no participé en el diseño, ya que cuando se confeccionaron los disfraces estuve trabajando en un proyecto fuera de Greenpeace, un trabajo para Tecnópolis. Con un amigo diseñamos y armamos unos trailers interactivos para la empresa de agua AySA. Armamos un lindo equipo de trabajo, casi todos amigos. Participé en la acción de Pergolini, pero más desde la preparación.
- ¿Cómo viste desde adentro casi una cuestión de Estado que se generó con los activistas detenidos por el Gobierno de Rusia?
- Fueron tres meses muy atípicos, ya que fue un hecho histórico y de muchísima relevancia dentro de la organización. Fueron meses de preocupación e incertidumbre. Todas las campañas se vieron afectadas por esto. En lo personal me afectó, ya que Camila, que estuvo detenida, es una de las voluntarias que trabajan conmigo en el taller. Una gran persona, muy querida en el taller, todos estaban muy preocupados por ella.
- ¿Cómo la viste a ella cuándo regresó al país después de estar presa durante dos meses junto a otros diez compañeros de distintos países?
- Por suerte ya terminó esa historia y viéndolo a la distancia, creo que fue una gran experiencia de vida para ella. Pese a su inocencia y juventud lo sobrellevó muy bien. Recuerdo una anécdota muy buena que contó: “Habían inventado un código para comunicarse entre las celdas, dándole golpecitos a los radiadores de calefacción con una moneda”. De esta manera charlaban y se contenían.
- ¿Cuánta gente trabaja en Greenpeace?
- Alrededor de 50 personas sólo en Argentina, más los voluntarios de Buenos Aires y de los distintos grupos locales como Córdoba, Rosario, Mar del Plata, Paraná, Salta, Bahía Blanca.
- ¿Tuviste la oportunidad de viajar por el mundo por trabajo?
- Siempre me gustó viajar. Por trabajo he estado en Panamá, Uruguay y Chile. Lo de Panamá fue de los mejores trabajos que hice. Diseñamos y realizamos para una empresa panameña una especie de acoplado de camión donde funcionaba una supuesta fábrica de juguetes manejada por la familia de renos de Papá Noel. Era una locura, mucho movimiento, luces. Había un tren manejado por un renito que recorría todo el camión. Una gran máquina de engranajes a pedal manejada por el papá reno, un reno bebé que volaba en un cohete; un delirio total. Lo bueno y particular de este trabajo es que lo empezamos desde cero. Nosotros le propusimos la idea a la empresa, hicimos una pequeña maqueta del camión y la mandamos a Panamá. Se volvieron locos cuando la vieron y nos encargaron el camión en grande. Después de seis meses de arduo trabajo en equipo terminamos y lo mandamos en barco. Luego viajamos tres personas a instalarlo allá. Pasamos más de veinte días trabajando en el playón de un estacionamiento de la empresa. Recuerdo que llovía y paraba todo el tiempo, y cuando no llovía nos cocinábamos de calor. Trabajamos un montón. En el medio del trabajo nos escapamos una semana a un archipiélago de 300 pequeñas islas, la región de Kuna Yala. Un paraíso total, muy agreste, manejada totalmente por aborígenes, los Kunas. En las islas sólo había chozas, hamacas paraguayas y un océano transparente lleno de peces. Nunca me voy a olvidar del avión que nos llevó hasta ahí. No entiendo aún cómo hacía para volar, parecía que funcionaba a pedal. Cuando volvimos nos quedaba una semana de trabajo y nos dimos cuenta que por la lluvia se habían roto algunas cosas eléctricas del camión. Ahí empezó el sufrimiento, por suerte pudimos arreglarlo, trabajamos hasta que quedaba una hora para volvernos a Buenos Aires…. Creemos que no explotó…
jueves, 9 de octubre de 2014
viernes, 15 de agosto de 2014
Entre tomas y escenas
Se formó como gestor cultural, pero su acercamiento al teatro independiente lo volvió a reunir con su verdadera pasión: la actuación. Hoy se destaca en una publicidad para Claro, y protagoniza otros comerciales de inminente lanzamiento. Además trabaja en prensa para la ‘meca’ de la calidad teatral: el San Martín. Y su trayectoria es verdaderamente rica para sus 37 años. A solas con El Periodista, Leandro Rotavería mostró qué hay detrás de la máscara de un actor con verdadera vocación.
Por Pablo Tano
El tablado es, podría asegurarse, su lugar en el mundo. En el escenario se mueve como pez en el agua. Pero la televisión y el cine también son ámbitos para expresar y transmitir tantos años de esfuerzo, dedicación y estudio. Para el actor Leandro Rotavería, de 37 años, la carrera de actuación, primero en la Escuela Municipal de Arte Dramático y luego tomando clases con dos maestros del teatro independiente argentino como Pompeyo Audivert y Rafael Spregelburd, es una forma de vida.
En una charla distendida con El Periodista, en el living de su casa, en el barrio porteño de San Cristóbal de la Ciudad de Buenos Aires, Lalo, como se lo conoce en el ambiente artístico, abre su intimidad para compartir el exitoso presente profesional por el que atraviesa sin dejar de recordar sus orígenes en Tres Arroyos cuando cursaba literatura en el Colegio Jesús Adolescente, su fanatismo por “la Fiesta del Trigo que me encantaba” al igual que “las Olimpíadas de Colegio Privados y la Fiesta del Color”, entre otras añoranzas.
Recibido también de Técnico Superior en Administración y Gestión de Políticas Culturales, Leandro trabaja en el Departamento de Prensa y Difusión del Complejo Teatral de Buenos Aires -más conocido como Teatro San Martín-, y en su currículum se destaca su labor como productor ejecutivo y asistente de dirección del Campeonato Mundial de Tango (2004-2007) y productor del Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires (1997-2003). Además, su actuación en la película “Mundo Alas” (2009) que dirige León Gieco y en más de 20 obras de teatro, describen una prolífera trayectoria.
Por estos días, Rotavería está participando de un spot de la empresa de telefonía móvil Claro que se llama Hay que ir, dirigido por Sebastián Borensztein –hijo del popular Tato Bores-, y que hace referencia a un grupo de amigos que intenta lo imposible para poder viajar al Mundial de Fútbol. En la publicidad, que consta de seis partes, el tresarroyense comparte escena con un chimpancé de 37 años, experiencia que él mismo definió como “bastante intensa” y reconoce que “estaba asustado”.
- ¿Cuándo y cómo nace tu pasión por la actuación y el teatro?
- Yo estudiaba en el Colegio Jesús Adolescente y la profesora de literatura era Carmen Méndez Pérez. La materia me gustaba mucho, me llevaba muy bien con ella, la profesora, y me pasaba muchos textos de teatro que a mí me interesaban. Y creo que actué en todas las obras del “Colegio de Curas”. Creo que llegué a hacer tres obras en un solo acto. Era su actor fetiche (risas). Y también, algo loco de mi vida, es que el día que yo me venía a estudiar acá porque tenía que rendir el ingreso para el Conservatorio y tenía que decir un texto teatral que era como la prueba máxima, le dije a ella: “Recomendame un texto que sea lindo, que veas que yo pueda hacer”. Y vino al otro día y me trajo “Postales Argentinas” de Ricardo Bartís, actuada por Pompeyo Audivert. Hice ese texto, entré a la Escuela de Arte Dramático y después terminé estudiando con él al poco tiempo sin saberlo. Carmen Pérez algo vio…
- Entonces, ¿qué carrera te fuiste a estudiar a Buenos Aires?
- En su momento me vine a estudiar teatro y Sociología. Mis padres me dijeron: “teatro solo no, arrancá con otra carrera también”. Y me anoté en el ingreso de la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD) y en el CBC de Sociología, lo terminé y después entré en la carrera de actuación. Es un camino muy intenso, tenés que ir todos los días y son muchas horas, tenés muchas materias: historia del teatro, corporal, actuación, foniatría… Y bueno, ahí empecé con todo pero se empezaron a complicar un poco los tiempos y logré quedarme con lo que yo quería hacer, que era teatro y estudiar actuación y profesionalizarme en eso. En su momento, como mi hermano estudiaba en Tandil, mis viejos, como no eran épocas de plata dulce, me pedían en lo posible si podía elegir estudiar ahí porque estaba la Universidad del Teatro. Entonces yo me dediqué a luchar por la no carrera universitaria pero estudiar actuación acá en Buenos Aires.
- ¿Cuántos años son?
- Ahora son cuatro, pero en ese momento eran tres.
- ¿Vos tenías la idea fija de ir a Buenos Aires sí o sí?
- Yo quería venir acá y lo logré.
- ¿Recordás cuál fue tu primer trabajo como estudiante de actuación por el que recibiste una remuneración?
- En la Escuela Municipal de Arte Dramático, cuando iba a segundo año, una docente de corporal, estaba armando una obra con egresados y gente que trabajaba de actor y todo, y necesitaba formar un coro. El coro, generalmente en las obras de teatro, está formado por un grupo de personas que van marcando el paso de la tragedia, las sensaciones, los sentimientos, como una voz que canta lo que le pasa al protagonista, con el cuerpo y con la voz van llevando el ritmo de la obra, contándole al público que va pasando… Y bueno, ahí hice un casting, me presenté y quedamos algunos alumnos. Y ahí estrené mi primera obra en el circuito, no comercial, pero profesional que se llamaba “País de Ciegos”.
- ¿Hubo un instante mientras ibas avanzando en la carrera donde hiciste un “clic” luego de ir a ver alguna obra y te impresionó un actor o director por su manera de enseñar?
- Sí, claro. Yo marco mucho cuando fui a ver una obra de teatro al Centro Cultural Rojas que se llamaba “Raspando la cruz”, de una persona que en ese momento para mí era absolutamente desconocida, que era Rafael Spregelburd y enloquecí; me encantó. No podía creer cómo actuaban los actores, era como que tenía una técnica diferente a lo que yo estaba estudiando y me volví loco y empecé a averiguar dónde habían estudiado. Y me respondieron que esa gente había estudiado o en lo de Ricardo Bartís o en lo de Pompeyo Audivert. Entonces empecé a averiguar cuánto salían esos docentes particulares, porque son maestros de actuación, pero que no están en las instituciones, sino que uno tiene que ir a sus estudios y formarse con ellos. Y yo en ese momento no tenía plata para pagarme estos cursos. Pero luego averigüé cuánto salía estudiar con Pompeyo Audivert y me anoté con él. Dejé la Escuela de Arte Dramático, más tarde él me llamó para trabajar en su estudio y luego comencé a trabajar en muchas de las obras que él dirigía. Ahí estuve seis años. Después di clases de entrenamiento para alumnos principiantes todos los sábados, donde explicaba cómo era su método. Al poco tiempo, Spregelburd necesitaba una persona que haga un personaje en una de sus obras que se llamaba “Bizarra”. Era una saga argentina que era una novela hecha en teatro. Fueron diez capítulos, un capítulo por semana, de lunes a viernes. Fue como una obra de culto. La gente llenaba la sala, hacía cola, había figuritas con los personajes… Dentro de la misma obra él empezó a meter finales de otras obras conocidas del ambiente teatral de Buenos Aires, él llevó los personajes de esas piezas a esta obra para que cuenten parte de la obra que uno no había visto, cuando iba a ver esa obra. Veías “Estás ahí” de (Javier) Daulte y él en “Bizarra” metía cómo se conocieron los personajes de la obra de los personajes de Daulte. Entonces vos veías a actores como Mirta Busnelli, María Oneto… Un montón de gente increíble del teatro independiente. Y con Spregelburd trabajé en varias obras y así fui arrancando.
- ¿Cómo te llega la oportunidad de trabajar en el Teatro San Martín?
- Yo estudiaba en la Escuela Municipal de Arte Dramático y para el Primer Festival Internacional de Teatro (1997) decidieron que todos los puestos menores, de informes, no los más interesantes de gestión, sean alumnos de la escuela. Y como el evento era organizado por Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, decidieron que esos cargos sean ocupados por chicos que estudiaban ahí. Me presenté a una entrevista y quedé. Ahí estuve desde el año ‘97 hasta el 2007, año en que asumió Mauricio Macri. Trabajé en la Dirección de Festivales de la Ciudad de Buenos Aires; primero como productor, después como agente de prensa y con muchas tareas hasta que me llamaron para el Festival de Tango como productor ejecutivo y asistente de dirección. Y ahí estuve muchos años, aprendí un montón de producción, de gestión política cultural, de prensa, de comunicación, de producción de eventos, de megaeventos… En el último tiempo, creo que en los últimos cinco años, fui el productor ejecutivo y asistente de dirección del Mundial de Tango, del Festival de Tango y del Campeonato Metropolitano de Tango, que es donde más aprendí porque tenía un puesto muy alto, de mucha responsabilidad y participación. Después de que asumió Macri, el área de festivales sufrió un cambio y me fui dos años al Teatro 25 de Mayo, y en el 2008 me fui a prensa del Teatro San Martín o del Complejo Teatral de Buenos Aires, que está compuesto por el Teatro Regio, la Ribera, el Alvear y el Sarmiento. Y desde ese año trabajo en el Departamento de Prensa del Complejo Teatral de Buenos Aires.
- ¿Qué tareas desempeñás?
- Hago prensa de los espectáculos, arreglo notas con los artistas y los medios y hago que los espectáculos del San Martín tengan visibilidad en los medios. El teatro no paga publicidad entonces es todo prensa.
- También incursionaste en el cine. ¿Cuál fue tu primera interpretación en la pantalla grande?
- Mirá, en cine fui haciendo cortos para los estudiantes de la carrera, como siempre pasa. Y después me fui vinculando con gente que fue haciendo largometrajes. Primero me llamaron para personajes chiquititos, después filmé una película con León Gieco, “Mundo Alas” (2009), en la que hacía de un cura. El año pasado filmé con Mariano Llinás, que es como un referente importante del cine actual. También va a ser una película como de siete capítulos, no sé cuántas horas va a durar… La peli anterior se llamó “Historias Extraordinarias” y la de ahora “La Flor”.
- Por suerte venís con un ritmo intenso de trabajo, tenés continuidad...
- Tranquilo, pero intenso también. La idea es ir creciendo. El cine es algo que yo no tenía muy claro. Es una forma de actuar totalmente diferente; tenés que aprender a actuar, tenés que aprender a olvidarte de la cámara y a no hacer tanto. El actor de teatro tiende a ser para afuera y a expresar; en el cine hay que saber expresar con menos, sin hacer tanto. Es muy difícil lo que voy a decir, pero con sentir lo que tenés que hacer ya alcanza y no tenés que ponerle mucho más. Hay que aprender a trabajar sutilmente y reconozco que eso me cuesta mucho. Yo tiendo a ser más grotesco o parodiador o enérgico, y en el cine se necesita otro estilo y otro matiz de actuación. Ya hablamos de teatro, de cine y ahora tenemos que hacer referencia a tu experiencia en televisión.
- ¿Cómo te sentís haciendo publicidades? ¿Cómo se abre este abanico? ¿Lo económico es un aspecto a tener en cuenta a la hora de escuchar una propuesta?
- En televisión tuve dos participaciones menores en un ciclo que se llamó “Televisión por la Justicia”, que iba por Telefé y dirigían Claudio Villarruel y Bernarda Llorente. Y después también, con un papel menor, en otra serie que se llamó “23 pares”, de Albertina Carri, que es otra directora de cine. Y la publicidad es algo que te da mucho dinero. El otro día escuchaba a una amiga que es actriz y leía una nota que le hicieron en Clarín. Ella decía que habría que rever cómo un actor de publicidad gana lo que gana y un médico... Como que hay un gran desfasaje. Es raro que un maestro gane 4000 pesos y un actor en un día gane mucho más, y no necesariamente tiene que ser famoso. Todo tiene que ver con el mercado, con las marcas... A mí siempre me interesó, pero había dejado de ir a casting y hace dos años empecé de nuevo y dije: “a no sentirse mal porque te va mal, porque fracasás...”. Dejar de lado como el orgullo, el malestar... Porque los castings son una instancia media tensa, patética. Tenés que hablar en un auto que no está, manejar un volante que no tenés, decir el texto mirando para adelante, hablarle a tu hijo que está atrás pero que tampoco está, hablarle a un loro que está al lado tuyo y esperar a que te responda, pero el loro no está, retar a tu mujer que está atrás, pero que tampoco está, y a su vez mirar para adelante para no chocar; y es todo como un hecho traumático en general para los actores. Pero entendí hace dos años que hay que superarlo y que no se pone nada en juego ahí; entonces hay que ir a los castings y si tenés tiempo, hacerlo. Y así empezaron a salir cosas. Y ahí salió esta publicidad de Claro que se divide en seis partes. El spot está dirigido por Sebastián Borensztein, que es el director de la ‘peli’ “Un cuento chino”.
- ¿Cuándo fue el casting?
- Fue en agosto del año pasado y filmé en octubre durante cinco días. Yo tengo una escena con un mono que es un chimpancé de 37 años, 1,70 metros y 82 kilos. Tuve que ir un día a conocerlo para que me huela... Como un ensayo.
- ¿De dónde sacaron el mono?
- Es un mono que ya viene trabajando en esto. La pasa mejor que muchas personas. Trabajaba en un circo y como ahora no pueden hacerlo más, está prohibido, cosa que festejo, trabajaba en publicidades, también estuvo en una serie de Canal 13. Entonces tuve que ir todo un día a entrenar con el mono.
- ¿Cómo resultó esa experiencia?
- Fue bastante intensa. Estaba muy asustado. Yo en el contrato había firmado que filmaba con un chimpancé, pero dije: “Será como Chita, me va a costar, pero lo voy a superar. A lo sumo andará colgada del cuello, ¿qué me va a dar impresión?”. "Esperalo", me dicen, mientras el entrenador me charla mucho tiempo. El lugar era como un descampado donde había estado un circo. Y cuando veo, era un ser humano caminando. Reflexioné un montón sobre eso. Tomé mate con él solo, caminamos juntos, me miraba, me prendía los cigarrillos; fue una experiencia media surrealista en un punto.
- ¿Cómo acomodás tus tiempos? Porque en la semana vos trabajás en el Teatro San Martín...
- Tengo una jefa que es muy buena onda, voy a castings a la mañana y hasta el mediodía, después me voy al trabajo y ensayo hasta las 2 de la mañana para la obra de teatro. Ahora estrené una obra que se llama “Enefecto”, que la hacemos con Clemente Cancela (exnotero y co-conductor de CQC) y la dirige Alberto Rojas Apel. Estuvimos ensayando un año y a lo último eran tres días por semana, y los sábados desde el mediodía hasta las 5 de la tarde. Estoy un poco a full, pero está bueno, me gusta.
- Leyendo tu currículum puedo contar no menos de 20 obras de teatro en las que participaste en distintos roles, no sólo como actor...
- Hice varias. Trabajé con Spregelburd, Matías Umpiérrez, Mariana Chabud, Lola Arias... Todos son directores muy representativos de la escena independiente.
- Es muy interesante lo que sucede con el teatro independiente en Buenos Aires. Hay una variada propuesta fuera del circuito comercial, ¿no?
- Sí, increíble. Y todavía no está muy valorado y no se le está dando desde las instituciones gubernamentales los subsidios y las políticas que el teatro independiente argentino necesita, porque genera mucho turismo cultural, y muchos directores de cine y televisión van a buscar gente al teatro independiente. La mayoría de los actores que uno ve en televisión como secundarios, que a uno le encantan y los empieza a amar, y todos dicen: “¿De dónde salió?”, vienen del teatro independiente.
- Sos productor, director, asistente, actor. ¿Qué es lo que más te gusta de todos estos roles?
- A mí lo que más me gusta es actuar. Pero en la obra que estrené no puedo evitar entrar a organizar cosas de logística; como hago prensa en el Teatro San Martín, tengo contactos con los medios, entonces hago que se difunda la obra por más que ahora va a tener una persona que se encargue de la prensa que no soy yo. No puedo evitar estar produciendo, gestionando… En mi vida privada soy igual. Al trabajar mucho tiempo en los festivales me dieron alma de productor. Son cosas que me gustan, me dan placer.
- ¿Con qué actores famosos o de trayectoria tuviste la oportunidad de laburar?
- Haciendo prensa en el San Martín, con mucha gente ‘grosa’. Bueno, de hecho con la muerte de Alfredo Alcón, que es una gran pérdida, no paré de laburar con los medios. Trabajé y tuve contacto con todos. Y después en el teatro independiente no trabajé con gente famosa mediáticamente, pero en el ambiente son talentosos, que trabaja mucho y son gente muy admirada por mí en muchos casos.
Por Pablo Tano
El tablado es, podría asegurarse, su lugar en el mundo. En el escenario se mueve como pez en el agua. Pero la televisión y el cine también son ámbitos para expresar y transmitir tantos años de esfuerzo, dedicación y estudio. Para el actor Leandro Rotavería, de 37 años, la carrera de actuación, primero en la Escuela Municipal de Arte Dramático y luego tomando clases con dos maestros del teatro independiente argentino como Pompeyo Audivert y Rafael Spregelburd, es una forma de vida.
En una charla distendida con El Periodista, en el living de su casa, en el barrio porteño de San Cristóbal de la Ciudad de Buenos Aires, Lalo, como se lo conoce en el ambiente artístico, abre su intimidad para compartir el exitoso presente profesional por el que atraviesa sin dejar de recordar sus orígenes en Tres Arroyos cuando cursaba literatura en el Colegio Jesús Adolescente, su fanatismo por “la Fiesta del Trigo que me encantaba” al igual que “las Olimpíadas de Colegio Privados y la Fiesta del Color”, entre otras añoranzas.
Recibido también de Técnico Superior en Administración y Gestión de Políticas Culturales, Leandro trabaja en el Departamento de Prensa y Difusión del Complejo Teatral de Buenos Aires -más conocido como Teatro San Martín-, y en su currículum se destaca su labor como productor ejecutivo y asistente de dirección del Campeonato Mundial de Tango (2004-2007) y productor del Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires (1997-2003). Además, su actuación en la película “Mundo Alas” (2009) que dirige León Gieco y en más de 20 obras de teatro, describen una prolífera trayectoria.
Por estos días, Rotavería está participando de un spot de la empresa de telefonía móvil Claro que se llama Hay que ir, dirigido por Sebastián Borensztein –hijo del popular Tato Bores-, y que hace referencia a un grupo de amigos que intenta lo imposible para poder viajar al Mundial de Fútbol. En la publicidad, que consta de seis partes, el tresarroyense comparte escena con un chimpancé de 37 años, experiencia que él mismo definió como “bastante intensa” y reconoce que “estaba asustado”.
- ¿Cuándo y cómo nace tu pasión por la actuación y el teatro?
- Yo estudiaba en el Colegio Jesús Adolescente y la profesora de literatura era Carmen Méndez Pérez. La materia me gustaba mucho, me llevaba muy bien con ella, la profesora, y me pasaba muchos textos de teatro que a mí me interesaban. Y creo que actué en todas las obras del “Colegio de Curas”. Creo que llegué a hacer tres obras en un solo acto. Era su actor fetiche (risas). Y también, algo loco de mi vida, es que el día que yo me venía a estudiar acá porque tenía que rendir el ingreso para el Conservatorio y tenía que decir un texto teatral que era como la prueba máxima, le dije a ella: “Recomendame un texto que sea lindo, que veas que yo pueda hacer”. Y vino al otro día y me trajo “Postales Argentinas” de Ricardo Bartís, actuada por Pompeyo Audivert. Hice ese texto, entré a la Escuela de Arte Dramático y después terminé estudiando con él al poco tiempo sin saberlo. Carmen Pérez algo vio…
- Entonces, ¿qué carrera te fuiste a estudiar a Buenos Aires?
- En su momento me vine a estudiar teatro y Sociología. Mis padres me dijeron: “teatro solo no, arrancá con otra carrera también”. Y me anoté en el ingreso de la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD) y en el CBC de Sociología, lo terminé y después entré en la carrera de actuación. Es un camino muy intenso, tenés que ir todos los días y son muchas horas, tenés muchas materias: historia del teatro, corporal, actuación, foniatría… Y bueno, ahí empecé con todo pero se empezaron a complicar un poco los tiempos y logré quedarme con lo que yo quería hacer, que era teatro y estudiar actuación y profesionalizarme en eso. En su momento, como mi hermano estudiaba en Tandil, mis viejos, como no eran épocas de plata dulce, me pedían en lo posible si podía elegir estudiar ahí porque estaba la Universidad del Teatro. Entonces yo me dediqué a luchar por la no carrera universitaria pero estudiar actuación acá en Buenos Aires.
- ¿Cuántos años son?
- Ahora son cuatro, pero en ese momento eran tres.
- ¿Vos tenías la idea fija de ir a Buenos Aires sí o sí?
- Yo quería venir acá y lo logré.
- ¿Recordás cuál fue tu primer trabajo como estudiante de actuación por el que recibiste una remuneración?
- En la Escuela Municipal de Arte Dramático, cuando iba a segundo año, una docente de corporal, estaba armando una obra con egresados y gente que trabajaba de actor y todo, y necesitaba formar un coro. El coro, generalmente en las obras de teatro, está formado por un grupo de personas que van marcando el paso de la tragedia, las sensaciones, los sentimientos, como una voz que canta lo que le pasa al protagonista, con el cuerpo y con la voz van llevando el ritmo de la obra, contándole al público que va pasando… Y bueno, ahí hice un casting, me presenté y quedamos algunos alumnos. Y ahí estrené mi primera obra en el circuito, no comercial, pero profesional que se llamaba “País de Ciegos”.
- ¿Hubo un instante mientras ibas avanzando en la carrera donde hiciste un “clic” luego de ir a ver alguna obra y te impresionó un actor o director por su manera de enseñar?
- Sí, claro. Yo marco mucho cuando fui a ver una obra de teatro al Centro Cultural Rojas que se llamaba “Raspando la cruz”, de una persona que en ese momento para mí era absolutamente desconocida, que era Rafael Spregelburd y enloquecí; me encantó. No podía creer cómo actuaban los actores, era como que tenía una técnica diferente a lo que yo estaba estudiando y me volví loco y empecé a averiguar dónde habían estudiado. Y me respondieron que esa gente había estudiado o en lo de Ricardo Bartís o en lo de Pompeyo Audivert. Entonces empecé a averiguar cuánto salían esos docentes particulares, porque son maestros de actuación, pero que no están en las instituciones, sino que uno tiene que ir a sus estudios y formarse con ellos. Y yo en ese momento no tenía plata para pagarme estos cursos. Pero luego averigüé cuánto salía estudiar con Pompeyo Audivert y me anoté con él. Dejé la Escuela de Arte Dramático, más tarde él me llamó para trabajar en su estudio y luego comencé a trabajar en muchas de las obras que él dirigía. Ahí estuve seis años. Después di clases de entrenamiento para alumnos principiantes todos los sábados, donde explicaba cómo era su método. Al poco tiempo, Spregelburd necesitaba una persona que haga un personaje en una de sus obras que se llamaba “Bizarra”. Era una saga argentina que era una novela hecha en teatro. Fueron diez capítulos, un capítulo por semana, de lunes a viernes. Fue como una obra de culto. La gente llenaba la sala, hacía cola, había figuritas con los personajes… Dentro de la misma obra él empezó a meter finales de otras obras conocidas del ambiente teatral de Buenos Aires, él llevó los personajes de esas piezas a esta obra para que cuenten parte de la obra que uno no había visto, cuando iba a ver esa obra. Veías “Estás ahí” de (Javier) Daulte y él en “Bizarra” metía cómo se conocieron los personajes de la obra de los personajes de Daulte. Entonces vos veías a actores como Mirta Busnelli, María Oneto… Un montón de gente increíble del teatro independiente. Y con Spregelburd trabajé en varias obras y así fui arrancando.
- ¿Cómo te llega la oportunidad de trabajar en el Teatro San Martín?
- Yo estudiaba en la Escuela Municipal de Arte Dramático y para el Primer Festival Internacional de Teatro (1997) decidieron que todos los puestos menores, de informes, no los más interesantes de gestión, sean alumnos de la escuela. Y como el evento era organizado por Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, decidieron que esos cargos sean ocupados por chicos que estudiaban ahí. Me presenté a una entrevista y quedé. Ahí estuve desde el año ‘97 hasta el 2007, año en que asumió Mauricio Macri. Trabajé en la Dirección de Festivales de la Ciudad de Buenos Aires; primero como productor, después como agente de prensa y con muchas tareas hasta que me llamaron para el Festival de Tango como productor ejecutivo y asistente de dirección. Y ahí estuve muchos años, aprendí un montón de producción, de gestión política cultural, de prensa, de comunicación, de producción de eventos, de megaeventos… En el último tiempo, creo que en los últimos cinco años, fui el productor ejecutivo y asistente de dirección del Mundial de Tango, del Festival de Tango y del Campeonato Metropolitano de Tango, que es donde más aprendí porque tenía un puesto muy alto, de mucha responsabilidad y participación. Después de que asumió Macri, el área de festivales sufrió un cambio y me fui dos años al Teatro 25 de Mayo, y en el 2008 me fui a prensa del Teatro San Martín o del Complejo Teatral de Buenos Aires, que está compuesto por el Teatro Regio, la Ribera, el Alvear y el Sarmiento. Y desde ese año trabajo en el Departamento de Prensa del Complejo Teatral de Buenos Aires.
- ¿Qué tareas desempeñás?
- Hago prensa de los espectáculos, arreglo notas con los artistas y los medios y hago que los espectáculos del San Martín tengan visibilidad en los medios. El teatro no paga publicidad entonces es todo prensa.
- También incursionaste en el cine. ¿Cuál fue tu primera interpretación en la pantalla grande?
- Mirá, en cine fui haciendo cortos para los estudiantes de la carrera, como siempre pasa. Y después me fui vinculando con gente que fue haciendo largometrajes. Primero me llamaron para personajes chiquititos, después filmé una película con León Gieco, “Mundo Alas” (2009), en la que hacía de un cura. El año pasado filmé con Mariano Llinás, que es como un referente importante del cine actual. También va a ser una película como de siete capítulos, no sé cuántas horas va a durar… La peli anterior se llamó “Historias Extraordinarias” y la de ahora “La Flor”.
- Por suerte venís con un ritmo intenso de trabajo, tenés continuidad...
- Tranquilo, pero intenso también. La idea es ir creciendo. El cine es algo que yo no tenía muy claro. Es una forma de actuar totalmente diferente; tenés que aprender a actuar, tenés que aprender a olvidarte de la cámara y a no hacer tanto. El actor de teatro tiende a ser para afuera y a expresar; en el cine hay que saber expresar con menos, sin hacer tanto. Es muy difícil lo que voy a decir, pero con sentir lo que tenés que hacer ya alcanza y no tenés que ponerle mucho más. Hay que aprender a trabajar sutilmente y reconozco que eso me cuesta mucho. Yo tiendo a ser más grotesco o parodiador o enérgico, y en el cine se necesita otro estilo y otro matiz de actuación. Ya hablamos de teatro, de cine y ahora tenemos que hacer referencia a tu experiencia en televisión.
- ¿Cómo te sentís haciendo publicidades? ¿Cómo se abre este abanico? ¿Lo económico es un aspecto a tener en cuenta a la hora de escuchar una propuesta?
- En televisión tuve dos participaciones menores en un ciclo que se llamó “Televisión por la Justicia”, que iba por Telefé y dirigían Claudio Villarruel y Bernarda Llorente. Y después también, con un papel menor, en otra serie que se llamó “23 pares”, de Albertina Carri, que es otra directora de cine. Y la publicidad es algo que te da mucho dinero. El otro día escuchaba a una amiga que es actriz y leía una nota que le hicieron en Clarín. Ella decía que habría que rever cómo un actor de publicidad gana lo que gana y un médico... Como que hay un gran desfasaje. Es raro que un maestro gane 4000 pesos y un actor en un día gane mucho más, y no necesariamente tiene que ser famoso. Todo tiene que ver con el mercado, con las marcas... A mí siempre me interesó, pero había dejado de ir a casting y hace dos años empecé de nuevo y dije: “a no sentirse mal porque te va mal, porque fracasás...”. Dejar de lado como el orgullo, el malestar... Porque los castings son una instancia media tensa, patética. Tenés que hablar en un auto que no está, manejar un volante que no tenés, decir el texto mirando para adelante, hablarle a tu hijo que está atrás pero que tampoco está, hablarle a un loro que está al lado tuyo y esperar a que te responda, pero el loro no está, retar a tu mujer que está atrás, pero que tampoco está, y a su vez mirar para adelante para no chocar; y es todo como un hecho traumático en general para los actores. Pero entendí hace dos años que hay que superarlo y que no se pone nada en juego ahí; entonces hay que ir a los castings y si tenés tiempo, hacerlo. Y así empezaron a salir cosas. Y ahí salió esta publicidad de Claro que se divide en seis partes. El spot está dirigido por Sebastián Borensztein, que es el director de la ‘peli’ “Un cuento chino”.
- ¿Cuándo fue el casting?
- Fue en agosto del año pasado y filmé en octubre durante cinco días. Yo tengo una escena con un mono que es un chimpancé de 37 años, 1,70 metros y 82 kilos. Tuve que ir un día a conocerlo para que me huela... Como un ensayo.
- ¿De dónde sacaron el mono?
- Es un mono que ya viene trabajando en esto. La pasa mejor que muchas personas. Trabajaba en un circo y como ahora no pueden hacerlo más, está prohibido, cosa que festejo, trabajaba en publicidades, también estuvo en una serie de Canal 13. Entonces tuve que ir todo un día a entrenar con el mono.
- ¿Cómo resultó esa experiencia?
- Fue bastante intensa. Estaba muy asustado. Yo en el contrato había firmado que filmaba con un chimpancé, pero dije: “Será como Chita, me va a costar, pero lo voy a superar. A lo sumo andará colgada del cuello, ¿qué me va a dar impresión?”. "Esperalo", me dicen, mientras el entrenador me charla mucho tiempo. El lugar era como un descampado donde había estado un circo. Y cuando veo, era un ser humano caminando. Reflexioné un montón sobre eso. Tomé mate con él solo, caminamos juntos, me miraba, me prendía los cigarrillos; fue una experiencia media surrealista en un punto.
- ¿Cómo acomodás tus tiempos? Porque en la semana vos trabajás en el Teatro San Martín...
- Tengo una jefa que es muy buena onda, voy a castings a la mañana y hasta el mediodía, después me voy al trabajo y ensayo hasta las 2 de la mañana para la obra de teatro. Ahora estrené una obra que se llama “Enefecto”, que la hacemos con Clemente Cancela (exnotero y co-conductor de CQC) y la dirige Alberto Rojas Apel. Estuvimos ensayando un año y a lo último eran tres días por semana, y los sábados desde el mediodía hasta las 5 de la tarde. Estoy un poco a full, pero está bueno, me gusta.
- Leyendo tu currículum puedo contar no menos de 20 obras de teatro en las que participaste en distintos roles, no sólo como actor...
- Hice varias. Trabajé con Spregelburd, Matías Umpiérrez, Mariana Chabud, Lola Arias... Todos son directores muy representativos de la escena independiente.
- Es muy interesante lo que sucede con el teatro independiente en Buenos Aires. Hay una variada propuesta fuera del circuito comercial, ¿no?
- Sí, increíble. Y todavía no está muy valorado y no se le está dando desde las instituciones gubernamentales los subsidios y las políticas que el teatro independiente argentino necesita, porque genera mucho turismo cultural, y muchos directores de cine y televisión van a buscar gente al teatro independiente. La mayoría de los actores que uno ve en televisión como secundarios, que a uno le encantan y los empieza a amar, y todos dicen: “¿De dónde salió?”, vienen del teatro independiente.
- Sos productor, director, asistente, actor. ¿Qué es lo que más te gusta de todos estos roles?
- A mí lo que más me gusta es actuar. Pero en la obra que estrené no puedo evitar entrar a organizar cosas de logística; como hago prensa en el Teatro San Martín, tengo contactos con los medios, entonces hago que se difunda la obra por más que ahora va a tener una persona que se encargue de la prensa que no soy yo. No puedo evitar estar produciendo, gestionando… En mi vida privada soy igual. Al trabajar mucho tiempo en los festivales me dieron alma de productor. Son cosas que me gustan, me dan placer.
- ¿Con qué actores famosos o de trayectoria tuviste la oportunidad de laburar?
- Haciendo prensa en el San Martín, con mucha gente ‘grosa’. Bueno, de hecho con la muerte de Alfredo Alcón, que es una gran pérdida, no paré de laburar con los medios. Trabajé y tuve contacto con todos. Y después en el teatro independiente no trabajé con gente famosa mediáticamente, pero en el ambiente son talentosos, que trabaja mucho y son gente muy admirada por mí en muchos casos.
martes, 29 de abril de 2014
Un club de barrio, un sueño de Primera
Defensa y Justicia quiere subir, por primera vez en la historia, a la Primera del fútbol argentino. En Florencio Varela florecen las esperanzas y sobran las expectativas. Nuestro cronista nos cuenta esta historia y para eso, retrocede hasta principios del siglo pasado. No tiene desperdicio.
Por Pablo Tano para el colectivo marcha.org.ar
Hechos y sucesos históricos en el país. Década Infame. Bioy Casares y La Invención de Morel. Ferrocarriles Argentinos. Golpes Militares. Homero Manzi y su entrañable “Sur”. Perón y Evita. Revolución Libertadora. Un tal Pascual Pérez emerge en boxeo. David Viñas publica la novela Cayó sobre su rostro. Nace Aerolíneas Argentinas. Ley de Sufragio Femenino. La Argentina se consagra campeón del mundo en básquetbol. Educación “Laica o libre”. Rodolfo Walsh escribe Operación Masacre. Instituto Di Tella. Canal 7 y la primera transmisión televisiva. Reforma de la Constitución. Hernán Oesterheld crea El Eternauta.
¿Y qué época atravesaba nuestro fútbol? ¿Qué espectáculo se veía? Las décadas del ‘40 y ’50 en el fútbol argentino estuvieron marcadas por la hegemonía de River Plate. Primero con el revolucionario equipo que recibió el mote de La Máquina por el periodista deportivo de la revista El Gráfico Ricardo Borocotó; ese equipo ganó los títulos de 1941, 1942 y 1945. Luego, con más estrellas que aquella formación que selló un estilo y sembró admiración, también aparece El Millonario consagrándose campeón en 1952, 1953, 1955, 1956 y 1957, logrando el primer tricampeonato de su historia.
Mientras tanto, en la década del ’30, en la localidad de Florencio Varela, en el sur del Gran Buenos, un grupo de amigos se lanzó a la aventura de fundar un club para, en un principio, buscar un lugar para jugar a las cartas, a la lotería y organizar asados, y que no sea el galpón de Don Eugenio Calvi. Enfrente, había un baldío con un auto abandonado y lo usaron para improvisar una cancha y así se armaron los picados de los sábados. Por eso, el nombre primitivo que les surgió fue Auto Viejo. Pero finalmente, el 20 de marzo de 1935, 13 soñadores se juntaron en la casa de Antonio Vives (empleado del correo) para darle origen al Club Social y Deportivo Defensa y Justicia. Nadie recuerda el por qué del nombre ni quién fue el autor. El fin iba tomando forma…
Defensa y Justicia se fue transformando así en una de las instituciones más importantes de la zona en los años posteriores. Los bailes que organizaba convocaban a toda la comunidad, y en el aspecto deportivo los equipos de fútbol y básquetbol eran siempre candidatos al título en las Ligas zonales. Pero luego atravesó vaivenes económicos y fue perdiendo prestigio. La entidad necesitaba un cambio de rumbo. Y al final llegó.
Unos cuantos socios que impulsaban la transformación del club y como bandera pretendían que el fútbol sea su principal actividad y buscaban la afiliación en la Asociación del Fútbol Argentino, se reunieron con el entonces presidente Norberto Tomaghello, presentaron una solicitud y, después de confusiones, burocracia, temores y esperanza, el 20 de diciembre de 1977 la AFA, a través de su Comité Ejecutivo, decidió en forma unánime su aprobación para que jugara en el Campeonato de la Primera “D”, la categoría más modesta y amateur. Previamente a ese momento único y emocionante para los hinchas, el club organizó un baile en el salón “La Tranquera” para recaudar fondos y poner en marcha el proyecto, que incluía entre sus prioridades la selección de jugadores.
¿Y el estadio? El por entonces intendente de Florencio Varela, el prefecto Hamilton, donó el terreno para construir la cancha. A partir de ahí, comenzaron los estudios de factibilidad de la obra, la nivelación del terreno, los trabajos de agrimensores, etcétera, para cumplir en tiempo y forma con el reglamento. Después de mucho esfuerzo, el 26 de febrero de 1978, una semana antes del campeonato, se inauguró el estadio “Libertador General Don José de San Martín”. El párroco Esteban Uriburu bendijo las instalaciones de El Halcón, apodo que nació en 1985, tomó el nombre y adoptó los colores amarillo y verde -dejando la original camiseta azul y blanca- de la empresa de transporte que tenía como dueño a Ricardo Pérez, también presidente del club. En la fiesta inaugural el invitado fue la Tercera División de Boca Juniors con algunos refuerzos del plantel profesional como Mario Husillos y Ricardo Gareca, entre otros.
El día soñado
El 4 marzo de 1978 Defensa y Justicia debuta en el Torneo de la Primera D. Fue victoria por 2 a 1 ante Cañuelas. Con los sucesivos éxitos, el interés de los varelenses fue creciendo y los hinchas, ilusionados, llenaban las tribunas cada fin de semana. El Halcón siguió volando y ascendió a Primera C (1982) y a Primera B (1985). Un salto de calidad asombroso. En 1986, se produce una reorganización de los Torneos de AFA y Defensa sale beneficiado de un certamen reclasificatorio, que lo lleva hasta el Nacional B. En tan sólo 9 años, ascendió cuatro categorías. Meteórico.
Levántate y anda
Pero no todo fue color de rosa en la vida deportiva del club. En 1993 sufrió su primer y único descenso a la Primera B. Cuatro años después se levantó y una vez más retornó a la Segunda División del fútbol argentino, su lugar en el mundo.
En 2006, con gol de Ezequiel Miralles -hoy en Olimpo- venció a Morón en la Promoción y mantuvo la categoría. Lo mismo le ocurrió en 2010 y 2011, respectivamente. Zafó en la última fecha al ganarle a Unión por 2 a 0; un año después, el tanto de Emiliano Romero, en tiempo adicional, revirtió la historia ante Rosario Central y marcó una nueva hazaña. Defensa se resistía a bajar.
La mejor campaña de la historia la escribió en 2007. El equipo, dirigido por Ricardo Rezza, derrotó por 2 a 1 a Unión de Santa Fe con goles de Vacaría y Colombano, pero no alcanzó a consagrarse campeón de la B Nacional por diferencia de gol. Subió Olimpo.
Horas dulces
El presente de Defensa y Justicia es por demás auspicioso, envidiable y sorprendente. Todo el ambiente del fútbol elogia al equipo dirigido por Diego Cocca. Sin figuras rutilantes, a pesar de contratar a 13 refuerzos al comienzo de la temporada, ninguno tiene pergaminos trascendentes. “El equipo arrancó ganando la primera fecha y no se bajó más. Los jugadores se adaptaron rapidísimo y nos demostraron que se bancaron la presión. La verdad es un grupo espectacular”, describe el joven entrenador, que reemplazó en el cargo a Jorge Almirón hace nueve meses.
Cuando Cocca debutaba en Primera División, nacía un tal Juan Martín Lucero, hoy el goleador del único líder del Nacional B y del torneo con 21 conquistas. El DT, que pregona e inculca el buen trato de pelota, la posesión y el juego asociado, es un admirador del Barcelona que conducía Pep Guardiola, a quien pudo conocer e intercambiar algunos conceptos en un viaje de aprendizaje a Europa antes de que éste emigrara a Alemania. "Me acuerdo que me di el gusto porque ya se hablaba de si Guardiola renovaba o no en el Barsa. Le dije a mi mujer que quería ir a verlo antes de que se fuera y tuve la suerte de decirle esto, que aplaudía al ver a ese equipo. Fue una satisfacción personal enorme”, contaba en una nota con el diario Olé.
“Defensa es un equipo digno de ver, hay que ir a verlo porque contagia. Los hinchas están entusiasmados y es porque algo transmite. Eso significa que estamos haciendo bien las cosas”, sostiene el ex defensor de River y con un paso como técnico por Godoy Cruz de Mendoza y Huracán.
Si bien falta mucho para el final del campeonato, algo así como siete fechas para alcanzar la gloria, también lo que se ve es que el andar de Defensa se consolida cada día más. La última derrota fue hace seis jornadas frente a Boca Unidos. De 35 partidos jugados, ganó 18, empató 12 y sólo perdió 5. Tiene ¡58! goles a favor y está segundo en ese rubro.
El Halcón vuela y vuela hacia la cima de una montaña llamada ascenso. Cuando más alto llegue, más cerca estará de lograr el objetivo anhelado: “anidar” en la elite por primera vez en su corta historia. Y seguro que cuando se concrete el sueño todo Florencio Varela volverá a bailar en el salón del club. Porque el pasado nunca se olvida y tampoco se entierra.-
Defensa y Justicia quiere subir, por primera vez en la historia, a la Primera del fútbol argentino. En Florencio Varela florecen las esperanzas y sobran las expectativas. Nuestro cronista nos cuenta esta historia y para eso, retrocede hasta principios del siglo pasado. No tiene desperdicio.
Por Pablo Tano para el colectivo marcha.org.ar
Hechos y sucesos históricos en el país. Década Infame. Bioy Casares y La Invención de Morel. Ferrocarriles Argentinos. Golpes Militares. Homero Manzi y su entrañable “Sur”. Perón y Evita. Revolución Libertadora. Un tal Pascual Pérez emerge en boxeo. David Viñas publica la novela Cayó sobre su rostro. Nace Aerolíneas Argentinas. Ley de Sufragio Femenino. La Argentina se consagra campeón del mundo en básquetbol. Educación “Laica o libre”. Rodolfo Walsh escribe Operación Masacre. Instituto Di Tella. Canal 7 y la primera transmisión televisiva. Reforma de la Constitución. Hernán Oesterheld crea El Eternauta.
¿Y qué época atravesaba nuestro fútbol? ¿Qué espectáculo se veía? Las décadas del ‘40 y ’50 en el fútbol argentino estuvieron marcadas por la hegemonía de River Plate. Primero con el revolucionario equipo que recibió el mote de La Máquina por el periodista deportivo de la revista El Gráfico Ricardo Borocotó; ese equipo ganó los títulos de 1941, 1942 y 1945. Luego, con más estrellas que aquella formación que selló un estilo y sembró admiración, también aparece El Millonario consagrándose campeón en 1952, 1953, 1955, 1956 y 1957, logrando el primer tricampeonato de su historia.
Mientras tanto, en la década del ’30, en la localidad de Florencio Varela, en el sur del Gran Buenos, un grupo de amigos se lanzó a la aventura de fundar un club para, en un principio, buscar un lugar para jugar a las cartas, a la lotería y organizar asados, y que no sea el galpón de Don Eugenio Calvi. Enfrente, había un baldío con un auto abandonado y lo usaron para improvisar una cancha y así se armaron los picados de los sábados. Por eso, el nombre primitivo que les surgió fue Auto Viejo. Pero finalmente, el 20 de marzo de 1935, 13 soñadores se juntaron en la casa de Antonio Vives (empleado del correo) para darle origen al Club Social y Deportivo Defensa y Justicia. Nadie recuerda el por qué del nombre ni quién fue el autor. El fin iba tomando forma…
Defensa y Justicia se fue transformando así en una de las instituciones más importantes de la zona en los años posteriores. Los bailes que organizaba convocaban a toda la comunidad, y en el aspecto deportivo los equipos de fútbol y básquetbol eran siempre candidatos al título en las Ligas zonales. Pero luego atravesó vaivenes económicos y fue perdiendo prestigio. La entidad necesitaba un cambio de rumbo. Y al final llegó.
Unos cuantos socios que impulsaban la transformación del club y como bandera pretendían que el fútbol sea su principal actividad y buscaban la afiliación en la Asociación del Fútbol Argentino, se reunieron con el entonces presidente Norberto Tomaghello, presentaron una solicitud y, después de confusiones, burocracia, temores y esperanza, el 20 de diciembre de 1977 la AFA, a través de su Comité Ejecutivo, decidió en forma unánime su aprobación para que jugara en el Campeonato de la Primera “D”, la categoría más modesta y amateur. Previamente a ese momento único y emocionante para los hinchas, el club organizó un baile en el salón “La Tranquera” para recaudar fondos y poner en marcha el proyecto, que incluía entre sus prioridades la selección de jugadores.
¿Y el estadio? El por entonces intendente de Florencio Varela, el prefecto Hamilton, donó el terreno para construir la cancha. A partir de ahí, comenzaron los estudios de factibilidad de la obra, la nivelación del terreno, los trabajos de agrimensores, etcétera, para cumplir en tiempo y forma con el reglamento. Después de mucho esfuerzo, el 26 de febrero de 1978, una semana antes del campeonato, se inauguró el estadio “Libertador General Don José de San Martín”. El párroco Esteban Uriburu bendijo las instalaciones de El Halcón, apodo que nació en 1985, tomó el nombre y adoptó los colores amarillo y verde -dejando la original camiseta azul y blanca- de la empresa de transporte que tenía como dueño a Ricardo Pérez, también presidente del club. En la fiesta inaugural el invitado fue la Tercera División de Boca Juniors con algunos refuerzos del plantel profesional como Mario Husillos y Ricardo Gareca, entre otros.
El día soñado
El 4 marzo de 1978 Defensa y Justicia debuta en el Torneo de la Primera D. Fue victoria por 2 a 1 ante Cañuelas. Con los sucesivos éxitos, el interés de los varelenses fue creciendo y los hinchas, ilusionados, llenaban las tribunas cada fin de semana. El Halcón siguió volando y ascendió a Primera C (1982) y a Primera B (1985). Un salto de calidad asombroso. En 1986, se produce una reorganización de los Torneos de AFA y Defensa sale beneficiado de un certamen reclasificatorio, que lo lleva hasta el Nacional B. En tan sólo 9 años, ascendió cuatro categorías. Meteórico.
Levántate y anda
Pero no todo fue color de rosa en la vida deportiva del club. En 1993 sufrió su primer y único descenso a la Primera B. Cuatro años después se levantó y una vez más retornó a la Segunda División del fútbol argentino, su lugar en el mundo.
En 2006, con gol de Ezequiel Miralles -hoy en Olimpo- venció a Morón en la Promoción y mantuvo la categoría. Lo mismo le ocurrió en 2010 y 2011, respectivamente. Zafó en la última fecha al ganarle a Unión por 2 a 0; un año después, el tanto de Emiliano Romero, en tiempo adicional, revirtió la historia ante Rosario Central y marcó una nueva hazaña. Defensa se resistía a bajar.
La mejor campaña de la historia la escribió en 2007. El equipo, dirigido por Ricardo Rezza, derrotó por 2 a 1 a Unión de Santa Fe con goles de Vacaría y Colombano, pero no alcanzó a consagrarse campeón de la B Nacional por diferencia de gol. Subió Olimpo.
Horas dulces
El presente de Defensa y Justicia es por demás auspicioso, envidiable y sorprendente. Todo el ambiente del fútbol elogia al equipo dirigido por Diego Cocca. Sin figuras rutilantes, a pesar de contratar a 13 refuerzos al comienzo de la temporada, ninguno tiene pergaminos trascendentes. “El equipo arrancó ganando la primera fecha y no se bajó más. Los jugadores se adaptaron rapidísimo y nos demostraron que se bancaron la presión. La verdad es un grupo espectacular”, describe el joven entrenador, que reemplazó en el cargo a Jorge Almirón hace nueve meses.
Cuando Cocca debutaba en Primera División, nacía un tal Juan Martín Lucero, hoy el goleador del único líder del Nacional B y del torneo con 21 conquistas. El DT, que pregona e inculca el buen trato de pelota, la posesión y el juego asociado, es un admirador del Barcelona que conducía Pep Guardiola, a quien pudo conocer e intercambiar algunos conceptos en un viaje de aprendizaje a Europa antes de que éste emigrara a Alemania. "Me acuerdo que me di el gusto porque ya se hablaba de si Guardiola renovaba o no en el Barsa. Le dije a mi mujer que quería ir a verlo antes de que se fuera y tuve la suerte de decirle esto, que aplaudía al ver a ese equipo. Fue una satisfacción personal enorme”, contaba en una nota con el diario Olé.
“Defensa es un equipo digno de ver, hay que ir a verlo porque contagia. Los hinchas están entusiasmados y es porque algo transmite. Eso significa que estamos haciendo bien las cosas”, sostiene el ex defensor de River y con un paso como técnico por Godoy Cruz de Mendoza y Huracán.
Si bien falta mucho para el final del campeonato, algo así como siete fechas para alcanzar la gloria, también lo que se ve es que el andar de Defensa se consolida cada día más. La última derrota fue hace seis jornadas frente a Boca Unidos. De 35 partidos jugados, ganó 18, empató 12 y sólo perdió 5. Tiene ¡58! goles a favor y está segundo en ese rubro.
El Halcón vuela y vuela hacia la cima de una montaña llamada ascenso. Cuando más alto llegue, más cerca estará de lograr el objetivo anhelado: “anidar” en la elite por primera vez en su corta historia. Y seguro que cuando se concrete el sueño todo Florencio Varela volverá a bailar en el salón del club. Porque el pasado nunca se olvida y tampoco se entierra.-
viernes, 28 de marzo de 2014
Juego clásico
Una prueba lo depositó nada menos que en Casa Amarilla, el semillero de Boca Juniors, cuando apenas tenía 13 años. Debutó con la azul y oro en el año 2005. Se había formado en Huracán, y desde el campo eterno de Claudio Molina hasta su presente como entrenador en las lejanas tierras del Partenón, el camino futbolístico de Juan Marcos Forchetti describe una historia que vale la pena conocer. En exclusiva, desde Grecia, con “El Periodista”.
Por Pablo Tano
Inmensidad. Zona rural. Estación ferroviaria Claudio Molina. Campo. Bello y extenso granero. Silos. Atardeceres largos y hectáreas propicias para elegir un buen lugar para patear al arco. Así, hasta los 7 años transcurrieron sus días. La escuelita, otro pretexto para despuntar el vicio de la pelota y hasta que el guardapolvo quedara negro. Pero el placer y el goce de disfrutar pateando una pelota hasta que sonara el timbre para ingresar al aula, lo recordará como parte de una infancia llena de paz y libertad. El protagonista de esta nueva historia que rescata “El Periodista” es Juan Marcos Forchetti, quien se formó en Huracán de Tres Arroyos y a los 13 años, luego de una prueba, comenzó a edificar su sueño en Boca Juniors (2003). También jugó en Estados Unidos y Grecia, donde culminó su carrera como futbolista para dedicarse a la función de entrenador personal a los 32 años. El ex defensor hace de nexo entre el cuerpo técnico y el cuerpo médico.
¿Qué recuerdos tenés de tus inicios en Huracán de Tres Arroyos?
Los mejores. Fue mi segunda casa desde el primer día que me anoté en la escuelita de fútbol del club. Hace poco estuve en Tres Arroyos y lo primero que hice fue ir a recorrer el club. Me puso un poco triste ver las instalaciones en el estado presente. Si un error cometí en mi corta carrera futbolística fue el haber negado el ofrecimiento que se me hizo para volver a jugar cuando el club estaba en Segunda División. Es algo que me quedó grabado. Igualmente, creo que tarde o temprano tendré la oportunidad de devolver todo lo que se me dio.
¿A quién tuviste de entrenador?
Mi primer y único entrenador fue Marcelo Méndez. Tuve la oportunidad de entrenar un par de veces con la Primera División, la cual en ese entonces la dirigía (Alejandro) Barberón.
¿Fuiste a una prueba a Buenos Aires o te vieron en algún amistoso?
Fui a una prueba a Buenos Aires. Ahora si me vieron en algún amistoso no lo sé.
Casa amarilla
El exitoso descubridor de talentos Jorge Bernardo Griffa, quien lo seleccionó, lo definió como “un tiempista excepcional". Fue el primer juvenil al que el profe Oscar Tabárez hizo debutar en el verano del 2005, en Mar del Plata, ante Gimnasia y Esgrima La Plata.
¿Recordás la cifra que pagó Boca para seducirte y llevarte a Casa Amarilla? ¿Qué edad tenías?
Boca no pagó ninguna cifra para seducirme. El solo hecho de que te pretenda una de las instituciones más grandes del mundo ya es por sí sola una motivación. Se firmaron convenios entre las partes, nunca tampoco tuve el conocimiento real de lo que fue pactado. Tenía 13 años.
Sueño cumplido
¿Vivías en la pensión cuando llegaste o tenías casa?
Se me dio lugar en la pensión. Primeramente fue en el Parque Sarmiento y luego en Casa Amarilla.
¿Cómo era convivir en la pensión con tantos chicos de distintas provincias?
Siempre tenemos esa charla con mi madre. Fue el hecho que cambió mi vida para siempre en todo sentido. Te desprendés de muchísimas cosas y aprendés a rebuscártelas solo; madurás más rápido porque la situación lo requiere y construís tu carácter. Vivíamos en piezas de a 4 chicos con las comodidades básicas para poder, no sólo rendir en el deporte, sino en la formación educativa, parte importantísima en el atleta o deportista.
¿Qué te dejó como aprendizaje un club tan prestigioso?
Después de mi familia e infancia, fue la base para lo que soy ahora.
Trotamundos
¿Qué me podés contar de tu experiencia en la Major League Soccer (MLS) de los Estados Unidos?
En esos años no era tan común irse a jugar allá. El campeonato recién estaba creciendo. Fueron 10 meses de muchas cosas nuevas, situaciones que afrontar, gente nueva con la que relacionarse. Conocer culturas nuevas es algo que siempre me sedujo. En lo que respecta al fútbol, formé parte de un grupo interesante: Clin Mathis, Ricardo Clark, Bradley hijo, Tim Howard, Amado Guevara, y como DT, Bob Bradley, con el cual podríamos haber hecho cosas importantes a nivel local pero no se le dio tiempo al grupo. Terminé mi préstamo y volví a Boca.
¿Tuviste de compañero a algún argentino?
A José Galván y Silvio Dulcich; jugábamos juntos desde que llegué a Boca.
¿Qué fue lo que más te sorprendió de Nueva York?
El cosmopolitismo con todo lo que eso conlleva.
Buzo de entrenador
¿Qué función cumplís actualmente como entrenador personal?
Soy entrenador personal con especialidad en fútbol de alto rendimiento, abarcando entrenamiento en campo cerrado y abierto (físico, mental y visual). Hago de nexo entre el cuerpo médico y el cuerpo técnico. Por ejemplo: adaptación al grupo de alguna incorporación, entrenamiento re adaptativo después de una lesión antes de volver con el grupo, etcétera.
¿Cuáles fueron los técnicos que más te marcaron?
Es difícil decir quiénes porque siempre, cualquiera sea el entrenador, algo te deja. El tema es saber recibir el mensaje, estar atento y predispuesto a aprender.
¿Qué es lo que más te gusta trabajar con el jugador: la parte táctica o humana?
Todo en conjunto. No podemos negar la realidad que el jugador de fútbol es una persona común y corriente, más allá de que se lo vea metafóricamente como un semi dios o ídolo; entonces trabajar funcionalmente sería lo correcto. Es decir, estimular todas las capacidades del ser humano.
¿Qué importancia le das al aspecto psicológico del futbolista?
Los griegos de la antigüedad tenían el siguiente proverbio: mente sana- cuerpo sano.

Experiencia antigua
¿Cómo recaés en Grecia?
Estaba en Santamarina de Tandil y un ex-compañero llegó a un club de Atenas, de Segunda División (PAE Egaleo 2009). Después de 6 meses nos ponemos en contacto y el club buscaba refuerzos; vine a ver cómo era todo y en una semana decidí trasladarme para Grecia.
Para el que está afuera y lee los diarios y mira la TV, Grecia está recién ahora saliendo de una profunda crisis económica y social, ¿cómo lo viviste vos desde adentro, en la cotidianeidad?
La televisión muestra lo que quiere y cuando quiere, manejada por intereses ajenos a los de cada sociedad. La crisis hace mucho que es, mundialmente, espiritual y no económica.
¿Te costó la adaptación a otra cultura e idioma?
Como dije, siempre estoy predispuesto a conocer gente y lugares nuevos. En esta oportunidad poder estar y hablar el idioma de semejante civilización es algo muy fuerte.
¿Cómo podés describir la ciudad donde vivís con la historia que tiene?Es un lugar especial a mi manera de ver las cosas. El padre de la medicina moderna nació aquí mismo y otras grandes personalidades de la Grecia antigua.
El baúl de los recuerdos
¿Pensás en algún momento de tu vida regresar a Tres Arroyos?
Nunca sabés que te depara la vida. Trato de vivir a full cada momento, cualquiera sea el lugar donde esté. Obviamente que a ‘Tresa’ volveré…
¿En qué barrios vivías?
Vivía en el campo, en Claudio Molina.
¿Compañeros que recuerdes de tu paso por Huracán?
La verdad es que si me pongo a recordarlos podría nombrarlos uno por uno y con cada uno hasta podría describir un instante fuera o dentro de la cancha.-
Por Pablo Tano
Inmensidad. Zona rural. Estación ferroviaria Claudio Molina. Campo. Bello y extenso granero. Silos. Atardeceres largos y hectáreas propicias para elegir un buen lugar para patear al arco. Así, hasta los 7 años transcurrieron sus días. La escuelita, otro pretexto para despuntar el vicio de la pelota y hasta que el guardapolvo quedara negro. Pero el placer y el goce de disfrutar pateando una pelota hasta que sonara el timbre para ingresar al aula, lo recordará como parte de una infancia llena de paz y libertad. El protagonista de esta nueva historia que rescata “El Periodista” es Juan Marcos Forchetti, quien se formó en Huracán de Tres Arroyos y a los 13 años, luego de una prueba, comenzó a edificar su sueño en Boca Juniors (2003). También jugó en Estados Unidos y Grecia, donde culminó su carrera como futbolista para dedicarse a la función de entrenador personal a los 32 años. El ex defensor hace de nexo entre el cuerpo técnico y el cuerpo médico.
¿Qué recuerdos tenés de tus inicios en Huracán de Tres Arroyos?
Los mejores. Fue mi segunda casa desde el primer día que me anoté en la escuelita de fútbol del club. Hace poco estuve en Tres Arroyos y lo primero que hice fue ir a recorrer el club. Me puso un poco triste ver las instalaciones en el estado presente. Si un error cometí en mi corta carrera futbolística fue el haber negado el ofrecimiento que se me hizo para volver a jugar cuando el club estaba en Segunda División. Es algo que me quedó grabado. Igualmente, creo que tarde o temprano tendré la oportunidad de devolver todo lo que se me dio.
¿A quién tuviste de entrenador?
Mi primer y único entrenador fue Marcelo Méndez. Tuve la oportunidad de entrenar un par de veces con la Primera División, la cual en ese entonces la dirigía (Alejandro) Barberón.
¿Fuiste a una prueba a Buenos Aires o te vieron en algún amistoso?
Fui a una prueba a Buenos Aires. Ahora si me vieron en algún amistoso no lo sé.
Casa amarilla
El exitoso descubridor de talentos Jorge Bernardo Griffa, quien lo seleccionó, lo definió como “un tiempista excepcional". Fue el primer juvenil al que el profe Oscar Tabárez hizo debutar en el verano del 2005, en Mar del Plata, ante Gimnasia y Esgrima La Plata.
¿Recordás la cifra que pagó Boca para seducirte y llevarte a Casa Amarilla? ¿Qué edad tenías?
Boca no pagó ninguna cifra para seducirme. El solo hecho de que te pretenda una de las instituciones más grandes del mundo ya es por sí sola una motivación. Se firmaron convenios entre las partes, nunca tampoco tuve el conocimiento real de lo que fue pactado. Tenía 13 años.
Sueño cumplido
¿Vivías en la pensión cuando llegaste o tenías casa?
Se me dio lugar en la pensión. Primeramente fue en el Parque Sarmiento y luego en Casa Amarilla.
¿Cómo era convivir en la pensión con tantos chicos de distintas provincias?
Siempre tenemos esa charla con mi madre. Fue el hecho que cambió mi vida para siempre en todo sentido. Te desprendés de muchísimas cosas y aprendés a rebuscártelas solo; madurás más rápido porque la situación lo requiere y construís tu carácter. Vivíamos en piezas de a 4 chicos con las comodidades básicas para poder, no sólo rendir en el deporte, sino en la formación educativa, parte importantísima en el atleta o deportista.
¿Qué te dejó como aprendizaje un club tan prestigioso?
Después de mi familia e infancia, fue la base para lo que soy ahora.
Trotamundos
¿Qué me podés contar de tu experiencia en la Major League Soccer (MLS) de los Estados Unidos?
En esos años no era tan común irse a jugar allá. El campeonato recién estaba creciendo. Fueron 10 meses de muchas cosas nuevas, situaciones que afrontar, gente nueva con la que relacionarse. Conocer culturas nuevas es algo que siempre me sedujo. En lo que respecta al fútbol, formé parte de un grupo interesante: Clin Mathis, Ricardo Clark, Bradley hijo, Tim Howard, Amado Guevara, y como DT, Bob Bradley, con el cual podríamos haber hecho cosas importantes a nivel local pero no se le dio tiempo al grupo. Terminé mi préstamo y volví a Boca.
¿Tuviste de compañero a algún argentino?
A José Galván y Silvio Dulcich; jugábamos juntos desde que llegué a Boca.
¿Qué fue lo que más te sorprendió de Nueva York?
El cosmopolitismo con todo lo que eso conlleva.
Buzo de entrenador
¿Qué función cumplís actualmente como entrenador personal?
Soy entrenador personal con especialidad en fútbol de alto rendimiento, abarcando entrenamiento en campo cerrado y abierto (físico, mental y visual). Hago de nexo entre el cuerpo médico y el cuerpo técnico. Por ejemplo: adaptación al grupo de alguna incorporación, entrenamiento re adaptativo después de una lesión antes de volver con el grupo, etcétera.
¿Cuáles fueron los técnicos que más te marcaron?
Es difícil decir quiénes porque siempre, cualquiera sea el entrenador, algo te deja. El tema es saber recibir el mensaje, estar atento y predispuesto a aprender.
¿Qué es lo que más te gusta trabajar con el jugador: la parte táctica o humana?
Todo en conjunto. No podemos negar la realidad que el jugador de fútbol es una persona común y corriente, más allá de que se lo vea metafóricamente como un semi dios o ídolo; entonces trabajar funcionalmente sería lo correcto. Es decir, estimular todas las capacidades del ser humano.
¿Qué importancia le das al aspecto psicológico del futbolista?
Los griegos de la antigüedad tenían el siguiente proverbio: mente sana- cuerpo sano.

Experiencia antigua
¿Cómo recaés en Grecia?
Estaba en Santamarina de Tandil y un ex-compañero llegó a un club de Atenas, de Segunda División (PAE Egaleo 2009). Después de 6 meses nos ponemos en contacto y el club buscaba refuerzos; vine a ver cómo era todo y en una semana decidí trasladarme para Grecia.
Para el que está afuera y lee los diarios y mira la TV, Grecia está recién ahora saliendo de una profunda crisis económica y social, ¿cómo lo viviste vos desde adentro, en la cotidianeidad?
La televisión muestra lo que quiere y cuando quiere, manejada por intereses ajenos a los de cada sociedad. La crisis hace mucho que es, mundialmente, espiritual y no económica.
¿Te costó la adaptación a otra cultura e idioma?
Como dije, siempre estoy predispuesto a conocer gente y lugares nuevos. En esta oportunidad poder estar y hablar el idioma de semejante civilización es algo muy fuerte.
¿Cómo podés describir la ciudad donde vivís con la historia que tiene?Es un lugar especial a mi manera de ver las cosas. El padre de la medicina moderna nació aquí mismo y otras grandes personalidades de la Grecia antigua.
El baúl de los recuerdos
¿Pensás en algún momento de tu vida regresar a Tres Arroyos?
Nunca sabés que te depara la vida. Trato de vivir a full cada momento, cualquiera sea el lugar donde esté. Obviamente que a ‘Tresa’ volveré…
¿En qué barrios vivías?
Vivía en el campo, en Claudio Molina.
¿Compañeros que recuerdes de tu paso por Huracán?
La verdad es que si me pongo a recordarlos podría nombrarlos uno por uno y con cada uno hasta podría describir un instante fuera o dentro de la cancha.-
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