jueves, 9 de octubre de 2014

Operación: salven al Planeta

Vivió parte de su infancia y adolescencia en Tres Arroyos. Desde hace dos años trabaja en la logística, diseño y armado de muchas de las acciones más resonantes de la organización ambientalista Greenpeace. Allí comparte su tarea con Camila Speziale, la activista que estuvo presa en Rusia. Es Martín Bertolami, quien en exclusiva para “El Periodista” compartió además una interesante experiencia laboral en Panamá.

Por Pablo Tano

De aquí y de allá. De más acá, quizás un poco más lejos, pero no tan cerca. De todos lados y de ninguna parte. Inquieto, emprendedor, audaz, aventurero, creativo, soñador, comprometido. Con alma y espíritu bohemio. Un romántico e incansable buscador de nuevos desafíos. Así es Martín Bertolami, nacido en Bahía Blanca, pero tresarroyense y salteño por adopción. Aunque hoy, la mayor parte de su existencia haya transcurrido en la Ciudad de Buenos Aires.

Casi graduado en la Universidad de Buenos Aires (UBA) de Diseñador Industrial -le falta rendir ¡una materia!-, amante de la fotografía e integrante de la comparsa de candombe “La Cumparsa”, Martín, de 37 años, trabaja en Greenpeace -es compañero de Camila Speziale, la activista detenida en Rusia el año pasado-, como encargado del área de Logística desde hace dos años, pero antes también pasó por Sodapasta, una empresa que se dedica a diseñar maquetas, robots, objetos y disfraces para cine y publicidad, donde tuvo la oportunidad de viajar a Panamá, entre otros países.

En diálogo con “El Periodista”, Bertolami, participante ocasional en “Los tambores no callan”, una movida abierta que toma forma cuando hay motivos valederos para hacerla, rememora sus orígenes, narra su historia y describe etapas como diseñando un mapa de su vida.

- ¿Cuándo tomaste la decisión de irte a estudiar a Buenos Aires y por qué?
- Primero me había ido a estudiar a Mar del Plata. Estuve dos años allá. Me fui, entre otras cosas, porque mi novia de ese entonces había ido para allá. Luego la relación terminó y con un amigo y compañero de facultad, también tresarroyense, empezamos a planear irnos a Buenos Aires y así lo hicimos. Siempre me había intrigado Buenos Aires, lo veía como un lugar lleno de posibilidades y me parecía también que mi carrera iba a ser más rica allá.

- ¿Qué carrera continuaste?
- Tanto en Mar del Plata como en Buenos Aires, seguí la carrera de Diseño Industrial. Nunca me recibí. Me falta una materia (risas).

- ¿Al mismo tiempo ibas trabajando para poder costear de alguna manera tus estudios?
- Siempre traté de rebuscármelas, tuve períodos sin trabajar, tuve una beca, pero hice de todo en el camino: pinté casas, vendía autos en una concesionaria, fui telemarketer, hice alguna que otra encuesta...Durante cuatro años alquilé una casa grande y subalquilaba habitaciones. Pasaron muchos personajes por ahí.

- ¿Recordás cuál fue tu primer trabajo en la Ciudad de Buenos Aires?
- Sí, estaba recién llegado a Buenos Aires, vivía en una pensión por Palermo y conseguí por el diario un trabajo de cartero entregando boletas de telefónica en La Matanza. Toda una aventura.

- ¿Cómo te llega la oportunidad de entrar a Greenpeace?
- Yo venía trabajando hace mucho tiempo en Sodapasta, una empresa que se dedica a realizar todo tipo de cosas, mayormente para cine y publicidad; maquetas, efectos especiales, muñecos, robots, objetos gigantes, escenografías. Un día recibo un mail de Greenpeace que necesitaban a alguien para encargarse del taller de producción. Lo dejé pasar, y el último día del plazo para contestarlo se me prendió la lamparita, y me dije: “¿Por qué no?”. Así que improvisé un e-mail donde puse una serie de trabajos míos y lo mandé. Lo vi como una oportunidad de enfocar mi trabajo hacia algo más noble. Después me llamaron, tuve un par de entrevistas y quedé. Mi ingreso se produce en diciembre de 2012.

- ¿Qué rol desempeñás en la ONG? ¿Cuál fue tu participación en las últimas campañas?
- Trabajo dentro del área de Logística, que es el área que se encarga de la coordinación y concreción de las acciones. Yo estoy a cargo del taller de producción. Con mis compañeros y con los voluntarios hacemos todo lo necesario para que todo se pueda llevar a cabo en tiempo y forma. De una u otra forma participo en todas las campañas, ya sea diseñando y produciendo en el taller lo que haga falta; desde hacer disfraces hasta organizar un festival de música y también en el desarrollo propio de las acciones.

- El año pasado, el conductor Mario Pergolini participó como activista invitado en una acción. Se disfrazó de oso polar en las estaciones de servicio Shell en defensa del Ártico. ¿Vos tuviste que ver con el diseño que usó el empresario y los demás voluntarios?
- En el caso particular del oso, yo no participé en el diseño, ya que cuando se confeccionaron los disfraces estuve trabajando en un proyecto fuera de Greenpeace, un trabajo para Tecnópolis. Con un amigo diseñamos y armamos unos trailers interactivos para la empresa de agua AySA. Armamos un lindo equipo de trabajo, casi todos amigos. Participé en la acción de Pergolini, pero más desde la preparación.

- ¿Cómo viste desde adentro casi una cuestión de Estado que se generó con los activistas detenidos por el Gobierno de Rusia?
- Fueron tres meses muy atípicos, ya que fue un hecho histórico y de muchísima relevancia dentro de la organización. Fueron meses de preocupación e incertidumbre. Todas las campañas se vieron afectadas por esto. En lo personal me afectó, ya que Camila, que estuvo detenida, es una de las voluntarias que trabajan conmigo en el taller. Una gran persona, muy querida en el taller, todos estaban muy preocupados por ella.

- ¿Cómo la viste a ella cuándo regresó al país después de estar presa durante dos meses junto a otros diez compañeros de distintos países?
- Por suerte ya terminó esa historia y viéndolo a la distancia, creo que fue una gran experiencia de vida para ella. Pese a su inocencia y juventud lo sobrellevó muy bien. Recuerdo una anécdota muy buena que contó: “Habían inventado un código para comunicarse entre las celdas, dándole golpecitos a los radiadores de calefacción con una moneda”. De esta manera charlaban y se contenían.

- ¿Cuánta gente trabaja en Greenpeace?
- Alrededor de 50 personas sólo en Argentina, más los voluntarios de Buenos Aires y de los distintos grupos locales como Córdoba, Rosario, Mar del Plata, Paraná, Salta, Bahía Blanca.

- ¿Tuviste la oportunidad de viajar por el mundo por trabajo?
- Siempre me gustó viajar. Por trabajo he estado en Panamá, Uruguay y Chile. Lo de Panamá fue de los mejores trabajos que hice. Diseñamos y realizamos para una empresa panameña una especie de acoplado de camión donde funcionaba una supuesta fábrica de juguetes manejada por la familia de renos de Papá Noel. Era una locura, mucho movimiento, luces. Había un tren manejado por un renito que recorría todo el camión. Una gran máquina de engranajes a pedal manejada por el papá reno, un reno bebé que volaba en un cohete; un delirio total. Lo bueno y particular de este trabajo es que lo empezamos desde cero. Nosotros le propusimos la idea a la empresa, hicimos una pequeña maqueta del camión y la mandamos a Panamá. Se volvieron locos cuando la vieron y nos encargaron el camión en grande. Después de seis meses de arduo trabajo en equipo terminamos y lo mandamos en barco. Luego viajamos tres personas a instalarlo allá. Pasamos más de veinte días trabajando en el playón de un estacionamiento de la empresa. Recuerdo que llovía y paraba todo el tiempo, y cuando no llovía nos cocinábamos de calor. Trabajamos un montón. En el medio del trabajo nos escapamos una semana a un archipiélago de 300 pequeñas islas, la región de Kuna Yala. Un paraíso total, muy agreste, manejada totalmente por aborígenes, los Kunas. En las islas sólo había chozas, hamacas paraguayas y un océano transparente lleno de peces. Nunca me voy a olvidar del avión que nos llevó hasta ahí. No entiendo aún cómo hacía para volar, parecía que funcionaba a pedal. Cuando volvimos nos quedaba una semana de trabajo y nos dimos cuenta que por la lluvia se habían roto algunas cosas eléctricas del camión. Ahí empezó el sufrimiento, por suerte pudimos arreglarlo, trabajamos hasta que quedaba una hora para volvernos a Buenos Aires…. Creemos que no explotó…

viernes, 15 de agosto de 2014

Entre tomas y escenas

Se formó como gestor cultural, pero su acercamiento al teatro independiente lo volvió a reunir con su verdadera pasión: la actuación. Hoy se destaca en una publicidad para Claro, y protagoniza otros comerciales de inminente lanzamiento. Además trabaja en prensa para la ‘meca’ de la calidad teatral: el San Martín. Y su trayectoria es verdaderamente rica para sus 37 años. A solas con El Periodista, Leandro Rotavería mostró qué hay detrás de la máscara de un actor con verdadera vocación.

Por Pablo Tano

El tablado es, podría asegurarse, su lugar en el mundo. En el escenario se mueve como pez en el agua. Pero la televisión y el cine también son ámbitos para expresar y transmitir tantos años de esfuerzo, dedicación y estudio. Para el actor Leandro Rotavería, de 37 años, la carrera de actuación, primero en la Escuela Municipal de Arte Dramático y luego tomando clases con dos maestros del teatro independiente argentino como Pompeyo Audivert y Rafael Spregelburd, es una forma de vida.

En una charla distendida con El Periodista, en el living de su casa, en el barrio porteño de San Cristóbal de la Ciudad de Buenos Aires, Lalo, como se lo conoce en el ambiente artístico, abre su intimidad para compartir el exitoso presente profesional por el que atraviesa sin dejar de recordar sus orígenes en Tres Arroyos cuando cursaba literatura en el Colegio Jesús Adolescente, su fanatismo por “la Fiesta del Trigo que me encantaba” al igual que “las Olimpíadas de Colegio Privados y la Fiesta del Color”, entre otras añoranzas.

Recibido también de Técnico Superior en Administración y Gestión de Políticas Culturales, Leandro trabaja en el Departamento de Prensa y Difusión del Complejo Teatral de Buenos Aires -más conocido como Teatro San Martín-, y en su currículum se destaca su labor como productor ejecutivo y asistente de dirección del Campeonato Mundial de Tango (2004-2007) y productor del Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires (1997-2003). Además, su actuación en la película “Mundo Alas” (2009) que dirige León Gieco y en más de 20 obras de teatro, describen una prolífera trayectoria.

Por estos días, Rotavería está participando de un spot de la empresa de telefonía móvil Claro que se llama Hay que ir, dirigido por Sebastián Borensztein –hijo del popular Tato Bores-, y que hace referencia a un grupo de amigos que intenta lo imposible para poder viajar al Mundial de Fútbol. En la publicidad, que consta de seis partes, el tresarroyense comparte escena con un chimpancé de 37 años, experiencia que él mismo definió como “bastante intensa” y reconoce que “estaba asustado”.

- ¿Cuándo y cómo nace tu pasión por la actuación y el teatro?
- Yo estudiaba en el Colegio Jesús Adolescente y la profesora de literatura era Carmen Méndez Pérez. La materia me gustaba mucho, me llevaba muy bien con ella, la profesora, y me pasaba muchos textos de teatro que a mí me interesaban. Y creo que actué en todas las obras del “Colegio de Curas”. Creo que llegué a hacer tres obras en un solo acto. Era su actor fetiche (risas). Y también, algo loco de mi vida, es que el día que yo me venía a estudiar acá porque tenía que rendir el ingreso para el Conservatorio y tenía que decir un texto teatral que era como la prueba máxima, le dije a ella: “Recomendame un texto que sea lindo, que veas que yo pueda hacer”. Y vino al otro día y me trajo “Postales Argentinas” de Ricardo Bartís, actuada por Pompeyo Audivert. Hice ese texto, entré a la Escuela de Arte Dramático y después terminé estudiando con él al poco tiempo sin saberlo. Carmen Pérez algo vio…

- Entonces, ¿qué carrera te fuiste a estudiar a Buenos Aires?

- En su momento me vine a estudiar teatro y Sociología. Mis padres me dijeron: “teatro solo no, arrancá con otra carrera también”. Y me anoté en el ingreso de la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD) y en el CBC de Sociología, lo terminé y después entré en la carrera de actuación. Es un camino muy intenso, tenés que ir todos los días y son muchas horas, tenés muchas materias: historia del teatro, corporal, actuación, foniatría… Y bueno, ahí empecé con todo pero se empezaron a complicar un poco los tiempos y logré quedarme con lo que yo quería hacer, que era teatro y estudiar actuación y profesionalizarme en eso. En su momento, como mi hermano estudiaba en Tandil, mis viejos, como no eran épocas de plata dulce, me pedían en lo posible si podía elegir estudiar ahí porque estaba la Universidad del Teatro. Entonces yo me dediqué a luchar por la no carrera universitaria pero estudiar actuación acá en Buenos Aires.

- ¿Cuántos años son?

- Ahora son cuatro, pero en ese momento eran tres.

- ¿Vos tenías la idea fija de ir a Buenos Aires sí o sí?

- Yo quería venir acá y lo logré.

- ¿Recordás cuál fue tu primer trabajo como estudiante de actuación por el que recibiste una remuneración?

- En la Escuela Municipal de Arte Dramático, cuando iba a segundo año, una docente de corporal, estaba armando una obra con egresados y gente que trabajaba de actor y todo, y necesitaba formar un coro. El coro, generalmente en las obras de teatro, está formado por un grupo de personas que van marcando el paso de la tragedia, las sensaciones, los sentimientos, como una voz que canta lo que le pasa al protagonista, con el cuerpo y con la voz van llevando el ritmo de la obra, contándole al público que va pasando… Y bueno, ahí hice un casting, me presenté y quedamos algunos alumnos. Y ahí estrené mi primera obra en el circuito, no comercial, pero profesional que se llamaba “País de Ciegos”.

- ¿Hubo un instante mientras ibas avanzando en la carrera donde hiciste un “clic” luego de ir a ver alguna obra y te impresionó un actor o director por su manera de enseñar?

- Sí, claro. Yo marco mucho cuando fui a ver una obra de teatro al Centro Cultural Rojas que se llamaba “Raspando la cruz”, de una persona que en ese momento para mí era absolutamente desconocida, que era Rafael Spregelburd y enloquecí; me encantó. No podía creer cómo actuaban los actores, era como que tenía una técnica diferente a lo que yo estaba estudiando y me volví loco y empecé a averiguar dónde habían estudiado. Y me respondieron que esa gente había estudiado o en lo de Ricardo Bartís o en lo de Pompeyo Audivert. Entonces empecé a averiguar cuánto salían esos docentes particulares, porque son maestros de actuación, pero que no están en las instituciones, sino que uno tiene que ir a sus estudios y formarse con ellos. Y yo en ese momento no tenía plata para pagarme estos cursos. Pero luego averigüé cuánto salía estudiar con Pompeyo Audivert y me anoté con él. Dejé la Escuela de Arte Dramático, más tarde él me llamó para trabajar en su estudio y luego comencé a trabajar en muchas de las obras que él dirigía. Ahí estuve seis años. Después di clases de entrenamiento para alumnos principiantes todos los sábados, donde explicaba cómo era su método. Al poco tiempo, Spregelburd necesitaba una persona que haga un personaje en una de sus obras que se llamaba “Bizarra”. Era una saga argentina que era una novela hecha en teatro. Fueron diez capítulos, un capítulo por semana, de lunes a viernes. Fue como una obra de culto. La gente llenaba la sala, hacía cola, había figuritas con los personajes… Dentro de la misma obra él empezó a meter finales de otras obras conocidas del ambiente teatral de Buenos Aires, él llevó los personajes de esas piezas a esta obra para que cuenten parte de la obra que uno no había visto, cuando iba a ver esa obra. Veías “Estás ahí” de (Javier) Daulte y él en “Bizarra” metía cómo se conocieron los personajes de la obra de los personajes de Daulte. Entonces vos veías a actores como Mirta Busnelli, María Oneto… Un montón de gente increíble del teatro independiente. Y con Spregelburd trabajé en varias obras y así fui arrancando.

- ¿Cómo te llega la oportunidad de trabajar en el Teatro San Martín?
- Yo estudiaba en la Escuela Municipal de Arte Dramático y para el Primer Festival Internacional de Teatro (1997) decidieron que todos los puestos menores, de informes, no los más interesantes de gestión, sean alumnos de la escuela. Y como el evento era organizado por Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, decidieron que esos cargos sean ocupados por chicos que estudiaban ahí. Me presenté a una entrevista y quedé. Ahí estuve desde el año ‘97 hasta el 2007, año en que asumió Mauricio Macri. Trabajé en la Dirección de Festivales de la Ciudad de Buenos Aires; primero como productor, después como agente de prensa y con muchas tareas hasta que me llamaron para el Festival de Tango como productor ejecutivo y asistente de dirección. Y ahí estuve muchos años, aprendí un montón de producción, de gestión política cultural, de prensa, de comunicación, de producción de eventos, de megaeventos… En el último tiempo, creo que en los últimos cinco años, fui el productor ejecutivo y asistente de dirección del Mundial de Tango, del Festival de Tango y del Campeonato Metropolitano de Tango, que es donde más aprendí porque tenía un puesto muy alto, de mucha responsabilidad y participación. Después de que asumió Macri, el área de festivales sufrió un cambio y me fui dos años al Teatro 25 de Mayo, y en el 2008 me fui a prensa del Teatro San Martín o del Complejo Teatral de Buenos Aires, que está compuesto por el Teatro Regio, la Ribera, el Alvear y el Sarmiento. Y desde ese año trabajo en el Departamento de Prensa del Complejo Teatral de Buenos Aires.

- ¿Qué tareas desempeñás?

- Hago prensa de los espectáculos, arreglo notas con los artistas y los medios y hago que los espectáculos del San Martín tengan visibilidad en los medios. El teatro no paga publicidad entonces es todo prensa.

- También incursionaste en el cine. ¿Cuál fue tu primera interpretación en la pantalla grande?
- Mirá, en cine fui haciendo cortos para los estudiantes de la carrera, como siempre pasa. Y después me fui vinculando con gente que fue haciendo largometrajes. Primero me llamaron para personajes chiquititos, después filmé una película con León Gieco, “Mundo Alas” (2009), en la que hacía de un cura. El año pasado filmé con Mariano Llinás, que es como un referente importante del cine actual. También va a ser una película como de siete capítulos, no sé cuántas horas va a durar… La peli anterior se llamó “Historias Extraordinarias” y la de ahora “La Flor”.

- Por suerte venís con un ritmo intenso de trabajo, tenés continuidad...
- Tranquilo, pero intenso también. La idea es ir creciendo. El cine es algo que yo no tenía muy claro. Es una forma de actuar totalmente diferente; tenés que aprender a actuar, tenés que aprender a olvidarte de la cámara y a no hacer tanto. El actor de teatro tiende a ser para afuera y a expresar; en el cine hay que saber expresar con menos, sin hacer tanto. Es muy difícil lo que voy a decir, pero con sentir lo que tenés que hacer ya alcanza y no tenés que ponerle mucho más. Hay que aprender a trabajar sutilmente y reconozco que eso me cuesta mucho. Yo tiendo a ser más grotesco o parodiador o enérgico, y en el cine se necesita otro estilo y otro matiz de actuación. Ya hablamos de teatro, de cine y ahora tenemos que hacer referencia a tu experiencia en televisión.

- ¿Cómo te sentís haciendo publicidades? ¿Cómo se abre este abanico? ¿Lo económico es un aspecto a tener en cuenta a la hora de escuchar una propuesta?
- En televisión tuve dos participaciones menores en un ciclo que se llamó “Televisión por la Justicia”, que iba por Telefé y dirigían Claudio Villarruel y Bernarda Llorente. Y después también, con un papel menor, en otra serie que se llamó “23 pares”, de Albertina Carri, que es otra directora de cine. Y la publicidad es algo que te da mucho dinero. El otro día escuchaba a una amiga que es actriz y leía una nota que le hicieron en Clarín. Ella decía que habría que rever cómo un actor de publicidad gana lo que gana y un médico... Como que hay un gran desfasaje. Es raro que un maestro gane 4000 pesos y un actor en un día gane mucho más, y no necesariamente tiene que ser famoso. Todo tiene que ver con el mercado, con las marcas... A mí siempre me interesó, pero había dejado de ir a casting y hace dos años empecé de nuevo y dije: “a no sentirse mal porque te va mal, porque fracasás...”. Dejar de lado como el orgullo, el malestar... Porque los castings son una instancia media tensa, patética. Tenés que hablar en un auto que no está, manejar un volante que no tenés, decir el texto mirando para adelante, hablarle a tu hijo que está atrás pero que tampoco está, hablarle a un loro que está al lado tuyo y esperar a que te responda, pero el loro no está, retar a tu mujer que está atrás, pero que tampoco está, y a su vez mirar para adelante para no chocar; y es todo como un hecho traumático en general para los actores. Pero entendí hace dos años que hay que superarlo y que no se pone nada en juego ahí; entonces hay que ir a los castings y si tenés tiempo, hacerlo. Y así empezaron a salir cosas. Y ahí salió esta publicidad de Claro que se divide en seis partes. El spot está dirigido por Sebastián Borensztein, que es el director de la ‘peli’ “Un cuento chino”.

- ¿Cuándo fue el casting?
- Fue en agosto del año pasado y filmé en octubre durante cinco días. Yo tengo una escena con un mono que es un chimpancé de 37 años, 1,70 metros y 82 kilos. Tuve que ir un día a conocerlo para que me huela... Como un ensayo.

- ¿De dónde sacaron el mono?
- Es un mono que ya viene trabajando en esto. La pasa mejor que muchas personas. Trabajaba en un circo y como ahora no pueden hacerlo más, está prohibido, cosa que festejo, trabajaba en publicidades, también estuvo en una serie de Canal 13. Entonces tuve que ir todo un día a entrenar con el mono.

- ¿Cómo resultó esa experiencia?
- Fue bastante intensa. Estaba muy asustado. Yo en el contrato había firmado que filmaba con un chimpancé, pero dije: “Será como Chita, me va a costar, pero lo voy a superar. A lo sumo andará colgada del cuello, ¿qué me va a dar impresión?”. "Esperalo", me dicen, mientras el entrenador me charla mucho tiempo. El lugar era como un descampado donde había estado un circo. Y cuando veo, era un ser humano caminando. Reflexioné un montón sobre eso. Tomé mate con él solo, caminamos juntos, me miraba, me prendía los cigarrillos; fue una experiencia media surrealista en un punto.

- ¿Cómo acomodás tus tiempos? Porque en la semana vos trabajás en el Teatro San Martín...
- Tengo una jefa que es muy buena onda, voy a castings a la mañana y hasta el mediodía, después me voy al trabajo y ensayo hasta las 2 de la mañana para la obra de teatro. Ahora estrené una obra que se llama “Enefecto”, que la hacemos con Clemente Cancela (exnotero y co-conductor de CQC) y la dirige Alberto Rojas Apel. Estuvimos ensayando un año y a lo último eran tres días por semana, y los sábados desde el mediodía hasta las 5 de la tarde. Estoy un poco a full, pero está bueno, me gusta.

- Leyendo tu currículum puedo contar no menos de 20 obras de teatro en las que participaste en distintos roles, no sólo como actor...
- Hice varias. Trabajé con Spregelburd, Matías Umpiérrez, Mariana Chabud, Lola Arias... Todos son directores muy representativos de la escena independiente.

- Es muy interesante lo que sucede con el teatro independiente en Buenos Aires. Hay una variada propuesta fuera del circuito comercial, ¿no?
- Sí, increíble. Y todavía no está muy valorado y no se le está dando desde las instituciones gubernamentales los subsidios y las políticas que el teatro independiente argentino necesita, porque genera mucho turismo cultural, y muchos directores de cine y televisión van a buscar gente al teatro independiente. La mayoría de los actores que uno ve en televisión como secundarios, que a uno le encantan y los empieza a amar, y todos dicen: “¿De dónde salió?”, vienen del teatro independiente.

- Sos productor, director, asistente, actor. ¿Qué es lo que más te gusta de todos estos roles?
- A mí lo que más me gusta es actuar. Pero en la obra que estrené no puedo evitar entrar a organizar cosas de logística; como hago prensa en el Teatro San Martín, tengo contactos con los medios, entonces hago que se difunda la obra por más que ahora va a tener una persona que se encargue de la prensa que no soy yo. No puedo evitar estar produciendo, gestionando… En mi vida privada soy igual. Al trabajar mucho tiempo en los festivales me dieron alma de productor. Son cosas que me gustan, me dan placer.

- ¿Con qué actores famosos o de trayectoria tuviste la oportunidad de laburar?
- Haciendo prensa en el San Martín, con mucha gente ‘grosa’. Bueno, de hecho con la muerte de Alfredo Alcón, que es una gran pérdida, no paré de laburar con los medios. Trabajé y tuve contacto con todos. Y después en el teatro independiente no trabajé con gente famosa mediáticamente, pero en el ambiente son talentosos, que trabaja mucho y son gente muy admirada por mí en muchos casos.

martes, 29 de abril de 2014

Un club de barrio, un sueño de Primera

Defensa y Justicia quiere subir, por primera vez en la historia, a la Primera del fútbol argentino. En Florencio Varela florecen las esperanzas y sobran las expectativas. Nuestro cronista nos cuenta esta historia y para eso, retrocede hasta principios del siglo pasado. No tiene desperdicio.

Por Pablo Tano para el colectivo marcha.org.ar

Hechos y sucesos históricos en el país. Década Infame. Bioy Casares y La Invención de Morel. Ferrocarriles Argentinos. Golpes Militares. Homero Manzi y su entrañable “Sur”. Perón y Evita. Revolución Libertadora. Un tal Pascual Pérez emerge en boxeo. David Viñas publica la novela Cayó sobre su rostro. Nace Aerolíneas Argentinas. Ley de Sufragio Femenino. La Argentina se consagra campeón del mundo en básquetbol. Educación “Laica o libre”. Rodolfo Walsh escribe Operación Masacre. Instituto Di Tella. Canal 7 y la primera transmisión televisiva. Reforma de la Constitución. Hernán Oesterheld crea El Eternauta. 

¿Y qué época atravesaba nuestro fútbol? ¿Qué espectáculo se veía? Las décadas del  ‘40 y ’50 en el fútbol argentino estuvieron marcadas por la hegemonía de River Plate. Primero con el revolucionario equipo que recibió el mote de La Máquina por el periodista deportivo de la revista El Gráfico Ricardo Borocotó; ese equipo ganó los títulos de 1941, 1942 y 1945. Luego, con más estrellas que aquella formación que selló un estilo y sembró admiración, también aparece El Millonario consagrándose campeón en 1952, 1953, 1955, 1956 y 1957, logrando el primer tricampeonato de su historia. 



Mientras tanto, en la década del ’30, en la localidad de Florencio Varela, en el sur del Gran Buenos, un grupo de amigos se lanzó a la aventura de fundar un club para, en un principio, buscar un lugar para jugar a las cartas, a la lotería y organizar asados, y que no sea el galpón de Don Eugenio Calvi. Enfrente, había un baldío con un auto abandonado y lo usaron para improvisar una cancha y así se armaron los picados de los sábados. Por eso, el nombre primitivo que les surgió fue Auto Viejo. Pero finalmente, el 20 de marzo de 1935, 13 soñadores se juntaron en la casa de Antonio Vives (empleado del correo) para darle origen al Club Social y Deportivo Defensa y Justicia. Nadie recuerda el por qué del nombre ni quién fue el autor. El fin iba tomando forma… 

Defensa y Justicia se fue transformando así en una de las instituciones más importantes de la zona en los años posteriores. Los bailes que organizaba convocaban a toda la comunidad, y en el aspecto deportivo los equipos de fútbol y básquetbol eran siempre candidatos al título en las Ligas zonales. Pero luego atravesó vaivenes económicos y fue perdiendo prestigio. La entidad necesitaba un cambio de rumbo. Y al final llegó. 

Unos cuantos socios que impulsaban la transformación del club y como bandera pretendían  que el fútbol sea su principal actividad y buscaban la afiliación en la Asociación del Fútbol Argentino, se reunieron con el entonces presidente Norberto Tomaghello, presentaron una solicitud y, después de confusiones, burocracia, temores y esperanza, el 20 de diciembre de 1977 la AFA, a través de su Comité Ejecutivo, decidió en forma unánime su aprobación para que jugara en el Campeonato de la Primera “D”, la categoría más modesta y amateur. Previamente a ese momento único y emocionante para los hinchas, el club organizó un baile en el salón “La Tranquera” para recaudar fondos y poner en marcha el proyecto, que incluía entre sus prioridades la selección de jugadores. 

¿Y el estadio? El por entonces intendente de Florencio Varela, el prefecto Hamilton, donó el terreno para construir la cancha. A partir de ahí, comenzaron los estudios de factibilidad de la obra, la nivelación del terreno, los trabajos de agrimensores, etcétera, para cumplir en tiempo y forma con el reglamento. Después de mucho esfuerzo, el 26 de febrero de 1978, una semana antes del campeonato, se inauguró el estadio “Libertador General Don José de San Martín”. El párroco Esteban Uriburu bendijo las instalaciones de El Halcón, apodo que nació en 1985, tomó el nombre y adoptó los colores amarillo y verde -dejando la original camiseta azul y blanca- de la empresa de transporte que tenía como dueño a Ricardo Pérez, también presidente del club. En la fiesta inaugural el invitado fue la Tercera División de Boca Juniors con algunos refuerzos del plantel profesional como Mario Husillos y Ricardo Gareca, entre otros. 

El día soñado

El 4 marzo de 1978 Defensa y Justicia debuta en el Torneo de la Primera D. Fue victoria por 2 a  1 ante Cañuelas. Con los sucesivos éxitos, el interés de los varelenses fue creciendo y los hinchas, ilusionados, llenaban las tribunas cada fin de semana. El Halcón siguió volando y ascendió a Primera C (1982) y a Primera B (1985). Un salto de calidad asombroso. En 1986, se produce una reorganización de los Torneos de AFA y Defensa sale beneficiado de un certamen reclasificatorio, que lo lleva hasta el Nacional B. En tan sólo 9 años, ascendió cuatro categorías. Meteórico.

Levántate y anda

Pero no todo fue color de rosa en la vida deportiva del club. En 1993 sufrió su primer y único descenso a la Primera B. Cuatro años después se levantó y una vez más retornó a la Segunda División del fútbol argentino, su lugar en el mundo.

En 2006, con gol de Ezequiel Miralles -hoy en Olimpo- venció a Morón en la Promoción y mantuvo la categoría. Lo mismo le ocurrió en 2010 y 2011, respectivamente. Zafó en la última fecha al ganarle a Unión por 2 a 0; un año después, el tanto de Emiliano Romero, en tiempo adicional, revirtió la historia ante Rosario Central y marcó una nueva hazaña. Defensa se resistía a bajar.

La mejor campaña de la historia la escribió en 2007. El equipo, dirigido por Ricardo Rezza, derrotó por 2 a 1 a Unión de Santa Fe con goles de Vacaría y Colombano, pero no alcanzó a consagrarse campeón de la B Nacional por diferencia de gol. Subió Olimpo.

 Horas dulces

El presente de Defensa y Justicia es por demás auspicioso, envidiable y sorprendente. Todo el ambiente del fútbol elogia al equipo dirigido por Diego Cocca. Sin figuras rutilantes, a pesar de contratar a 13 refuerzos al comienzo de la temporada, ninguno tiene pergaminos trascendentes. “El equipo arrancó ganando la primera fecha y no se bajó más. Los jugadores se adaptaron rapidísimo y nos demostraron que se bancaron la presión. La verdad es un grupo espectacular”, describe el joven entrenador, que reemplazó en el cargo a Jorge Almirón hace nueve meses.

Cuando Cocca debutaba en Primera División, nacía un tal Juan Martín Lucero, hoy el goleador del único líder del Nacional B y del torneo con 21 conquistas. El DT, que pregona e inculca el buen trato de pelota, la posesión y el juego asociado, es un admirador del Barcelona que conducía Pep Guardiola, a quien pudo conocer e intercambiar algunos conceptos en un viaje de aprendizaje a Europa antes de que éste emigrara a Alemania. "Me acuerdo que me di el gusto porque ya se hablaba de si Guardiola renovaba o no en el Barsa. Le dije a mi mujer que quería ir a verlo antes de que se fuera y tuve la suerte de decirle esto, que aplaudía al ver a ese equipo. Fue una satisfacción personal enorme”, contaba en una nota con el diario Olé.

“Defensa es un equipo digno de ver, hay que ir a verlo porque contagia. Los hinchas están entusiasmados y es porque algo transmite. Eso significa que estamos haciendo bien las cosas”, sostiene el ex defensor de River y con un paso como técnico por Godoy Cruz de Mendoza y Huracán.

Si bien falta mucho para el final del campeonato, algo así como siete fechas para alcanzar la gloria, también lo que se ve es que el andar de Defensa se consolida cada día más. La última derrota fue hace seis jornadas frente a Boca Unidos. De 35 partidos jugados, ganó 18, empató 12 y sólo perdió 5. Tiene ¡58! goles a favor y está segundo en ese rubro.

El Halcón vuela y vuela hacia la cima de una montaña llamada ascenso. Cuando más alto llegue, más cerca estará de lograr el objetivo anhelado: “anidar” en la elite por primera vez en su corta historia. Y seguro que cuando se concrete el sueño todo Florencio Varela volverá a bailar en el salón del club. Porque el pasado nunca se olvida y tampoco se entierra.-

viernes, 28 de marzo de 2014

Juego clásico

Una prueba lo depositó nada menos que en Casa Amarilla, el semillero de Boca Juniors, cuando apenas tenía 13 años. Debutó con la azul y oro en el año 2005. Se había formado en Huracán, y desde el campo eterno de Claudio Molina hasta su presente como entrenador en las lejanas tierras del Partenón, el camino futbolístico de Juan Marcos Forchetti describe una historia que vale la pena conocer. En exclusiva, desde Grecia, con “El Periodista”.

Por Pablo Tano

Inmensidad. Zona rural. Estación ferroviaria Claudio Molina. Campo. Bello y extenso granero. Silos. Atardeceres largos y hectáreas propicias para elegir un buen lugar para patear al arco. Así, hasta los 7 años transcurrieron sus días. La escuelita, otro pretexto para despuntar el vicio de la pelota y hasta que el guardapolvo quedara negro. Pero el placer y el goce de disfrutar pateando una pelota hasta que sonara el timbre para ingresar al aula, lo recordará como parte de una infancia llena de paz y libertad. El protagonista de esta nueva historia que rescata “El Periodista” es Juan Marcos Forchetti, quien se formó en Huracán de Tres Arroyos y a los 13 años, luego de una prueba, comenzó a edificar su sueño en Boca Juniors (2003). También jugó en Estados Unidos y Grecia, donde culminó su carrera como futbolista para dedicarse a la función de entrenador personal a los 32 años. El ex defensor hace de nexo entre el cuerpo técnico y el cuerpo médico.

¿Qué recuerdos tenés de tus inicios en Huracán de Tres Arroyos?
Los mejores. Fue mi segunda casa desde el primer día que me anoté en la escuelita de fútbol del club. Hace poco estuve en Tres Arroyos y lo primero que hice fue ir a recorrer el club. Me puso un poco triste ver las instalaciones en el estado presente. Si un error cometí en mi corta carrera futbolística fue el haber negado el ofrecimiento que se me hizo para volver a jugar cuando el club estaba en Segunda División. Es algo que me quedó grabado. Igualmente, creo que tarde o temprano tendré la oportunidad de devolver todo lo que se me dio.

¿A quién tuviste de entrenador?
Mi primer y único entrenador fue Marcelo Méndez. Tuve la oportunidad de entrenar un par de veces con la Primera División, la cual en ese entonces la dirigía (Alejandro) Barberón.

¿Fuiste a una prueba a Buenos Aires o te vieron en algún amistoso?
Fui a una prueba a Buenos Aires. Ahora si me vieron en algún amistoso no lo sé.

Casa amarilla

El exitoso descubridor de talentos Jorge Bernardo Griffa, quien lo seleccionó, lo definió como “un tiempista excepcional". Fue el primer juvenil al que el profe Oscar Tabárez hizo debutar en el verano del 2005, en Mar del Plata, ante Gimnasia y Esgrima La Plata.

¿Recordás la cifra que pagó Boca para seducirte y llevarte a Casa Amarilla? ¿Qué edad tenías?
Boca no pagó ninguna cifra para seducirme. El solo hecho de que te pretenda una de las instituciones más grandes del mundo ya es por sí sola una motivación. Se firmaron convenios entre las partes, nunca tampoco tuve el conocimiento real de lo que fue pactado. Tenía 13 años.

Sueño cumplido

¿Vivías en la pensión cuando llegaste o tenías casa?

Se me dio lugar en la pensión. Primeramente fue en el Parque Sarmiento y luego en Casa Amarilla.

¿Cómo era convivir en la pensión con tantos chicos de distintas provincias?
Siempre tenemos esa charla con mi madre. Fue el hecho que cambió mi vida para siempre en todo sentido. Te desprendés de muchísimas cosas y aprendés a rebuscártelas solo; madurás más rápido porque la situación lo requiere y construís tu carácter. Vivíamos en piezas de a 4 chicos con las comodidades básicas para poder, no sólo rendir en el deporte, sino en la formación educativa, parte importantísima en el atleta o deportista.

¿Qué te dejó como aprendizaje un club tan prestigioso?
Después de mi familia e infancia, fue la base para lo que soy ahora.


Trotamundos


¿Qué me podés contar de tu experiencia en la Major League Soccer (MLS) de los Estados Unidos?
En esos años no era tan común irse a jugar allá. El campeonato recién estaba creciendo. Fueron 10 meses de muchas cosas nuevas, situaciones que afrontar, gente nueva con la que relacionarse. Conocer culturas nuevas es algo que siempre me sedujo. En lo que respecta al fútbol, formé parte de un grupo interesante: Clin Mathis, Ricardo Clark, Bradley hijo, Tim Howard, Amado Guevara, y como DT, Bob Bradley, con el cual podríamos haber hecho cosas importantes a nivel local pero no se le dio tiempo al grupo. Terminé mi préstamo y volví a Boca.

¿Tuviste de compañero a algún argentino?
A José Galván y Silvio Dulcich; jugábamos juntos desde que llegué a Boca.

¿Qué fue lo que más te sorprendió de Nueva York? 
El cosmopolitismo con todo lo que eso conlleva.


Buzo de entrenador

¿Qué función cumplís actualmente como entrenador personal? 
Soy entrenador personal con especialidad en fútbol de alto rendimiento, abarcando entrenamiento en campo cerrado y abierto (físico, mental y visual). Hago de nexo entre el cuerpo médico y el cuerpo técnico. Por ejemplo: adaptación al grupo de alguna incorporación, entrenamiento re adaptativo después de una lesión antes de volver con el grupo, etcétera.

¿Cuáles fueron los técnicos que más te marcaron?
Es difícil decir quiénes porque siempre, cualquiera sea el entrenador, algo te deja. El tema es saber recibir el mensaje, estar atento y predispuesto a aprender.

¿Qué es lo que más te gusta trabajar con el jugador: la parte táctica o humana?
Todo en conjunto. No podemos negar la realidad que el jugador de fútbol es una persona común y corriente, más allá de que se lo vea metafóricamente como un semi dios o ídolo; entonces trabajar funcionalmente sería lo correcto. Es decir, estimular todas las capacidades del ser humano.

¿Qué importancia le das al aspecto psicológico del futbolista?
Los griegos de la antigüedad tenían el siguiente proverbio: mente sana- cuerpo sano.


Experiencia antigua
¿Cómo recaés en Grecia?
Estaba en Santamarina de Tandil y un ex-compañero llegó a un club de Atenas, de Segunda División (PAE Egaleo 2009). Después de 6 meses nos ponemos en contacto y el club buscaba refuerzos; vine a ver cómo era todo y en una semana decidí trasladarme para Grecia.

Para el que está afuera y lee los diarios y mira la TV, Grecia está recién ahora saliendo de una profunda crisis económica y social, ¿cómo lo viviste vos desde adentro, en la cotidianeidad? 
La televisión muestra lo que quiere y cuando quiere, manejada por intereses ajenos a los de cada sociedad. La crisis hace mucho que es, mundialmente, espiritual y no económica.

¿Te costó la adaptación a otra cultura e idioma?
Como dije, siempre estoy predispuesto a conocer gente y lugares nuevos. En esta oportunidad poder estar y hablar el idioma de semejante civilización es algo muy fuerte.

¿Cómo podés describir la ciudad donde vivís con la historia que tiene?Es un lugar especial a mi manera de ver las cosas. El padre de la medicina moderna nació aquí mismo y otras grandes personalidades de la Grecia antigua.


El baúl de los recuerdos

¿Pensás en algún momento de tu vida regresar a Tres Arroyos?
Nunca sabés que te depara la vida. Trato de vivir a full cada momento, cualquiera sea el lugar donde esté. Obviamente que a ‘Tresa’ volveré…

¿En qué barrios vivías?
Vivía en el campo, en Claudio Molina.

¿Compañeros que recuerdes de tu paso por Huracán?
La verdad es que si me pongo a recordarlos podría nombrarlos uno por uno y con cada uno hasta podría describir un instante fuera o dentro de la cancha.-

jueves, 19 de diciembre de 2013

Chica de tapa

Canal 9, Disney, Non Stop, Encuentro, Paka-Paka, Editorial Sudamericana son nombres que constituyen marcas registradas en la televisión argentina e internacional, y en el competitivo mundo editorial. La diseñadora gráfica tresarroyense Verónica Lara, residente en Buenos Aires, ha trabajado para esos grandes de la industria cultural y del entretenimiento, y en exclusiva para “El Periodista” compartió su rica experiencia. Un testimonio único, que incluye su audaz mirada sobre la televisión y sus contenidos.

Por Pablo Tano

Joaquín, de 1 año y medio, duerme en su cuna. Tomi, de 4, juega con Cali, su papá, después de darme la bienvenida con un “¡cabeza de cebolla!” Está todo el escenario listo. La Verónica versión mamá prepara unos mates, me recibe con una torta de limón y ofrece, entre varias opciones, un té, propuesta que acepto.

La cálida casa de Olivos, en donde la diseñadora gráfica tresarroyense, egresada de la UBA y con una maestría en Diseño Comunicacional, vive con sus dos hijos y su pareja, con quien trabaja en equipo en el estudio que llamaron “Hernández + Lara Diseño Gráfico”, es un ambiente ideal para comenzar una charla cordial, descontracturada, con jugosas anécdotas y otros tantos recuerdos que rozan la nostalgia y recorren el túnel del tiempo. Canal 9, Disney, Zapping Zone, Canal Encuentro, Paka-Paka, Editorial Sudamericana, entre otros trabajos, aparecen en el camino desandado por la profesional.

- ¿Cuándo emigraste de la ciudad y hacia dónde? 
- Me habré venido en el ’95 cuando terminé la secundaria. Acá en Buenos Aires estaba Marina, que es mi hermana mayor. El primer año vivimos en una pensión en Palermo. Arrancamos ahí para ver cómo te sienta Buenos Aires. Mi hermana ya hacía un año que estaba acá. Ahí arranqué el CBC de Diseño. Fue el CBC más largo del universo. Me llevó dos años más un curso de verano y agradezco a Dios y a María Santísima que nos dijeran que podíamos ingresar con, no sé… Matemática previa. Igual la di en un curso de verano, pero ahí te das cuenta a veces cómo estudia uno o cómo fue el método de enseñanza o cómo vos lo absorbiste; era un tronco.


- ¿Cómo fue la adaptación a la Ciudad de Buenos Aires?

- No sé si tanto me costó la parte de estudio, sino adaptarme a la ciudad y a la FADU. En Ciudad Universitaria eran millones de personas y lo que más extrañaba eran mis amigas. La cosa de barrio de Tres Arroyos que siempre conocés a alguien…

- ¿Ninguna de tus amigas venía a Buenos Aires?
- Nadie. Iban a La Plata, Mar del Plata, Bahía… No tenía a la mejor amiga acá. Tenía conocidas, entonces estaba como sola. Y costaba mucho y eso que a mí nunca me costó armar vínculos con gente, charlar y entablar relaciones. Así que los dos primeros años fueron difíciles. Después nos mudamos a un departamento, vino Jassia (N. de la R: su hermana menor) y vivimos un año todas juntas. Y con ella tengo mucha menos diferencia de edad, tenemos amigas en común y yo ya tenía más vida social. Olivos tiene esa impronta de barrio, ¿no? Claro. Y por suerte teniendo a la familia política acá cerca, esta cosa de ir al supermercado y ver a alguien conocido. Esa sensación de que Buenos Aires es tan grande que caminás y nos ves a nadie, al principio me dio mucha angustia. Pero como acá es más barrio, siempre voy a la plaza donde nos encontramos con las madres del jardín, al chino ya lo conozco, al carnicero también, el del kiosco… Se armó como un barrio que está bueno porque también te lo da la familia. Pero bueno, no quita que no me quiera ir igual. A nosotros nos gusta mucho el río, salimos a correr. El contacto con la naturaleza para nosotros es importante y vivo en un lugar relindo donde hay verde. Está como esta cosas de querer moverte de un lugar donde puedas disfrutar más de la naturaleza. Hay como una idea de irnos. Como el trabajo está en casa, se hace todo por Internet, la verdad que podés llegar a viajar a Buenos Aires o al lugar que necesités. Ahora estoy trabajando con gente que está afuera; tengo un cliente que es argentino y vive en Londres y trabajo con él sin problemas y ni lo conozco. El trabajo yo me lo llevo en la compu. La idea sería hacer crecer esto como para poder estar en cualquier lugar.

- ¿Cuál fue tu primer trabajo en capital?

- En el segundo año yo ya empecé a trabajar porque sólo me bancaron el primero. A los 18 años arranqué y no paré. En mi primer laburo sacaba fotocopias, armaba originales. Era una casa de fotocopias de diseño. Está bien, pero de a poco te fuiste acercando a lo relacionado con tu carrera...
Claro, con estos amigos que uno va conociendo, que les va comentando que uno estudia Diseño, me hicieron un contacto y me consiguieron ese trabajo. Habré trabajado ahí dos años y renuncié. Después estuve un par de meses sin laburar que me ayudó mi mamá. No estaba cómoda. Después me fui a una fábrica que hacía inflables para las canchas de fútbol. Tipo los inflables que observás en los recitales de AC/DC; eran pelotas de Coca-Cola. Trabajé en la parte de Diseño. Armaba desde catálogos hasta trabajar con los chicos de la costura y de la impresión. Estuvo buenísimo. De ahí me echaron en la época del menemismo, la fábrica quebró, pero me pagaron todo en cuotas y es el día de hoy que me sigo tratando con el dueño. Estuve un par de meses en la crisis del 2000, 2001. Después trabajé en una petrolera, Sol Petróleo, de recepcionista. Y lo que tenía de bueno es que ahí metí mucha materia teórica. Yo tenía 22, 23 años. Atendía por teléfono y el tiempo te daba para avanzar porque la carrera, que son cuatro años, tiene mucha materia anual y no podemos meter más de dos, tres materias anuales porque no te da el tiempo para hacer las prácticas. Entonces hacía cursos de verano porque en el laburo podía leer.

- ¿A esa altura todavía seguías con la idea de diseñar afiches de películas?
- No, ya para esa altura no quería hacer afiches de películas, sino que deseaba trabajar en televisión. Como ya había tenido materias en las cuales empezaba a animar en tele para la facu, dije: “Quiero hacer dibujos animados, esto está re bueno”. Y bueno, por intermedio del amigo, del amigo de mi amigo, me entero que están buscando gente en Canal 9 para trabajar en la gráfica del aire del canal. Bueno, tengo una entrevista y yo manejaba de los cuatro programas de diseño que se utilizan, sólo dos, y me dicen que tenía que saber Photoshop y yo no tenía ni idea. Yo usaba el Illustrator, era como una genia de ese programa; como el Corel. Y bueno, tengo un fin de semana intensivo con un amigo que me enseñó a usarlo, hablo con el que sería mi nuevo jefe y le digo: “mirá, el programa yo lo aprendo, el trabajo me interesa, te propongo tomarme dos semanas de vacaciones de mi otro trabajo y si te parece que ando bien, yo renuncio y vengo”. Pero era empezar con el monotributo, dejar otro trabajo en relación de dependencia después de dos años, donde estaba cómoda, me pagaban bien, estaba media acomodada saliendo en el medio de la crisis. Dije, bueno, de última arriesgo las vacaciones, era un trabajo a diez cuadras de mi casa, yo iba en bicicleta, vivía en Palermo y el horario era de mañana. Estaba bueno y se armaba un grupo lindo. A la semana empiezo a laburar, pero antes voy a la petrolera y renuncio. Ahí en Canal 9 trabajé un año. Y en el ínterin un amigo del amigo de mi amigo, un editor, me dice que tenía una amiga que trabajaba en una productora que laburaba para Disney. Ya me iba acercando al dibujo animado que era lo que me gustaba.

- ¿En Canal 9 qué tareas realizabas?
- Trabajé haciendo gráficas para (Antonio) Laje, infografías. Por ejemplo era la época del asesinato de (María Marta) García Belsunce. Yo tenía que animar cómo fue el recorrido de la mujer en bicicleta por todo el country hasta que llegó a la casa, a quién visitó… Era un plano ilustrado. Lo mismo que ves en los diarios, pero en este caso animado para la tele. Es como contar un cuentito. Después hacía placas animadas de información, ya sea de famosos, que fulano se separó de mengano, o cómo fue el robo del siglo y explicabas por dónde entró el ladrón… Tenía una parte de espectáculo y otra de noticias. Y a veces trabajábamos para el noticiero, y ahí es como que me empecé a desasnar de cómo era la tele. No sé, por ejemplo decían “avalancha en Bariloche” y veía las imágenes que eran impresionantes. Entonces pregunto, ¿cómo hizo el camarógrafo? Qué bueno. “Bueno, agarramos una imagen de la película ‘Avalancha’, la mechamos un poco…” Yo dije: no puedo creer que me estén armando las noticias de esta manera. Fatal.

- ¿Alguna anécdota que recuerdes de laburar en algunos de los programas?
- La parte más divertida y la mejor fue la época de (Marcelo) Polino, con Zap.

- Dos tresarroyenses laburando juntos...
- Sí, pero yo ahí era como muy tímida, jamás le hablé, pero fui al casamiento de la enana (risas). Hacíamos todas las gráficas de Zap. Era buenísimo. El programa era un golazo. A veces iba al piso y miraba el programa cuando me dejaban. Armaba las historias de fulano con mengano, las aperturas, la pelea de Guido (Süller) con Jacobo (Winograd)… Esa estuvo genial y fue muy divertido.


- ¿Después trabajaste también en Non Stop?
- Me contacto con un amigo que me mete acá. Es una productora muy grande que trabaja con Fashion TV. Tiene como varias ramas y en esa época tenía la parte del fútbol; filmaba todo lo que cubría Torneos y Competencias, todo lo que eran partidos de la A, fines de semana. Después tenías la parte de Disney y la parte de cable con canales de moda, otro de cultura y tenías PyE, Política y Economía, que era otro espectro. Esa productora tenía contactos en distintos canales y yo entro a trabajar en un programa que se llamaba Zapping Zone -ahora creo que lo levantaron, no está más-, y que era un producto como ‘Hola, Susana’, pero para adolescentes. Tenía juegos, los chicos llamaban, pasaban series y era un estudio montado para un programa que iba de lunes a viernes, duraba dos horas e iba para toda Latinoamérica, para lo que es la Argentina, todo el Cono Sur, Brasil y México. El formato se hacía acá en la Argentina, había como 70 personas laburando y los que cambiaban era sólo los conductores. Y nosotros armamos la gráfica para toda la región. Yo entré y al año a mi jefa la ascienden y Non Stop se muda y arma como un departamento de gráfica separado y me deja a mí como coordinadora del Zapping y quedé a cargo de cinco, seis personas, depende el momento del año. Armábamos todo los paquetes gráficos para adentro, que para chicos es tener la misma base y después la vas variando. Diseñábamos los juegos junto con la gente de producción y guión, y le dábamos una bajada estética. Una apertura de programa, partidas de micro, especiales de H, de Navidad… Y también había especiales de música donde hacíamos la postproducción gráfica arriba del video. Esto iba rubricado con todos los gags de producción conocidos en los medios en ese momento. Fue muy bueno. Ahí estuve cinco años, en el Zapping. Y el último año, 2005, me voy al año siguiente. Le pedí un cambio y la productora armó con un departamento de gráfica gigante, donde había gente con 3D, profesionales, ilustradores. Era un equipo de 10, 15 personas. Estaba re bueno. Y ahí ya trabajé con otro perfil. Non Stop hizo contrato con Sony y vino Latinoamerican Idol, y me pusieron de coordinadora de toda la postproducción del programa, que era un reality show.

- ¿Ahí que función específica desempeñabas?
- Tenía que hablar con el cliente, ir a ver los shows. Estuvo muy bueno, fue una época de glamour. Eso lo hicimos dos años. No es que yo ya trabajaba para Disney, sino que le facturaba a Non Stop. Venía un tipo y quería hacer una película y ahí también hice títulos para cine, las aperturas. Fue una etapa muy buena. Me fui en el 2006, 2007. Viste cuando uno quiere crecer… Ya ni siquiera te importa tanto si te dan o no plata, la situación ya no estaba tan bien y le dije a mi jefe: “me quiero ir”. Me llamó el dueño, intentó convencerme para que me quedara, pero no resultó.

- ¿Cuándo arrancás en el “mundo” freelance?

- Después me puse en contacto con amigos con los que ya venía trabajando, me compré una máquina y ahí me convertí en freelance para Canal Encuentro, que recién arrancaba. El primer ciclo en el que laburé se llamó Horizontes Lengua, que era Lengua y Literatura para chicos de primaria de escuelas rurales. El trabajo consistía en ilustrar y animar cinco extractos de cuentos. Claro, era el sumun de la belleza, lo que yo quería hacer, con el estilo que yo quiera. Me tocó trabajar con una directora que se llama Lorena Muñoz, que es documentalista, tiene un montón de películas y confió en mí desde el principio. Hicimos los dos primeros capítulos y con los 24 que faltaban me dijo que haga lo que quisiera. Fue un laburo muy intenso y la proporción era: me pagaban poco, pero el laburo era re bueno y el trato era excelente. Entonces, a veces, cuando uno tiene un trabajo, tenés que evaluar esas cosas. A veces te pagan muy bien, pero el trato es una mierda. Yo siempre pongo esas tres cosas en la balanza. Ese era un trabajo que me iba a foguear mucho y me iba a dar un pantallazo de estéticas de diseño y de ilustración. Y ahí conocí mucha gente que estaba en el palo de edición, y músicos con los que en la actualidad, con algunos, sigo trabajando. En ese trabajo duré como un año. Con esa misma productora, trabajé para Paka-Paka. Ahí armé dos programas: uno de Historia y otro de Geografía. Yo trabajaba para una productora, pero no le facturaba al Estado. Siempre adentro del ambiente que a mí me gustaba, como eran la cultura y educación.

- ¿Cómo es laburar para Disney?

- Lo que te pasa cuando laburás para Disney, es que es tan grande y monstruoso, y tiene una bajada de línea muy fuerte en la comunicación, que hace que vos como padre cuando mires tele te vas a dar cuenta. A ver, yo sé que es cuidada la imagen, no le va a enseñar nada malo, pero es complicado. Y vos después mirás Paka-Paka o Encuentro y es otra cosa.


- ¿Recordás un ejemplo de esa típica bajada de línea?
- Sí. Estábamos haciendo notas de deportes y uno de los chicos tenía una vela de windsurf con la leyenda “No a la guerra”. Entonces tuve que hacer un trackeo y pintarle toda la vela durante los dos minutos de nota porque en Disney no hay guerra, no existe la guerra. En Disney no hay guerra y no hay sexo. Para San Valentín había que tener cuidado con las palabras. Porque capaz que la palabra romántico te daba sexo entonces ya estábamos en problemas. Era una línea finita por donde trabajar.

- Y ya como independiente, ¿cómo conseguís un cliente de la importancia de Editorial Sudamericana?
- Por un contacto logro tener una reunión en la editorial, en Random House Mondadori. En la primera reunión no pasó nada, les pasé un presupuesto y no me contestaron. Dejé pasar un tiempo, y como a los diez días, les vuelvo a pasar un presupuesto diciéndoles que estaba interesada. Y me contestan: “te interesa, bueno, te lo damos”. Empecé haciendo una revista de novedades editoriales. Ahí cobraba 1000 pesos por mes sin hijo. Y eso llevó a ¿te animás a hacer un aviso? ¿te animás a hacer esto? Y de repente el departamento de marketing empezó a crecer y hasta el año pasado hacíamos el 90 por ciento de la gráfica. Las campañas, los booktrailers, de todo. Muchísimo laburo. Editorial Sudamericana es un sello argentino y hace algunos años la compró RHM; RH es yanqui y Mondadori, italiano. Es como el Disney, pero de la editorial. Yo ahí ya me asocié con Cali. Porque con el embarazo no iba a poder meterle muchas horas, no sabía cómo me va a pegar... Y me empezaron a dar eventos como la Feria del Libro, que es marzo. Ese mes para mí es como una locura. Hacés libros, hacés tapas, hacés presentaciones…

- ¿Cómo es la relación laboral con tu pareja?

- El primer año nos matamos. El fue docente durante diez años en la FADU y estaba acostumbrado a tratar con chicos de 18 años. Está acostumbrado a dar un discurso y a decir lo que hay que hacer. Y yo, durante cinco años fui coordinadora. Igual yo para trabajar siempre soy muy tranquila, trabajo con música, a veces con auriculares… No somos de hablar mucho. Tenemos una reunión a la mañana después de desayunar con los chicos, llevarlos al colegio y cuando volvemos a casa cada uno tiene su actividad.

-¿Cómo distribuyen los roles?- Fueron cambiando. Al principio diseñábamos los dos y después, cuando nacieron los chicos, en algún punto yo dejé de trabajar más horas. Antes laburábamos 8 horas los dos, y ahora yo trabajo 5. Los días que viene la niñera compenso las horas que me faltaron. Ahora también hablo con el cliente, la parte de la facturación, organizar el trabajo, más que nada la coordinación. Y Cali hace todo lo que tiene que ver con la dirección de Arte, es como la parte creativa. Diseñamos los dos, pero él está sacando todo el trabajo. Y cuando las papas queman nos ponemos los dos y chau. Pero también hay que estar con los chicos para después tener orden. Que vos seas independiente no quiere decir que trabajes toda la noche. Cali toda la vida fue independiente y ya venía con el vicio del negrero. Arranco a las 8 y hasta que él no llegara a las 12 de la noche, seguía quemando. Y vos tenés que saber cuánto tiempo te lleva hacer una nota como a mí hacer una revista. Organizar el trabajo para después también tener una vida en familia. Tener el tiempo para salir a correr, si no, no tenés ni tiempo para hacer las compras, charlar con tu chica, bañar al bebé tranquilo… Hay que encontrar espacios. 


- ¿Qué fue lo que te sorprendió del mercado infantil de libros?
- Tenés de todo. Una cosa es cuando vos trabajas porque el otro tiene que vender y yo laburo, y otra cosa es lo que yo quiero que mis hijos consuman. Yo para Disney ya laburé, ahora estoy haciendo unas cosas para la Turner y es lo mismo. Vos decís, quién mira estos programas. Cada porquería. Por ejemplo el más grande, Tomi, muere por Spiderman, pero trato que Batman no entre a casa. Y como estoy atravesada por el diseño, los libros que les compro tienen ilustraciones que están buenísimas. Filtro mucho el material que llega a casa. El Sapo Pepe no entró a mi casa, ¿entendés? A la casa de la abuela sí, pero ella que haga lo que quiera. Mirá, a mí me copa una mina que se llama Magdalena Fleitas. Ese libro lo diseñamos nosotros, están los chicos en la tapa… Es como música latinoamericana, mucha percusión. Igual que Luis Pescetti, Mariana Baggio… En los jardines también lo están escuchando mucho. Tenés desde Adriana y Ruidos y ruiditos. A Tomi, el más grande, le compro pelis pero no le pongo las tandas que son quemadoras; y al chiquito instrumentos de música tipo tamborcito, toc-toc…

- Bueno, para cerrar un poco sobre lo laboral, ¿qué reflexión hacés hoy tomando en cuenta desde que empezaste con esta profesión?

- El ciclo que fui cumpliendo, y ahora lo estoy haciendo con Cali, desde empezar a hacer afiches de películas y pasar a hacer peliculitas y dibujos animados, y meterme en el mundo editorial y disfrutar, hacer tapas, campañas para cómo vender un libro que son los booktrailers ahora; todo eso, de haber pasado de hacer páginas web hasta aviso de infografías, esto que decís que nunca lo voy a mostrar. Hacer cosas que fueron realmente interesantes, y meternos hace seis años en el mundo editorial, en el mundo de la cultura. Me gusta trabajar con gente que me trate bien, alejarme de la gente media tóxica… No lo digo de la cosa langa de “hay, yo elijo a mi cliente”, porque a veces es difícil, pero la verdad que los tres, cuatro clientes que tengo me tratan bien, me pagan, me respetan. Vos pensá que yo trabajo en mi casa y nadie me llama después de las 6 de la tarde. Eso también habla de cómo uno responde en el trabajo en tiempo, en calidad… Y eso para mí vale oro. Trabajé fines de semana, feriados, a la noche, muchas veces sin dormir hasta las 3 de la mañana para hacer una entrega… Y ahora está bueno trabajar más ordenado, trabajar con mi pareja y estar con él como socia, y a las 6 de la tarde cortar y que sea el padre de mis hijos y poder disfrutarlos en familia. Estoy feliz. En ese sentido no puedo pedir más. Me encantaría ganar más plata, pero no elegí la carrera para ganar más plata. Mirá, me pude comprar mi casa…-

viernes, 29 de noviembre de 2013

River, Ramón y el exitismo fagocitante

Abatido, vulnerable, endeble. Así se lo notó a Ramón Díaz en la conferencia de prensa que brindó este martes en el predio de Ezeiza. Su rostro adusto y algunas de sus palabras no hicieron más que confirmar la evidencia de la presunción.

“En ningún momento vine para hacerle daño al club. Quiero que los chicos crezcan. Al final del campeonato voy a ver si sigo o si me voy”, sentenció. Claro mensaje. Y no era demagogia o ironía, cualidades que suele mostrar el Pelado y que son un sello de su estilo. Aunque se sentará a hablar con la próxima dirigencia, el ciclo parece tener un final impensado.

El riojano ganó ¡12 títulos! con el Millonario, 7 como entrenador y 5 como jugador. Es el más ganador de la historia del club de Núñez y la gente clamaba su regreso desde hacía tiempo, reclamo que se profundizó cuando llegó el descenso y se hizo esperar. Y después de ¡11 años! hoy es cuestionado junto a la cúpula dirigencial y los jugadores, por sobre todo.


El exitismo del hincha volvió a fagocitar en tiempo fugaz la figura de una gloria riverplatense que tanto le dio a River: un año, dos torneos, una temporada, bastaron sorpresivamente para que se replanteé su continuidad. Sí, en tan sólo ese lapso los reclamos fueron cada vez más agudos, genuinos, populares y también… no tantos en un contexto político inminente por las próximas elecciones, enardecieron las almas. Pero hay que decirlo. Este factor no hace más que hacer mella sobre lo deportivo sin importar nombres, historias, estrellas. Aunque de la boca para afuera algunos candidatos, como Antonio Caselli y Carlos Ávila –exdueño de Torneos y Competencias-, aseguran que “Ramón es un ídolo de River y si nos toca ganar seguirá siendo el entrenador”.

¿Y Passarella dónde está? Un presidente ausente, otra gloria del club de Núñez que no salió nunca a respaldar al entrenador. En esta ocasión, ni siquiera se encuentra en la Argentina. Está en Italia porque por estos días se cumplen 15 años de la muerte de su hijo Sebastián y tendrá una audiencia con el Papa. Pero más allá de los datos informativos, nunca bancó al Pelado, el DT que él convenció para que vuelva y hoy duda en continuar en su cargo aunque le haya renovado el contrato por dos años más por una cifra que oscila los $20 millones de pesos para todo el cuerpo técnico. Insólito. Un sueldo desorbitante cuando trascendió en las últimas horas que se le deben cinco meses de salarios al DT, el ayudante, el preparador físico y el médico. Ah, pero Díaz aclaró la semana pasada que “nos vamos a sentar a conversar con el próximo presidente para que él ponga el número que crea conveniente”. Mientras, a su lado, su hijo Emiliano asentía y reconocía que muchos hinchas y parte de la prensa lo vive criticando y lo hace responsable de algunas decisiones.

En cuanto al plantel, el único de los jugadores que salió públicamente a respaldar a Ramón fue el arquero Silvio Barovero, quien este miércoles en conferencia de prensa, consideró: “Para nosotros es un orgullo tener al técnico más ganador de la historia de River. Por lo que fue como jugador y como técnico, deseamos que siga con nosotros”. ¿El resto? Ni siquiera Menseguez, -"resucitado" gracias al riojano- usó el teléfono para llamar a algún periodista/amigo para pedirle que le dieran algunos minutos al aire para bancarlo?



Contrataciones erróneas como las de Fabbro, Ferreyra y Menseguez; planteos tácticos equivocados y manotazos de ahogado buscando la salvación en algún juvenil como Andrada, Simeone o Kranevitter, fueron un combo letal para mirar la tabla de posiciones y ver reflejado la pobrísima actualidad en el Torneo Inicial: 17º, con 4 partidos ganados, 5 empatados y 8 perdidos. Los mismos números que Olimpo, que hoy es el equipo con el peor promedio de la Primera División. Y a nivel internacional, la temprana eliminación de la Copa Sudamericana.

Tolerancia cero es la sensación que se respira por los pasillos del estadio Monumental. Crispación, descontento, ira, bronca, agravio, incertidumbre son todas las reacciones que muestra el hincha desde hace varios meses. Es tal el grado de impotencia/violencia que no se salva ni un ídolo como Ramón Díaz, aunque las críticas más fuertes recayeron siempre en Passarella y ahora, Emiliano. “Que se vayan todos”, volvió a sonar como si fuera una bandera política-social. El exitismo en estado más puro y la exacerbación del hincha fanático en su manifestación más cruel e ingrata. En el fútbol nunca hay tiempo. Siempre es tarde. Son las reglas del juego. La idiosincrasia de un país tiene su paralelismo en un fenómeno social tan masivo como este. Y suele ser demasiado peligroso…

jueves, 14 de noviembre de 2013

¿Nuevo rumbo para el deporte cubano?

En los últimos días, el Consejo de Ministros de Cuba aprobó una resolución que permitirá a los deportistas de alto rendimiento de la isla emigrar a clubes del exterior, convertirse en profesionales y sólo tener que rendir cuentas al Estado con un impuesto de acuerdo a sus ganancias. A la inversa de lo que ocurrió durante casi medio siglo. El objetivo de fondo es evitar las “deserciones” de figuras internacionales como viene sucediendo en el último tiempo cuando las distintas delegaciones viajaban a competir a torneos internacionales y, muchos de ellos, no sólo que no regresaban, sino que hasta lograban obtener otra nacionalidad y ya no representaban más a su país, disconformes con el régimen.

La información fue confirmada por el diario oficialista 
Granma y comenzaría a regir desde enero próximo. “Se busca generar fuentes de ingresos” “incrementar los salarios de manera gradual” de los deportistas, reza el comunicado. En otro apartado, explica que “en el caso de la contratación al exterior, se tendrá en cuenta que estén presentes en Cuba para las competencias fundamentales del año”.Hasta ahora, el Gobierno cubano financiaba a los atletas, pero se quedaba con la mayoría de los ingresos que cobraban en el exterior. Ahora, el 100 por ciento de lo que ganen se repartirá entre los propios protagonistas y sus entrenadores. A las arcas nacionales sólo llegará lo que deban pagar en concepto de impuestos.

Sólo deportes como el voleibol, el boxeo, el judo, la lucha, el ajedrez  y al atletismo gozaban de estos “privilegios”, que alcanzaban apenas el 15 por ciento para el deportista y el cuatro para el entrenador en los casos individuales, mientras que en los deportes colectivos nunca superaba el 50 por ciento, a repartir entre todos los integrantes.

En cuanto a los salarios, se otorgaban 300 dólares mensuales a los campeones olímpicos, 200 a los medallistas de plata y 100 a los de bronce, y 150, 100 y 50 a los deportistas de similar rango en Campeonatos Mundiales, en ese orden.

Otro de los cambios, por ejemplo, será que el multipremiado boxeador Félix Savón -hoy retirado-, quien ganó tres preseas doradas y seis mundiales, pero sólo cobraba por una, ahora eso se modificará. Se obtendrá un premio económico por cada una de las medallas que consiga. Y al momento del retiro, percibirán otro pago, no explicado todavía. Continuando con el deporte de los puños, disciplina que le ha dado a Cuba campeones mundiales amateur y olímpicos, gracias a la contratación de entrenadores soviéticos, también se produjo una sangría al “desertar” muchos de los miembros del seleccionado. Pero también hay que destacar que el multicampeón Teófilo Stevenson nunca quiso dejar el campo amateur y es por ello que rechazó ofertas millonarias para pelear fuera de la isla con los más consagrados exponentes de su época como Joe Frazier y
Muhammad Alí en los Estados Unidos. "Prefiero el cariño de ocho millones de cubanos. Y
no cambiaría mi pedazo de Cuba ni por todo el dinero que me puedan ofrecer",;consideró en aquel momento.

En el caso de los jugadores (peloteros) de béisbol, codiciados por los mejores equipos que participan de las Grandes Ligas de los Estados Unidos, al menos 21 de ellos, con contratos millonarios, no regresaron a Cuba. Un ejemplo  de ello fue la experiencia que vivió el jardinero derecho Alfredo Despaigne, quien militó en la Liga Profesional de México para Piratas de Campeche, considerado el fichaje del año. El pelotero se quedaba con el 80 por ciento de su remuneración económica, al revés de lo que pasaba hasta el momento con el resto de los deportistas.

La Argentina, patria del exilio cubano

El jugador de handball Lucas Cruz Guerra abandonó su país y se erradicó en la Argentina luego de una gira con el seleccionado cubano en 1994, la Copa Olé, antes del Panamericano de Brasil. En una nota que brindó al diario La Nación, en 2003, confesaba cómo tomó la decisión.
“Lo hice por una cuestión económica y para mí la Argentina era un país de paso. Yo no tenía intención de quedarme acá; yo me iba a Estados Unidos, a Puerto Rico. Pero como no se dio por cuestiones migratorias decidí quedarme y afrontar la situación. Y en estos ocho años y medio que llevo acá me sucedieron cosas muy lindas. No pensaba integrar otra vez un seleccionado, y la convocatoria fue como empezar a vivir otra vez. El handball es mi vida, y con eso nací otra vez. Así que me siento un niño (ríe). Todos lo hacemos por ayudar a quienes dejamos allá, por una cuestión económica, que es la causa de la mayor parte de la migración que existe. Y que es mi prioridad y lo será siempre: ayudar a mi familia. Allá tengo a mi mamá, mi papá, hermanos, tíos, sobrinos”.

Durante ese mismo año, el basquetbolista
Ruperto Herrera Junior “plantó” a la delegación en el Aeropuerto de Ezeiza porque dijo que estaba enamorado de una argentina. Se quedó a vivir en Buenos Aires, jugó en Ferro Carril Oeste y trabajó durante mucho tiempo como portero en un boliche de salsa. 

Cinco años más tarde, en 1999, en víspera del Preolímpico de Puerto Rico, Lázaro Borrell, Ángel Caballero, Héctor Pino, Roberto Herrera (hermano de Ruperto) e hijos de Ruperto Herrera (presidente de la Federación Cubana de Baloncesto y de la CONCECABA) 
abandonaron el hotel y horas más tarde reaparecieron en rueda de prensa junto al presidente de Obras Sanitarias, Miguel Mancini, quien explicó lo sucedido. “No se escaparon en una balsa, no son exiliados económicos, ellos están pidiendo asilo político y necesitan esgrimir su razón. Deben hablar mal del régimen para poder quedarse aquí y poner sus papeles en regla. Por eso salieron a hablar”.

Borrell, expresó: “Esta es una decisión personal. Somos dueños de hacer lo que queramos con nuestras vidas y buscar mejores posibilidades deportivas para ganar más dinero. Me duele haber abandonado a mi familia, pero pasará con el tiempo. Voy a quedarme en Puerto Rico y esperaré ofertas. En Cuba no estamos conformes”.


Mancini, por su parte, lamentaba la frustrada operación después de una postura valiente. “Tengo el contrato firmado con Cuba Deportes y no les puedo reclamar nada. Tampoco puedo recibirlos porque perjudicaría la buena relación que tenemos con el gobierno cubano. Esto me partió al medio. No tengo salida”.
Un año después, Borrell volvió a Obras y jugó en tres ciclos diferentes, tuvo un paso fugaz por la NBA, en Seatlle Supersonics, y también vistió la camiseta de Boca Juniors.

Ojalá que con esta nueva “Ley del Deporte”, Cuba, que supo ser un modelo a copiar en los años 60, 70 y 80, vuelva a los primeros planos internacionales. La Revolución Cubana, impulsora de la creación del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) en 1961, fue la base del despegue y hoy parece que algunas ideas retomarán el causa normal para que no sea demasiado tarde y el Estado adopte nuevas políticas deportivas en pos del progreso y asegure un porvenir mucho más auspicioso. La materia prima se sigue produciendo como siempre.-