Por Pablo Tano
Joaquín, de 1 año y medio, duerme en su cuna. Tomi, de 4, juega con Cali, su papá, después de darme la bienvenida con un “¡cabeza de cebolla!” Está todo el escenario listo. La Verónica versión mamá prepara unos mates, me recibe con una torta de limón y ofrece, entre varias opciones, un té, propuesta que acepto.
La cálida casa de Olivos, en donde la diseñadora gráfica tresarroyense, egresada de la UBA y con una maestría en Diseño Comunicacional, vive con sus dos hijos y su pareja, con quien trabaja en equipo en el estudio que llamaron “Hernández + Lara Diseño Gráfico”, es un ambiente ideal para comenzar una charla cordial, descontracturada, con jugosas anécdotas y otros tantos recuerdos que rozan la nostalgia y recorren el túnel del tiempo. Canal 9, Disney, Zapping Zone, Canal Encuentro, Paka-Paka, Editorial Sudamericana, entre otros trabajos, aparecen en el camino desandado por la profesional.
- ¿Cuándo emigraste de la ciudad y hacia dónde?
- Me habré venido en el ’95 cuando terminé la secundaria. Acá en Buenos Aires estaba Marina, que es mi hermana mayor. El primer año vivimos en una pensión en Palermo. Arrancamos ahí para ver cómo te sienta Buenos Aires. Mi hermana ya hacía un año que estaba acá. Ahí arranqué el CBC de Diseño. Fue el CBC más largo del universo. Me llevó dos años más un curso de verano y agradezco a Dios y a María Santísima que nos dijeran que podíamos ingresar con, no sé… Matemática previa. Igual la di en un curso de verano, pero ahí te das cuenta a veces cómo estudia uno o cómo fue el método de enseñanza o cómo vos lo absorbiste; era un tronco.
- ¿Cómo fue la adaptación a la Ciudad de Buenos Aires?
- No sé si tanto me costó la parte de estudio, sino adaptarme a la ciudad y a la FADU. En Ciudad Universitaria eran millones de personas y lo que más extrañaba eran mis amigas. La cosa de barrio de Tres Arroyos que siempre conocés a alguien…
- ¿Ninguna de tus amigas venía a Buenos Aires?
- Nadie. Iban a La Plata, Mar del Plata, Bahía… No tenía a la mejor amiga acá. Tenía conocidas, entonces estaba como sola. Y costaba mucho y eso que a mí nunca me costó armar vínculos con gente, charlar y entablar relaciones. Así que los dos primeros años fueron difíciles. Después nos mudamos a un departamento, vino Jassia (N. de la R: su hermana menor) y vivimos un año todas juntas. Y con ella tengo mucha menos diferencia de edad, tenemos amigas en común y yo ya tenía más vida social. Olivos tiene esa impronta de barrio, ¿no? Claro. Y por suerte teniendo a la familia política acá cerca, esta cosa de ir al supermercado y ver a alguien conocido. Esa sensación de que Buenos Aires es tan grande que caminás y nos ves a nadie, al principio me dio mucha angustia. Pero como acá es más barrio, siempre voy a la plaza donde nos encontramos con las madres del jardín, al chino ya lo conozco, al carnicero también, el del kiosco… Se armó como un barrio que está bueno porque también te lo da la familia. Pero bueno, no quita que no me quiera ir igual. A nosotros nos gusta mucho el río, salimos a correr. El contacto con la naturaleza para nosotros es importante y vivo en un lugar relindo donde hay verde. Está como esta cosas de querer moverte de un lugar donde puedas disfrutar más de la naturaleza. Hay como una idea de irnos. Como el trabajo está en casa, se hace todo por Internet, la verdad que podés llegar a viajar a Buenos Aires o al lugar que necesités. Ahora estoy trabajando con gente que está afuera; tengo un cliente que es argentino y vive en Londres y trabajo con él sin problemas y ni lo conozco. El trabajo yo me lo llevo en la compu. La idea sería hacer crecer esto como para poder estar en cualquier lugar.
- ¿Cuál fue tu primer trabajo en capital?
- En el segundo año yo ya empecé a trabajar porque sólo me bancaron el primero. A los 18 años arranqué y no paré. En mi primer laburo sacaba fotocopias, armaba originales. Era una casa de fotocopias de diseño. Está bien, pero de a poco te fuiste acercando a lo relacionado con tu carrera...
Claro, con estos amigos que uno va conociendo, que les va comentando que uno estudia Diseño, me hicieron un contacto y me consiguieron ese trabajo. Habré trabajado ahí dos años y renuncié. Después estuve un par de meses sin laburar que me ayudó mi mamá. No estaba cómoda. Después me fui a una fábrica que hacía inflables para las canchas de fútbol. Tipo los inflables que observás en los recitales de AC/DC; eran pelotas de Coca-Cola. Trabajé en la parte de Diseño. Armaba desde catálogos hasta trabajar con los chicos de la costura y de la impresión. Estuvo buenísimo. De ahí me echaron en la época del menemismo, la fábrica quebró, pero me pagaron todo en cuotas y es el día de hoy que me sigo tratando con el dueño. Estuve un par de meses en la crisis del 2000, 2001. Después trabajé en una petrolera, Sol Petróleo, de recepcionista. Y lo que tenía de bueno es que ahí metí mucha materia teórica. Yo tenía 22, 23 años. Atendía por teléfono y el tiempo te daba para avanzar porque la carrera, que son cuatro años, tiene mucha materia anual y no podemos meter más de dos, tres materias anuales porque no te da el tiempo para hacer las prácticas. Entonces hacía cursos de verano porque en el laburo podía leer.
- ¿A esa altura todavía seguías con la idea de diseñar afiches de películas?
- No, ya para esa altura no quería hacer afiches de películas, sino que deseaba trabajar en televisión. Como ya había tenido materias en las cuales empezaba a animar en tele para la facu, dije: “Quiero hacer dibujos animados, esto está re bueno”. Y bueno, por intermedio del amigo, del amigo de mi amigo, me entero que están buscando gente en Canal 9 para trabajar en la gráfica del aire del canal. Bueno, tengo una entrevista y yo manejaba de los cuatro programas de diseño que se utilizan, sólo dos, y me dicen que tenía que saber Photoshop y yo no tenía ni idea. Yo usaba el Illustrator, era como una genia de ese programa; como el Corel. Y bueno, tengo un fin de semana intensivo con un amigo que me enseñó a usarlo, hablo con el que sería mi nuevo jefe y le digo: “mirá, el programa yo lo aprendo, el trabajo me interesa, te propongo tomarme dos semanas de vacaciones de mi otro trabajo y si te parece que ando bien, yo renuncio y vengo”. Pero era empezar con el monotributo, dejar otro trabajo en relación de dependencia después de dos años, donde estaba cómoda, me pagaban bien, estaba media acomodada saliendo en el medio de la crisis. Dije, bueno, de última arriesgo las vacaciones, era un trabajo a diez cuadras de mi casa, yo iba en bicicleta, vivía en Palermo y el horario era de mañana. Estaba bueno y se armaba un grupo lindo. A la semana empiezo a laburar, pero antes voy a la petrolera y renuncio. Ahí en Canal 9 trabajé un año. Y en el ínterin un amigo del amigo de mi amigo, un editor, me dice que tenía una amiga que trabajaba en una productora que laburaba para Disney. Ya me iba acercando al dibujo animado que era lo que me gustaba.
- ¿En Canal 9 qué tareas realizabas?
- Trabajé haciendo gráficas para (Antonio) Laje, infografías. Por ejemplo era la época del asesinato de (María Marta) García Belsunce. Yo tenía que animar cómo fue el recorrido de la mujer en bicicleta por todo el country hasta que llegó a la casa, a quién visitó… Era un plano ilustrado. Lo mismo que ves en los diarios, pero en este caso animado para la tele. Es como contar un cuentito. Después hacía placas animadas de información, ya sea de famosos, que fulano se separó de mengano, o cómo fue el robo del siglo y explicabas por dónde entró el ladrón… Tenía una parte de espectáculo y otra de noticias. Y a veces trabajábamos para el noticiero, y ahí es como que me empecé a desasnar de cómo era la tele. No sé, por ejemplo decían “avalancha en Bariloche” y veía las imágenes que eran impresionantes. Entonces pregunto, ¿cómo hizo el camarógrafo? Qué bueno. “Bueno, agarramos una imagen de la película ‘Avalancha’, la mechamos un poco…” Yo dije: no puedo creer que me estén armando las noticias de esta manera. Fatal.
- ¿Alguna anécdota que recuerdes de laburar en algunos de los programas?
- La parte más divertida y la mejor fue la época de (Marcelo) Polino, con Zap.
- Dos tresarroyenses laburando juntos...
- Sí, pero yo ahí era como muy tímida, jamás le hablé, pero fui al casamiento de la enana (risas). Hacíamos todas las gráficas de Zap. Era buenísimo. El programa era un golazo. A veces iba al piso y miraba el programa cuando me dejaban. Armaba las historias de fulano con mengano, las aperturas, la pelea de Guido (Süller) con Jacobo (Winograd)… Esa estuvo genial y fue muy divertido.
- ¿Después trabajaste también en Non Stop?
- Me contacto con un amigo que me mete acá. Es una productora muy grande que trabaja con Fashion TV. Tiene como varias ramas y en esa época tenía la parte del fútbol; filmaba todo lo que cubría Torneos y Competencias, todo lo que eran partidos de la A, fines de semana. Después tenías la parte de Disney y la parte de cable con canales de moda, otro de cultura y tenías PyE, Política y Economía, que era otro espectro. Esa productora tenía contactos en distintos canales y yo entro a trabajar en un programa que se llamaba Zapping Zone -ahora creo que lo levantaron, no está más-, y que era un producto como ‘Hola, Susana’, pero para adolescentes. Tenía juegos, los chicos llamaban, pasaban series y era un estudio montado para un programa que iba de lunes a viernes, duraba dos horas e iba para toda Latinoamérica, para lo que es la Argentina, todo el Cono Sur, Brasil y México. El formato se hacía acá en la Argentina, había como 70 personas laburando y los que cambiaban era sólo los conductores. Y nosotros armamos la gráfica para toda la región. Yo entré y al año a mi jefa la ascienden y Non Stop se muda y arma como un departamento de gráfica separado y me deja a mí como coordinadora del Zapping y quedé a cargo de cinco, seis personas, depende el momento del año. Armábamos todo los paquetes gráficos para adentro, que para chicos es tener la misma base y después la vas variando. Diseñábamos los juegos junto con la gente de producción y guión, y le dábamos una bajada estética. Una apertura de programa, partidas de micro, especiales de H, de Navidad… Y también había especiales de música donde hacíamos la postproducción gráfica arriba del video. Esto iba rubricado con todos los gags de producción conocidos en los medios en ese momento. Fue muy bueno. Ahí estuve cinco años, en el Zapping. Y el último año, 2005, me voy al año siguiente. Le pedí un cambio y la productora armó con un departamento de gráfica gigante, donde había gente con 3D, profesionales, ilustradores. Era un equipo de 10, 15 personas. Estaba re bueno. Y ahí ya trabajé con otro perfil. Non Stop hizo contrato con Sony y vino Latinoamerican Idol, y me pusieron de coordinadora de toda la postproducción del programa, que era un reality show.
- ¿Ahí que función específica desempeñabas?
- Tenía que hablar con el cliente, ir a ver los shows. Estuvo muy bueno, fue una época de glamour. Eso lo hicimos dos años. No es que yo ya trabajaba para Disney, sino que le facturaba a Non Stop. Venía un tipo y quería hacer una película y ahí también hice títulos para cine, las aperturas. Fue una etapa muy buena. Me fui en el 2006, 2007. Viste cuando uno quiere crecer… Ya ni siquiera te importa tanto si te dan o no plata, la situación ya no estaba tan bien y le dije a mi jefe: “me quiero ir”. Me llamó el dueño, intentó convencerme para que me quedara, pero no resultó.
- ¿Cuándo arrancás en el “mundo” freelance?
- Después me puse en contacto con amigos con los que ya venía trabajando, me compré una máquina y ahí me convertí en freelance para Canal Encuentro, que recién arrancaba. El primer ciclo en el que laburé se llamó Horizontes Lengua, que era Lengua y Literatura para chicos de primaria de escuelas rurales. El trabajo consistía en ilustrar y animar cinco extractos de cuentos. Claro, era el sumun de la belleza, lo que yo quería hacer, con el estilo que yo quiera. Me tocó trabajar con una directora que se llama Lorena Muñoz, que es documentalista, tiene un montón de películas y confió en mí desde el principio. Hicimos los dos primeros capítulos y con los 24 que faltaban me dijo que haga lo que quisiera. Fue un laburo muy intenso y la proporción era: me pagaban poco, pero el laburo era re bueno y el trato era excelente. Entonces, a veces, cuando uno tiene un trabajo, tenés que evaluar esas cosas. A veces te pagan muy bien, pero el trato es una mierda. Yo siempre pongo esas tres cosas en la balanza. Ese era un trabajo que me iba a foguear mucho y me iba a dar un pantallazo de estéticas de diseño y de ilustración. Y ahí conocí mucha gente que estaba en el palo de edición, y músicos con los que en la actualidad, con algunos, sigo trabajando. En ese trabajo duré como un año. Con esa misma productora, trabajé para Paka-Paka. Ahí armé dos programas: uno de Historia y otro de Geografía. Yo trabajaba para una productora, pero no le facturaba al Estado. Siempre adentro del ambiente que a mí me gustaba, como eran la cultura y educación.
- ¿Cómo es laburar para Disney?
- Lo que te pasa cuando laburás para Disney, es que es tan grande y monstruoso, y tiene una bajada de línea muy fuerte en la comunicación, que hace que vos como padre cuando mires tele te vas a dar cuenta. A ver, yo sé que es cuidada la imagen, no le va a enseñar nada malo, pero es complicado. Y vos después mirás Paka-Paka o Encuentro y es otra cosa.
- ¿Recordás un ejemplo de esa típica bajada de línea?
- Sí. Estábamos haciendo notas de deportes y uno de los chicos tenía una vela de windsurf con la leyenda “No a la guerra”. Entonces tuve que hacer un trackeo y pintarle toda la vela durante los dos minutos de nota porque en Disney no hay guerra, no existe la guerra. En Disney no hay guerra y no hay sexo. Para San Valentín había que tener cuidado con las palabras. Porque capaz que la palabra romántico te daba sexo entonces ya estábamos en problemas. Era una línea finita por donde trabajar.
- Y ya como independiente, ¿cómo conseguís un cliente de la importancia de Editorial Sudamericana?
- Por un contacto logro tener una reunión en la editorial, en Random House Mondadori. En la primera reunión no pasó nada, les pasé un presupuesto y no me contestaron. Dejé pasar un tiempo, y como a los diez días, les vuelvo a pasar un presupuesto diciéndoles que estaba interesada. Y me contestan: “te interesa, bueno, te lo damos”. Empecé haciendo una revista de novedades editoriales. Ahí cobraba 1000 pesos por mes sin hijo. Y eso llevó a ¿te animás a hacer un aviso? ¿te animás a hacer esto? Y de repente el departamento de marketing empezó a crecer y hasta el año pasado hacíamos el 90 por ciento de la gráfica. Las campañas, los booktrailers, de todo. Muchísimo laburo. Editorial Sudamericana es un sello argentino y hace algunos años la compró RHM; RH es yanqui y Mondadori, italiano. Es como el Disney, pero de la editorial. Yo ahí ya me asocié con Cali. Porque con el embarazo no iba a poder meterle muchas horas, no sabía cómo me va a pegar... Y me empezaron a dar eventos como la Feria del Libro, que es marzo. Ese mes para mí es como una locura. Hacés libros, hacés tapas, hacés presentaciones…
- ¿Cómo es la relación laboral con tu pareja?
- El primer año nos matamos. El fue docente durante diez años en la FADU y estaba acostumbrado a tratar con chicos de 18 años. Está acostumbrado a dar un discurso y a decir lo que hay que hacer. Y yo, durante cinco años fui coordinadora. Igual yo para trabajar siempre soy muy tranquila, trabajo con música, a veces con auriculares… No somos de hablar mucho. Tenemos una reunión a la mañana después de desayunar con los chicos, llevarlos al colegio y cuando volvemos a casa cada uno tiene su actividad.
-¿Cómo distribuyen los roles?- Fueron cambiando. Al principio diseñábamos los dos y después, cuando nacieron los chicos, en algún punto yo dejé de trabajar más horas. Antes laburábamos 8 horas los dos, y ahora yo trabajo 5. Los días que viene la niñera compenso las horas que me faltaron. Ahora también hablo con el cliente, la parte de la facturación, organizar el trabajo, más que nada la coordinación. Y Cali hace todo lo que tiene que ver con la dirección de Arte, es como la parte creativa. Diseñamos los dos, pero él está sacando todo el trabajo. Y cuando las papas queman nos ponemos los dos y chau. Pero también hay que estar con los chicos para después tener orden. Que vos seas independiente no quiere decir que trabajes toda la noche. Cali toda la vida fue independiente y ya venía con el vicio del negrero. Arranco a las 8 y hasta que él no llegara a las 12 de la noche, seguía quemando. Y vos tenés que saber cuánto tiempo te lleva hacer una nota como a mí hacer una revista. Organizar el trabajo para después también tener una vida en familia. Tener el tiempo para salir a correr, si no, no tenés ni tiempo para hacer las compras, charlar con tu chica, bañar al bebé tranquilo… Hay que encontrar espacios.
- ¿Qué fue lo que te sorprendió del mercado infantil de libros?
- Tenés de todo. Una cosa es cuando vos trabajas porque el otro tiene que vender y yo laburo, y otra cosa es lo que yo quiero que mis hijos consuman. Yo para Disney ya laburé, ahora estoy haciendo unas cosas para la Turner y es lo mismo. Vos decís, quién mira estos programas. Cada porquería. Por ejemplo el más grande, Tomi, muere por Spiderman, pero trato que Batman no entre a casa. Y como estoy atravesada por el diseño, los libros que les compro tienen ilustraciones que están buenísimas. Filtro mucho el material que llega a casa. El Sapo Pepe no entró a mi casa, ¿entendés? A la casa de la abuela sí, pero ella que haga lo que quiera. Mirá, a mí me copa una mina que se llama Magdalena Fleitas. Ese libro lo diseñamos nosotros, están los chicos en la tapa… Es como música latinoamericana, mucha percusión. Igual que Luis Pescetti, Mariana Baggio… En los jardines también lo están escuchando mucho. Tenés desde Adriana y Ruidos y ruiditos. A Tomi, el más grande, le compro pelis pero no le pongo las tandas que son quemadoras; y al chiquito instrumentos de música tipo tamborcito, toc-toc…
- Bueno, para cerrar un poco sobre lo laboral, ¿qué reflexión hacés hoy tomando en cuenta desde que empezaste con esta profesión?
- El ciclo que fui cumpliendo, y ahora lo estoy haciendo con Cali, desde empezar a hacer afiches de películas y pasar a hacer peliculitas y dibujos animados, y meterme en el mundo editorial y disfrutar, hacer tapas, campañas para cómo vender un libro que son los booktrailers ahora; todo eso, de haber pasado de hacer páginas web hasta aviso de infografías, esto que decís que nunca lo voy a mostrar. Hacer cosas que fueron realmente interesantes, y meternos hace seis años en el mundo editorial, en el mundo de la cultura. Me gusta trabajar con gente que me trate bien, alejarme de la gente media tóxica… No lo digo de la cosa langa de “hay, yo elijo a mi cliente”, porque a veces es difícil, pero la verdad que los tres, cuatro clientes que tengo me tratan bien, me pagan, me respetan. Vos pensá que yo trabajo en mi casa y nadie me llama después de las 6 de la tarde. Eso también habla de cómo uno responde en el trabajo en tiempo, en calidad… Y eso para mí vale oro. Trabajé fines de semana, feriados, a la noche, muchas veces sin dormir hasta las 3 de la mañana para hacer una entrega… Y ahora está bueno trabajar más ordenado, trabajar con mi pareja y estar con él como socia, y a las 6 de la tarde cortar y que sea el padre de mis hijos y poder disfrutarlos en familia. Estoy feliz. En ese sentido no puedo pedir más. Me encantaría ganar más plata, pero no elegí la carrera para ganar más plata. Mirá, me pude comprar mi casa…-



