miércoles, 23 de octubre de 2013

Kenia corre

El periodista británico Adharanand Finn convivió con los atletas africanos en la región del valle del Rift, y logró comprender las razones que los convierten en los mejores fondistas del mundo.
Pamela Jelimo, Geoffrey Mutai, Sharon Cherop, Wesley Korir, Eliud Kipchoge, Geoffrey Kipsang, Wilson Kipsang, Florence Kiplagat, David Rudisha… Y la lista podría extenderse a unos cuantos nombres más. Así, con sólo mencionarlos, no alcanza para dilucidar quiénes son estos atletas keniatas que rompieron
récord en carreras de larga distancia y siguen asombrando al mundo desde los ’70, con la figura reverencial de Kip Keino.
La razón de citar a estos célebres africanos tiene que ver con develar un misterio y hurgar la razón de por qué los deportistas keniatas son especialistas en ganar pruebas de fondo tanto en Juegos Olímpicos, mundiales, como en las principales maratones del planeta.
Quien se tomó el trabajo de investigar fue el periodista británico Adharanand Finn, columnista del diario The Guardian, y para tal objetivo se tomó seis meses de licencia sin goce de sueldo y se mudó con toda su familia a la ciudad de Iten, en Kenia, para vivir una experiencia de vida diferente y también aprovechar su fanatismo por el running para plasmarlo en publicaciones y en su reciente libro llamado Correr con los keniatas.

Iten, un pueblo pequeño en la zona rural del país africano, en la región del Valle del Rift, y Eldoret, es la madre tierra de donde surgieron estos humanos que no dejan de sorprender el mundo del deporte y luchan con colegas etíopes que de vez en cuando se entremeten en el medio y les ahogan algún festejo.
Finn aprovechó el viaje también para participar de la Maratón de Lewa, en Kenia, y allí poder verlos de cerca y sufrir cuando el primero de ellos cruzaba la meta en dos horas y tantos minutos, mientras él lo hacía 90 minutos más tarde. “First mzungu”, le gritaba el público: “¡Primer extranjero!”. Y agregó: “Por supuesto, es un buen logro... pero igual es un poco vergonzoso llegar tanto más atrás que el ganador. “Pero yo de todas maneras era una rareza: un atleta hombre que corría más lento que la más lenta de las mujeres”. Finn recuerda que le decían: “Algún día lo lograrás”.
La fórmula del éxito de estos atletas, revela Finn en su libro, no es la genética como muchas veces se publicó. En este caso, al menos, no. La primera clave de sus rendimientos es la niñez. En las zonas campestres, plagadas de pobreza, de donde provienen la mayoría de los atletas keniatas, los niños se crían descalzos, van al colegio descalzos, corren de esa manera. Detrás de las vacas, a buscar agua...

“Tienen una infancia tan activa que para cuando cumplen 16 han corrido muchísimo y quedan muy atléticos. El correr descalzos les proporciona una pisada más pareja, adquieren un estilo, una técnica perfecta. Fortalecen sus músculos, sus pantorrillas, sus piernas y el arco de sus pies”. Cuando corres descalzo, necesitas pisar más suave en el suelo, y tocando primero con la parte anterior del pie en lugar del talón. Esto es ampliamente considerado como la mejor y la más eficiente forma de correr, pero en Occidente no lo hacemos así, porque crecimos corriendo con zapatillas, lo que nos permite pisar como queramos”, considera el escritor inglés.
La alimentación también es otro factor, más allá de la altitud y la topografía del lugar. Su dieta está basada en hidratos de carbono, nada de grasa, porotos, mucho arroz y ugali: una mezcla de harina de maíz y agua que se revuelve hasta formar una pasta gruesa y se come usualmente con kale (un tipo de repollo). “Eso ofrece mucha energía para correr y está libre de las grasas que en Occidente tanto nos gustan”, explica Finn.
La otra realidad es que corren para poder mejorar su calidad de vida. Correr, comer, descansar son los tres verbos que conforman su existencia. Por eso, cuando se los ve correr parece que no sufren, que no se inmutan, van desde el principio al fin entregando todo lo que tienen. Hasta que el físico les da. Nunca administran ni dosifican el esfuerzo. La meta es correr, correr y correr. ¿Hay hambre en esta zona muy lejos del desarrollo? Sí. Y ellos tienen hambre de triunfo.
“Mientras la mayoría está apenas por arriba del nivel de subsistencia, vive en chozas pequeñas y muy humildes y cultiva lo necesario, los corredores conducen grandes autos, viven en casas enormes y se convierten en personas importantes. El hecho de que tanta gente en el área haya hecho dinero gracias a las carreras estimula a otros a imitarlos”.
Finn entrenó con ellos durante las mañanas, casi todos los días durante su estadía hasta la realización de la maratón. Por las calles de tierra de Iten y Eldoret un ejército de atletas recorre el valle buscando su mejor forma. La rutina se basa en trotes suaves (para ellos), con repeticiones en velocidad y por lo menos una corrida larga a la semana de 18 kilómetros para arriba, pasando los 30 a medida que se acerca la carrera. Usan reloj, pero no lo miran, o lo miran muy poco. El ritmo lo llevan en la cabeza.
Muchos atletas extranjeros suelen tomarse un avión y compartir algunos días de entrenamiento con los mejores fondistas del mundo. La argentina María Peralta estuvo en Iten como preparación para los Juegos Olímpicos de Londres y entrenó a 2300 metros sobre el nivel del mar, en un circuito con cuestas de 200 metros. El resultado en la competencia no fue lo esperado, ya que terminó en el puesto 82º.
Adharanand Finn, de 38 años, se dio el gusto de entrenar, correr y convivir con ellos. Su investigación sobre la cultura atlética en las tierras altas de África es un interesante material que permite conocer el día a día de los mejores fondistas del mundo. Una simple manera de trascender y sobrevivir en un ambiente hostil donde las posibilidades de progresar se convierten en una quimera.-

martes, 1 de octubre de 2013

¿Un argentino en la F-1?

Facundo Regalia despierta una nueva ilusión para la Argentina: tener un piloto en la Fórmula 1 luego de 13 años. El joven de 21 años, nacido en San Fernando, está desandando un camino largo y exitoso sin saltar etapas para poder llegar a la máxima categoría.
Cuando Facundo tenía tan sólo 8 años, su familia decidió emigrar a Madrid, España, porque la situación económica del país en 1999 había afectado la calidad de vida de todos y los problemas comenzaban a aflorar. “Hace 14 años que me fui, pero quiero correr como argentino. Fui yo el que hice escuchar el Himno en un circuito después de mucho tiempo”, asegura.
A los 15 años, su padre, Félix, le regaló un karting y lo llevó a un circuito. Desde aquel momento no se bajó más y comenzó una carrera a la cual le dedica toda su pasión y perseverancia. Regalia corrió en KF Juniors (2007), FA Karts (Fernando Alonso Karts), KF 2, Fómula BMW Europea (2008), categoría de la que surgieron consagrados como Sebastian Vettel (tricampeón campeón mundial de F-1), Timo Glock y Nico Rosberg, entre otros. Más tarde incursionó en la Fórmula 3 Italiana (2011), Auto GP y European F3.

Los inicios de su carrera fueron financiados por su familia. El padre es dueño de una fábrica de indumentaria para Racing, Polo y Padel. La empresa, Varlion, se fundó en la Argentina en 1993 y luego en 1999 se instaló en Alcalá de Henares, en Madrid. Pero en 2012, Facundo recibió una propuesta más que interesante del manager y expiloto de F-1 Adrián Campos, descubridor y ex manejador del bicampeón mundial Fernando Alonso: integrar su escudería Campos Racing en AutoGP y European Fórmula 3 Open, dos campeonatos de relevancia internacional que visitan los circuitos más importantes del mundo.
Regalia cerró una temporada brillante: tres victorias en el European F3 Open, además de seis podios, tres pole position y una vuelta rápida, más otros dos podios en AutoGP. El potencial del joven talento argentino ya comenzaba a perfilarse en franco ascenso.

El desembarco en la telonera de la F-1

A raíz de las promisorias y sorprendentes actuaciones en 2012 con el Campos Racing, Regalia recibió una propuesta para correr en la GP 3 Series, previo paso a un test en GP 2 con dos de los equipos más prestigiosos del campeonato como I-Sport y Racing Engineering, siendo el piloto más veloz en condiciones de lluvia.
Estas dos categorías mencionadas son los pasos previos para saltar a la F-1 y comparten los mismos escenarios que la máxima categoría. De la GP2 surgieron pilotos como el inglés Lewis Hamilton y el alemán Nico Rosberg, quienes integraron el team francés ART Grand Prix, justamente el mismo equipo para el que corre en la actualidad el argentino.
Disputadas ocho fechas y cuando sólo resta una, en Yas Marina, Abu Dhabi, entre el 1 y 3 de noviembre, el piloto de San Fernando lidera el campeonato con siete puntos de ventaja sobre el ruso Daniil Kvyat. “Probé con el simulador y creo que vamos a andar bien. Llego con la confianza y la ilusión de ser campeón. Sería algo increíble”, confesó la semana pasada en su paso por Buenos Aires para descansar y reencontrarse con sus amigos.

El futuro está más cerca
La brillante temporada de Regalia en la GP3 lo pusieron en los ojos de varias estructuras de GP2 y Fórmula 1. Pero no todo es color de rosa en el horizonte. Reunir el cuantioso presupuesto fue, es y será un factor determinante para la carrera de chicos como Facundo que se lanzan al sueño americano de competir en la máxima como alguna vez lo hiciera el quintuple campeón Juan Manuel Fangio, entre otros.
El paso que hay que dar deberá ser firme, prolijo y ordenado. La Argentina, si bien no tiene un piloto en la F-1 desde hace 12 años, tampoco puede correr el riesgo de protagonizar otra “farsa” como ocurrió con el cordobés José María López –de trayectoria similar a la de Facu en Europa- y su fallido intento de integrar el US F1 en 2010. Se puede bucear en los archivos para recordar a personalidades del deporte, periodistas y funcionarios del Gobierno Nacional anunciando el soñado proyecto, primero, y luego transformando esto en una cuestión de Estado con polémicas y cruces mediáticos. Mientras, Bernie Ecclestone, el mandamás de la categoría, y la FIA, también se mostraban sorprendidos en su momento por semejante fiasco.
Cabe recordar y mencionar que los últimos pilotos en llegar a la F-1 fueron Norberto Fontana (1997), Esteban Tuero (1998) y Gastón Mazzacane (2000 y 2001). La mejor performance fueron sendos novenos puestos del arrecifense Fontana en los GP de Gran Bretaña y Alemania.
Regalia reconoció en los últimos días que tiene ofrecimientos de tres estructuras que tienen equipos tanto en la GP2 como en la Fórmula 1. “Son Caterham, Lotus y Force India y ésa es la meta para el año que viene. Pero antes tenemos que ver qué disponemos en la mano, qué apoyo confirmado hay y después de ahí, decidir”, explicó.
Otro de los inconvenientes con los que se encontró Facundo no fue menor. No pudo girar el dinero desde la Argentina por el cepo cambiario y, como lo expresa él, “gracias al esfuerzo sobrenatural de mi familia pude terminar la temporada completa y que no quedara todo tirado al final. Han pedido préstamos por todos lados. El equipo también colaboró y espero que haya sido el último año así. A partir de 2014, deseo que se me valore un poco más y que mi país me pueda ayudar para continuar representándolo como ocurre en Venezuela, Brasil y México”.
El dinero que necesita juntar el piloto argentino es una suma que duplica lo que precisa para correr en GP3: un millón de euros más es lo que exigen para cubrir un campeonato con autos más caros y un calendario más extenso. Solucionado lo del giro y abocado a confirmar en estos días quiénes lo van a apoyar para la temporada 2014, Facu sueña con volver a hacer flamear la bandera argentina y que el Himno se escuche en lo más alto del podio como en aquella última y lejana postal de Carlos Reutemann, el 17 de mayo de 1981, en Zolder, en el GP de Bélgica.-

lunes, 30 de septiembre de 2013

Giorgi, la que aparece en los torneos grandes

La tenista italiana, de padres argentinos, derrotó a la ex número 1 del mundo Caroline Wozniacki en la tercera ronda del US Open. Ya había dado la sorpresa hace dos años en Wimbledon. Apareció allá por el 2011 en algún court de Wimbledon, en Inglaterra. Y sorprendió al mundo tenístico porque nadie la tenía como probable jugadora que podría dar el salto en un grand slam. Pero lo hizo. En La Catedral, llegó a los octavos de final en 2012, proveniente de la clasificación, en la posición 145º. Sí, Camila Giorgi, italiana de padres argentinos, de sólo 22 años, intenta hacerse un lugar entre las mejores siendo diferente a muchas. Una historia particular que merece ser contada.
No tiene entrenador profesional –no se siente cómoda-. Su padre, Sergio, es quien la guía por el circuito sin haber tenido pasado como jugador. Su madre, Claudia, diseña la ropa que utiliza, las zapatillas se las compra y sólo firmó contrato con un patrocinador para el uso de las raquetas. Una rareza en un ambiente hipermarketinero y comercial.
Camila no regresaba al circuito desde Wimbledon por una lesión en el hombro. Es la actual número 136º del ranking de la WTA y volvió a ser noticia esta semana porque derrotó en el US Open a la ex Nº1 Caroline Wozniacki, clasificada en el puesto 6º, por 4-6, 6-4 y 6-3. Conectó 26 tiros ganadores, fue muy agresiva con su derecha y jugó pelotas profundas y “a las esquinas”, como lo definió ella.

Aunque ayer haya perdido en los octavos de final ante su compatriota Roberta Vinci (10º), una veterana del circuito, fue la contracara. Cometió demasiados errores no forzados porque siempre juega al límite, arriesga todo el tiempo y quiere imponer su estilo. Pero estuvo imprecisa, desconcentrada y no pudo sostener el prometedor 4-1 con el que había arrancado. Tiene el potencial para construir grandes logros, pero no tiene una táctica ni un plan dentro de la cancha. Tira y tira. Y muchas veces sin control. Puede salir bien y otras muy mal. Condiciones no le faltan.  Con respecto a su estilo de juego, la tenista ítalo-argentina explica: “No miro mucho el cuadro. Los partidos los preparo la noche previa, antes de dormir. Siempre intento jugar bien y ser protagonista. Me gustaría ser la Nº1”.
Giorgi es fanática del músico Lenny Kravitz y admiradora del cineasta español Pedro Almodóvar. Empezó a jugar al tenis a los cinco años en Macerata, una aldea de no más de 43.000 habitantes. En la actualidad reside en Francia y también vivió en los Estados Unidos. Pero no todos fueron momentos agradables para la familia. Su hermana, Antonella, murió hace un año en un accidente de tránsito cuando viajaba a París para rendir exámenes. “Fue muy duro y lo seguirá siendo siempre, pero hay que superarlo”, confesaba en una entrevista con ESPN.
Sergio, su padre, fue excombatiente de la Guerra de Malvinas y pensó que “no volvía”. Perteneció a la X Brigada Mecanizada Teniente General Nicolás Levalle, un cuerpo del ejército creado en La Pampa, pero que funcionó en La Plata. Allí, en las Islas, hizo base en el cuartel de los Royal Marines, en las afueras de Puerto Argentino. Cuando regresó a su ciudad natal, a los 19 años, consiguió una beca universitaria para estudiar Medicina en Roma y al año siguiente se tomó un avión.
Otra historia particular que parece marcar a los Giorgi. Y ahí se explican las razones de cómo se manejan en el circuito, con otras reglas, que a todos no les caen simpáticas. Por ello tienen algunos desencuentros como ocurrió en su momento con la Federación Italiana de Tenis, pero ahora las relaciones parecen encaminarse. Tal es así, que Camila jugaría la Fed Cup representando a ese país europeo y la posibilidad de que represente a la Argentina se diluye.-

Nueve años después…

River vuelve a enfrentar a Boca en la Bombonera por primera vez luego del descenso. Con Ramón Díaz y Bianchi en los bancos, el Millonario intentará volver a ganar de visitante el Superclásico luego de casi una década.
Córner desde la esquina derecha para River. Gallardo se aproxima a paso lento rumbo al banderín. La pegada del Muñeco siempre intimida. El reloj marca que transcurren 37 minutos del primer tiempo. La Bombonera, tiembla. Es un partido clave para escaparse rumbo al título. La pelota vuela por el aire, los nervios se crispan y ella cae en la cabeza de Husaín, quien desvía su trayectoria y, cuando parece que ésta se irá afuera de la cancha sin mayor peligro, cerca del segundo palo del arco defendido por Caranta, aparece como un fantasma Cavenaghi para ganarle la espalda a Cagna, conectar un frentazo certero y fortísimo para decretar el 1 a 0 definitivo. Enmudecen los hinchas xeneizes, celebran los millonarios. La victoria, justa y merecida, les devuelve a los de Núñez el liderazgo del Clausura 2004, le birla a su rival histórico ese privilegio y, encima de todo, le allana el camino hacia la consagración.
De aquel triunfo épico del equipo dirigido por Leonardo Astrada, en condición de visitante, pasaron casi ¡nueve años! Después, River ya no volvió a ganar en la mítica Bombonera. Esa tarde plomiza del 16 de mayo, también con Carlos Bianchi en el banco boquense como ocurrirá el próximo domingo, quizás el acontecimiento único repetirá en cancha a un sólo protagonista: Clemente Rodríguez.

Haciendo números y recopilando estadísticas, se puede inferir en que el Millonario acumula siete partidos sin poder vencer a su clásico archirrival en la Ribera. El historial  indica que se registraron cuatro victorias para el local y tres empates. Además, el otro dato curioso es que el último gol de River lo convirtió Marcelo Gallardo, en el Clausura 2009 (terminó 1 a 1 y el otro tanto lo marcó Palermo).
La presencia de Ramón Díaz será otro plus. El Pelado regresa a La Bombonera tras once años. Un recuerdo inolvidable para el riojano fue ese 2002 porque su equipo goleó 3 a 0 y brindó una lección de fútbol. Con una producción colectiva notable se impuso con tantos de Cambiasso, Coudet y la jugada maradoniana del misionero Ricardo Rojas, quien desde su propio campo y luego de eludir a dos rivales, recibió una asistencia y definió con una vaselina por sobre el cuerpo de un adelantado Abbondanzieri.
El próximo domingo los dos clubes más populares de la Argentina protagonizarán la edición nº 200 del Superclásico tomando en cuenta la era amateur y profesional. El Xeneize logró 72 éxitos, el Millonario 66 e igualaron en 61 ocasiones.
La fiesta está preparada para vivir una experiencia única, irrepetible y sorprendente. No sólo el color en las calles aledañas al estadio y en las tribunas sino la energía y la vibra que transmitirán las más de 53 mil almas fanáticas cuando salten, bailen y canten. Aunque trasuntar con palabras se hace un ejercicio complicado y merece ser contado como testigo presencial. Como planteara  una encuesta realizada por el diario inglés The Observer y respaldada por sus lectores: “Es uno de los 50 eventos deportivos a nivel mundial que uno no debiera dejar de asistir antes de morir”. Y traigo a colación las sensaciones del gran Negro Fontanarrosa al haber debutado en un Boca-River como colaborador para la revista El Gráfico, en 1988. Más allá de su edad, que no quiso revelar -cuentan en la publicación-, jamás había presenciado un Superclásico. “Conocí el mar ya de grande, cuando había pasado la veintena. Estuve después en las pirámides de El Cairo (el verdadero) atraído por la leyenda de Keops, Kefrén y Micerino, aquel terceto central como nunca más volverían a tener los egipcios. Y vi un River-Boca en cancha de River. ‘Puedo morir tranquilo -aseveró cierta vez un agudo estadista norteamericano–. He visto al hombre llegar a la Luna y he visto el perfil de Jane Mansfield’. Yo no tuve el gusto de conocer a la señorita. Pero vi una película de Isabel Sarli. Y he visto jugar al Gitano Juárez”.-

Ringo: del ídolo al mito

El 22 de mayo de 1976, hace 37 años, moría asesinado en Reno, Nevada, Oscar “Ringo” Bonavena. Vida y muerte de uno de los más grandes ídolos populares del deporte argentino.

Cómo olvidar su carisma, su sonrisa, su ternura. Ese bonachón de barrio, generoso, servicial, humilde y sencillo, pero que cuando se subía al ring era otro tipo. Sufría una metamorfosis circunstancial. Con la impronta arrabalera de Parque de los Patricios y de su entrañable Huracán, el boxeador Oscar Natalio Bonavena, alias Ringo, quedó inmortalizado como un personaje popular porteño, querido e inolvidable que marcó una época entre los peso pesados. El 22 de mayo se cumplen 37 años de su trágica muerte en los Estados Unidos.

En la categoría de ídolos pueden incluirse varias personalidades, pero muy pocos son a los que se podría definir, a la hora de repasar su vida con una fotografía, y considerarlos como mitos populares. Tristemente, esa consideración encaja porque en muchas ocasiones murieron a una edad temprana y de manera trágica. El caso de Ringo es uno de esos, así como lo fue también Carlos Monzón (52) y José El Mono Gatica (38); saliendo del deporte de los puños, Evita Perón y Carlos Gardel (45) para citar dos ejemplos significativos. Curiosamente, La Abanderada de los pobres y Bonavena fallecieron a los 33 años.

De infancia modesta, Ringo estudió hasta sexto grado. Hijo de una lavandera, Dominga, y de Don Vicente, conductor de tranvía. Después, fue repartidor de pizzas, empleado de carnicería y picapedrero. Se agarraba a las piñas en todos lados: en la escuela, en la calle…

El guapo de Ringo, apodo que recibió por su peinado parecido al del célebre baterista Ringo Starr, de Los Beatles, en una entrevista con la reconocida periodista y escritora uruguaya María Esther Gilio –fallecida en 2011 y que debió exiliarse en la Argentina en 1972-, colaboradora del semanario Marcha, nueve años antes de su asesinato, sostuvo: “Soy muy fanfarrón. Arriba del ring nunca tuve miedo. Tuve miedo arriba del avión. Si tuviera miedo cuando peleo no podría pelear. Yo para poder ganar trato de tenerle rabia a mi contrincante para poder pegarle con ganas. Por ejemplo, que en el diario o en la radio haya dicho: ‘A Ringo yo lo mato’ o algo así’’’.

Inició su carrera como boxeador en Huracán. En 1959 se consagró campeón amateur y en los dos años siguientes ya era coronado bicampeón sudamericano. En 1963, en San Pablo, Brasil, protagonizaría un hecho que marcaría su carrera. Al enfrentar a Lee Carr fue descalificado porque le mordió el pecho producto de la impotencia y recibió una sanción de la Federación Argentina de Box (FAB). Entonces, probó suerte en Nueva York, Estados Unidos, la meca del boxeo. Permaneció hasta 1965. Progresó técnicamente y adquirió experiencia. Venció por KO a Ron Hicks, cayó ante Zora Folley y regresó al país con la autoestima herida. Enfrentó por el título argentino de peso pesado a Goyo Peralta, en el mítico Luna Park. Por bocón, llegó abucheado por el público, pero se fue ovacionado luego de una categórica victoria.

La noche que Ringo sacó del ring al gran Alí y rompió récord de rating

 El bravo y corajudo Bonavena generó la atención de millones de argentinos cuando el 7 de diciembre de 1970 peleó en el mítico Madison Square Garden, de Nueva York, ante el invencible Muhamad Alí. El combate, transmitido por Canal 13, llegó a los ¡79.3 puntos! de rating, una cifra sólo alcanzable en las instancias decisivas de la Selección Argentina en una Copa del Mundo. La promoción de la velada estuvo bien liderada por el argentino, que se paseó con un toro por la Quinta Avenida y en la conferencia de prensa sacó a relucir su perfil de bravucón. “Chiken, chiken (gallina)…”, le gritó al gigante con coreografía incluida.

En el estadio, colmado por casi 20 mil personas, se escuchó el grito: “Rin-go/Ring-go/Ring-go”. Bonavena perdió el combate por KO en el último round y, a pesar de haber besado la lona en tres oportunidades, se dio el placer inmenso de contar para siempre que había volteado a Alí. Pero se dio el gusto “de pelear con el Negro, no existe nadie en mi horizonte a no ser Clay. No me gustaría terminar como tantos otros caminando solo por la calle con los bolsillos llenos de pelusa. Tengo una renta de 300 mil pesos viejos por el alquiler de quince departamentos, un auto Mercedes Benz que vale siete millones de pesos y dinero bien invertido”, le contaba a Ezequiel Fernández Moores en la biografía Díganme Ringo.

Machista, chiquilín, pícaro y prepotente. Pero bonachón. Tití, autor de frases célebres que quedaron grabadas en el inconsciente colectivo como: “Tanto tenés, tanto valés. Cuando perdí con Jimmy Ellis se abrieron todos y me quedé solo. Cuando gané a Mildelberger, el presidente me mandó un telegrama; cuando perdí, no se acordó. Hasta gente que yo creí que era amiga mía desapareció. Todo el periodismo, todos. Cuando alguien se acercaba era para buscar pretextos: “No hiciste lo que te dijimos…” ¿Y qué me pueden enseñar a mí? ¿Se creen que es como el fútbol que uno se cansa y le pasa la pelota a otro? ¿A quién le paso la pelota yo a arriba del ring?

El trágico y triste final en Reno

Quería revancha, deseaba el desquite. Para acallar algunas voces detractoras que lo tildaban de cobarde y para volver a alimentar su ego, Ringo regresó a los Estados Unidos para pelear con Alí y capturar la generosa bolsa del combate. Pero una bala asesina, disparada desde el rifle de Willard Ross Brymer, un matón a sueldo contratado por Joe Conforte, el dueño del cabaret Mustang Ranch, en Reno, en el estado de Nevada, agigantaba la leyenda.

Ringo, visitante frecuente del local nocturno, había discutido con un hombre encargado de la seguridad. Al parecer, todo habría estado planeado por Conforte al enterarse de un supuesto romance del boxeador con su mujer, Sally, 26 años mayor que él. Las otras dos versiones de la historia también relatan que Bonavena habría golpeado en un entrenamiento al hermano de Brymer. O que por asegurarse el permiso de residencia estuvo casado durante diez años con Cheryl Ann Revideaux, una prostituta que le gustaba al mencionado sicario. En fin…

La leyenda se agigantaba para siempre. Más de 120.000 personas asistieron a su velatorio en el Luna Park. El último adiós al bueno de Ringo. Una tribuna del estadio de Huracán, una calle de Parque de los Patricios y el gimnasio de la sede de Caseros, formador de boxeadores, llevan su eterno nombre. No era un virtuoso, pero con su valentía, potencia y desparpajo supo trascender las fronteras y meterse en el corazón del pueblo.-