lunes, 30 de septiembre de 2013

Giorgi, la que aparece en los torneos grandes

La tenista italiana, de padres argentinos, derrotó a la ex número 1 del mundo Caroline Wozniacki en la tercera ronda del US Open. Ya había dado la sorpresa hace dos años en Wimbledon. Apareció allá por el 2011 en algún court de Wimbledon, en Inglaterra. Y sorprendió al mundo tenístico porque nadie la tenía como probable jugadora que podría dar el salto en un grand slam. Pero lo hizo. En La Catedral, llegó a los octavos de final en 2012, proveniente de la clasificación, en la posición 145º. Sí, Camila Giorgi, italiana de padres argentinos, de sólo 22 años, intenta hacerse un lugar entre las mejores siendo diferente a muchas. Una historia particular que merece ser contada.
No tiene entrenador profesional –no se siente cómoda-. Su padre, Sergio, es quien la guía por el circuito sin haber tenido pasado como jugador. Su madre, Claudia, diseña la ropa que utiliza, las zapatillas se las compra y sólo firmó contrato con un patrocinador para el uso de las raquetas. Una rareza en un ambiente hipermarketinero y comercial.
Camila no regresaba al circuito desde Wimbledon por una lesión en el hombro. Es la actual número 136º del ranking de la WTA y volvió a ser noticia esta semana porque derrotó en el US Open a la ex Nº1 Caroline Wozniacki, clasificada en el puesto 6º, por 4-6, 6-4 y 6-3. Conectó 26 tiros ganadores, fue muy agresiva con su derecha y jugó pelotas profundas y “a las esquinas”, como lo definió ella.

Aunque ayer haya perdido en los octavos de final ante su compatriota Roberta Vinci (10º), una veterana del circuito, fue la contracara. Cometió demasiados errores no forzados porque siempre juega al límite, arriesga todo el tiempo y quiere imponer su estilo. Pero estuvo imprecisa, desconcentrada y no pudo sostener el prometedor 4-1 con el que había arrancado. Tiene el potencial para construir grandes logros, pero no tiene una táctica ni un plan dentro de la cancha. Tira y tira. Y muchas veces sin control. Puede salir bien y otras muy mal. Condiciones no le faltan.  Con respecto a su estilo de juego, la tenista ítalo-argentina explica: “No miro mucho el cuadro. Los partidos los preparo la noche previa, antes de dormir. Siempre intento jugar bien y ser protagonista. Me gustaría ser la Nº1”.
Giorgi es fanática del músico Lenny Kravitz y admiradora del cineasta español Pedro Almodóvar. Empezó a jugar al tenis a los cinco años en Macerata, una aldea de no más de 43.000 habitantes. En la actualidad reside en Francia y también vivió en los Estados Unidos. Pero no todos fueron momentos agradables para la familia. Su hermana, Antonella, murió hace un año en un accidente de tránsito cuando viajaba a París para rendir exámenes. “Fue muy duro y lo seguirá siendo siempre, pero hay que superarlo”, confesaba en una entrevista con ESPN.
Sergio, su padre, fue excombatiente de la Guerra de Malvinas y pensó que “no volvía”. Perteneció a la X Brigada Mecanizada Teniente General Nicolás Levalle, un cuerpo del ejército creado en La Pampa, pero que funcionó en La Plata. Allí, en las Islas, hizo base en el cuartel de los Royal Marines, en las afueras de Puerto Argentino. Cuando regresó a su ciudad natal, a los 19 años, consiguió una beca universitaria para estudiar Medicina en Roma y al año siguiente se tomó un avión.
Otra historia particular que parece marcar a los Giorgi. Y ahí se explican las razones de cómo se manejan en el circuito, con otras reglas, que a todos no les caen simpáticas. Por ello tienen algunos desencuentros como ocurrió en su momento con la Federación Italiana de Tenis, pero ahora las relaciones parecen encaminarse. Tal es así, que Camila jugaría la Fed Cup representando a ese país europeo y la posibilidad de que represente a la Argentina se diluye.-

Nueve años después…

River vuelve a enfrentar a Boca en la Bombonera por primera vez luego del descenso. Con Ramón Díaz y Bianchi en los bancos, el Millonario intentará volver a ganar de visitante el Superclásico luego de casi una década.
Córner desde la esquina derecha para River. Gallardo se aproxima a paso lento rumbo al banderín. La pegada del Muñeco siempre intimida. El reloj marca que transcurren 37 minutos del primer tiempo. La Bombonera, tiembla. Es un partido clave para escaparse rumbo al título. La pelota vuela por el aire, los nervios se crispan y ella cae en la cabeza de Husaín, quien desvía su trayectoria y, cuando parece que ésta se irá afuera de la cancha sin mayor peligro, cerca del segundo palo del arco defendido por Caranta, aparece como un fantasma Cavenaghi para ganarle la espalda a Cagna, conectar un frentazo certero y fortísimo para decretar el 1 a 0 definitivo. Enmudecen los hinchas xeneizes, celebran los millonarios. La victoria, justa y merecida, les devuelve a los de Núñez el liderazgo del Clausura 2004, le birla a su rival histórico ese privilegio y, encima de todo, le allana el camino hacia la consagración.
De aquel triunfo épico del equipo dirigido por Leonardo Astrada, en condición de visitante, pasaron casi ¡nueve años! Después, River ya no volvió a ganar en la mítica Bombonera. Esa tarde plomiza del 16 de mayo, también con Carlos Bianchi en el banco boquense como ocurrirá el próximo domingo, quizás el acontecimiento único repetirá en cancha a un sólo protagonista: Clemente Rodríguez.

Haciendo números y recopilando estadísticas, se puede inferir en que el Millonario acumula siete partidos sin poder vencer a su clásico archirrival en la Ribera. El historial  indica que se registraron cuatro victorias para el local y tres empates. Además, el otro dato curioso es que el último gol de River lo convirtió Marcelo Gallardo, en el Clausura 2009 (terminó 1 a 1 y el otro tanto lo marcó Palermo).
La presencia de Ramón Díaz será otro plus. El Pelado regresa a La Bombonera tras once años. Un recuerdo inolvidable para el riojano fue ese 2002 porque su equipo goleó 3 a 0 y brindó una lección de fútbol. Con una producción colectiva notable se impuso con tantos de Cambiasso, Coudet y la jugada maradoniana del misionero Ricardo Rojas, quien desde su propio campo y luego de eludir a dos rivales, recibió una asistencia y definió con una vaselina por sobre el cuerpo de un adelantado Abbondanzieri.
El próximo domingo los dos clubes más populares de la Argentina protagonizarán la edición nº 200 del Superclásico tomando en cuenta la era amateur y profesional. El Xeneize logró 72 éxitos, el Millonario 66 e igualaron en 61 ocasiones.
La fiesta está preparada para vivir una experiencia única, irrepetible y sorprendente. No sólo el color en las calles aledañas al estadio y en las tribunas sino la energía y la vibra que transmitirán las más de 53 mil almas fanáticas cuando salten, bailen y canten. Aunque trasuntar con palabras se hace un ejercicio complicado y merece ser contado como testigo presencial. Como planteara  una encuesta realizada por el diario inglés The Observer y respaldada por sus lectores: “Es uno de los 50 eventos deportivos a nivel mundial que uno no debiera dejar de asistir antes de morir”. Y traigo a colación las sensaciones del gran Negro Fontanarrosa al haber debutado en un Boca-River como colaborador para la revista El Gráfico, en 1988. Más allá de su edad, que no quiso revelar -cuentan en la publicación-, jamás había presenciado un Superclásico. “Conocí el mar ya de grande, cuando había pasado la veintena. Estuve después en las pirámides de El Cairo (el verdadero) atraído por la leyenda de Keops, Kefrén y Micerino, aquel terceto central como nunca más volverían a tener los egipcios. Y vi un River-Boca en cancha de River. ‘Puedo morir tranquilo -aseveró cierta vez un agudo estadista norteamericano–. He visto al hombre llegar a la Luna y he visto el perfil de Jane Mansfield’. Yo no tuve el gusto de conocer a la señorita. Pero vi una película de Isabel Sarli. Y he visto jugar al Gitano Juárez”.-

Ringo: del ídolo al mito

El 22 de mayo de 1976, hace 37 años, moría asesinado en Reno, Nevada, Oscar “Ringo” Bonavena. Vida y muerte de uno de los más grandes ídolos populares del deporte argentino.

Cómo olvidar su carisma, su sonrisa, su ternura. Ese bonachón de barrio, generoso, servicial, humilde y sencillo, pero que cuando se subía al ring era otro tipo. Sufría una metamorfosis circunstancial. Con la impronta arrabalera de Parque de los Patricios y de su entrañable Huracán, el boxeador Oscar Natalio Bonavena, alias Ringo, quedó inmortalizado como un personaje popular porteño, querido e inolvidable que marcó una época entre los peso pesados. El 22 de mayo se cumplen 37 años de su trágica muerte en los Estados Unidos.

En la categoría de ídolos pueden incluirse varias personalidades, pero muy pocos son a los que se podría definir, a la hora de repasar su vida con una fotografía, y considerarlos como mitos populares. Tristemente, esa consideración encaja porque en muchas ocasiones murieron a una edad temprana y de manera trágica. El caso de Ringo es uno de esos, así como lo fue también Carlos Monzón (52) y José El Mono Gatica (38); saliendo del deporte de los puños, Evita Perón y Carlos Gardel (45) para citar dos ejemplos significativos. Curiosamente, La Abanderada de los pobres y Bonavena fallecieron a los 33 años.

De infancia modesta, Ringo estudió hasta sexto grado. Hijo de una lavandera, Dominga, y de Don Vicente, conductor de tranvía. Después, fue repartidor de pizzas, empleado de carnicería y picapedrero. Se agarraba a las piñas en todos lados: en la escuela, en la calle…

El guapo de Ringo, apodo que recibió por su peinado parecido al del célebre baterista Ringo Starr, de Los Beatles, en una entrevista con la reconocida periodista y escritora uruguaya María Esther Gilio –fallecida en 2011 y que debió exiliarse en la Argentina en 1972-, colaboradora del semanario Marcha, nueve años antes de su asesinato, sostuvo: “Soy muy fanfarrón. Arriba del ring nunca tuve miedo. Tuve miedo arriba del avión. Si tuviera miedo cuando peleo no podría pelear. Yo para poder ganar trato de tenerle rabia a mi contrincante para poder pegarle con ganas. Por ejemplo, que en el diario o en la radio haya dicho: ‘A Ringo yo lo mato’ o algo así’’’.

Inició su carrera como boxeador en Huracán. En 1959 se consagró campeón amateur y en los dos años siguientes ya era coronado bicampeón sudamericano. En 1963, en San Pablo, Brasil, protagonizaría un hecho que marcaría su carrera. Al enfrentar a Lee Carr fue descalificado porque le mordió el pecho producto de la impotencia y recibió una sanción de la Federación Argentina de Box (FAB). Entonces, probó suerte en Nueva York, Estados Unidos, la meca del boxeo. Permaneció hasta 1965. Progresó técnicamente y adquirió experiencia. Venció por KO a Ron Hicks, cayó ante Zora Folley y regresó al país con la autoestima herida. Enfrentó por el título argentino de peso pesado a Goyo Peralta, en el mítico Luna Park. Por bocón, llegó abucheado por el público, pero se fue ovacionado luego de una categórica victoria.

La noche que Ringo sacó del ring al gran Alí y rompió récord de rating

 El bravo y corajudo Bonavena generó la atención de millones de argentinos cuando el 7 de diciembre de 1970 peleó en el mítico Madison Square Garden, de Nueva York, ante el invencible Muhamad Alí. El combate, transmitido por Canal 13, llegó a los ¡79.3 puntos! de rating, una cifra sólo alcanzable en las instancias decisivas de la Selección Argentina en una Copa del Mundo. La promoción de la velada estuvo bien liderada por el argentino, que se paseó con un toro por la Quinta Avenida y en la conferencia de prensa sacó a relucir su perfil de bravucón. “Chiken, chiken (gallina)…”, le gritó al gigante con coreografía incluida.

En el estadio, colmado por casi 20 mil personas, se escuchó el grito: “Rin-go/Ring-go/Ring-go”. Bonavena perdió el combate por KO en el último round y, a pesar de haber besado la lona en tres oportunidades, se dio el placer inmenso de contar para siempre que había volteado a Alí. Pero se dio el gusto “de pelear con el Negro, no existe nadie en mi horizonte a no ser Clay. No me gustaría terminar como tantos otros caminando solo por la calle con los bolsillos llenos de pelusa. Tengo una renta de 300 mil pesos viejos por el alquiler de quince departamentos, un auto Mercedes Benz que vale siete millones de pesos y dinero bien invertido”, le contaba a Ezequiel Fernández Moores en la biografía Díganme Ringo.

Machista, chiquilín, pícaro y prepotente. Pero bonachón. Tití, autor de frases célebres que quedaron grabadas en el inconsciente colectivo como: “Tanto tenés, tanto valés. Cuando perdí con Jimmy Ellis se abrieron todos y me quedé solo. Cuando gané a Mildelberger, el presidente me mandó un telegrama; cuando perdí, no se acordó. Hasta gente que yo creí que era amiga mía desapareció. Todo el periodismo, todos. Cuando alguien se acercaba era para buscar pretextos: “No hiciste lo que te dijimos…” ¿Y qué me pueden enseñar a mí? ¿Se creen que es como el fútbol que uno se cansa y le pasa la pelota a otro? ¿A quién le paso la pelota yo a arriba del ring?

El trágico y triste final en Reno

Quería revancha, deseaba el desquite. Para acallar algunas voces detractoras que lo tildaban de cobarde y para volver a alimentar su ego, Ringo regresó a los Estados Unidos para pelear con Alí y capturar la generosa bolsa del combate. Pero una bala asesina, disparada desde el rifle de Willard Ross Brymer, un matón a sueldo contratado por Joe Conforte, el dueño del cabaret Mustang Ranch, en Reno, en el estado de Nevada, agigantaba la leyenda.

Ringo, visitante frecuente del local nocturno, había discutido con un hombre encargado de la seguridad. Al parecer, todo habría estado planeado por Conforte al enterarse de un supuesto romance del boxeador con su mujer, Sally, 26 años mayor que él. Las otras dos versiones de la historia también relatan que Bonavena habría golpeado en un entrenamiento al hermano de Brymer. O que por asegurarse el permiso de residencia estuvo casado durante diez años con Cheryl Ann Revideaux, una prostituta que le gustaba al mencionado sicario. En fin…

La leyenda se agigantaba para siempre. Más de 120.000 personas asistieron a su velatorio en el Luna Park. El último adiós al bueno de Ringo. Una tribuna del estadio de Huracán, una calle de Parque de los Patricios y el gimnasio de la sede de Caseros, formador de boxeadores, llevan su eterno nombre. No era un virtuoso, pero con su valentía, potencia y desparpajo supo trascender las fronteras y meterse en el corazón del pueblo.-