martes, 1 de mayo de 2018

Una historia de película

Colaboración para el diario La Voz del Pueblo, de Tres Arroyos, Buenos Aires, Argentina.

Historias que continúan. Historias que conmueven. Historias y más historias de vida. El primer capítulo tuvo como protagonista al atleta nacido en Somalia Mo Farah, múltiple campeón mundial y olímpico en 10.000 metros. El camino para llegar a la gloria deportiva a veces resulta demasiado espinoso. Una nueva historia que merece ser contada. Un ejemplo de superación, lucha y perseverancia.

Ella es Yusra Mardini, de tan sólo 18 años. Nació en Damasco, la capital de Siria, un pequeño país ubicado en la costa oeste del Mar Mediterráneo, escenario desde 2011 de una guerra civil que altera la paz de sus ciudadanos. En ese contexto hostil, crecía la niña nadadora impulsada por su padre, el principal mentor. Estudiaba y practicaba natación con absoluta naturalidad. A los 13 años ya integraba el equipo nacional de su país. Y los sueños también crecían...
Tiene 18 años y nació en Damasco. Su hermana la acompañó en un viaje extremo para cruzar el Mediterráneo en 2015. Es una nadadora virtuosa.
En 2012 todo ese remanso se transformó en un tormento para la joven y su familia. La guerra recrudeció y una bomba estalló en la piscina cubierta donde perfeccionaba su técnica en estilo crol y mariposa. El destino quiso que Yusra saliera ilesa. Pese a todo, participó del Mundial de Piscina Corta en Estambul. Y en ese mismo lapso su casa también quedó destruida.


Milagro en el agua

La única salida posible, riesgosa como todos los escapes para buscar un mejor porvenir, era huir a Europa. El plan se puso en marcha y en 2015 se concretó. La odisea hacia la salvación indicaba cruzar el Mar Mediterráneo en una precaria embarcación hasta Turquía y luego allí llegar a la isla de Lesbos, en Grecia.

Mardini se subió a un bote en la costa de Turquía con otras 20 personas en la misma situación que ella y la de su hermana Sarah, también nadadora, quien la acompañó en este viaje extremo. La capacidad del bote fue triplicada. En tiempos de desesperanza controlar el número es una tarea harto complicada. Los oportunistas e inescrupulosos de siempre están a la orden del día y en situaciones límites florecen como los jacarandás en plena primavera porteña.

"Antes de subir al barco, la gente te dice que vas a morir", recuerda Yusra, "así que lo primero que piensas cuanto te subes es en la muerte. No piensas en otra cosa". El desarrollo de la travesía se torna oscuro cuando uno de los motores comienza a fallar cuando estaban próximos a llegar a Lesbos. El bote comienza a desinflarse y el final para estos refugiados -aterradora cifra a nivel mundial de más de 65 millones de personas desplazadas- se aproxima.

Pero Mardini toma la decisión y el coraje de arrojarse a las frías aguas del Mar Egeo junto con su hermana y tres hombres más. "Necesitábamos tener menos peso en el barco y nadie más aparte de mi hermana y yo sabía nadar. El agua estaba helada y en ese sentido sentí que la vida misma era más grande que yo misma. Con una mano sujetaba la cuerda que estaba atada al bote, mientras que nadaba con la otra y los pies. Toda la gente en ese barco era parte de mí. Me pareció que era mi deber saltar al agua y si me hubiera ido, me hubiera sentido mal conmigo misma por el resto de mi vida", relataba alguna vez la heroína.


Después de tres horas nadando, arrastrando el bote, arribaron a Lesbos. Y de ahí hasta la bella Berlín. Pero la odisea aún no había finalizado...

Alemania, el nuevo refugio

El Centro de Refugiados de Berlín estaba bastante cerca del club Wasserfreunde Spandau 04, lugar que se convirtió en el escenario ideal para que volviera a nadar en paz y en condiciones privilegiadas. Yusra y su familia lograron con el tiempo establecerse en aquella ciudad luego de viajar varios días por Europa buscando el destino más propicio para sepultar, con el tiempo, el maldito infierno que los había despojado hasta de su humilde hogar.

Su primer entrenador, Sven Spannekrebs, resume así las cualidades de la joven cuando la vio lanzarse a la piscina. "Tiene resistencia mental y un nivel muy alto. Es muy buena. El talento te facilita las cosas. Pero la fortaleza mental, que querés hacer y lograr es lo más importante. Tiene capacidad aeróbica y es explosiva. Tiene muy buena técnica y basta con estabilizarla. Fuera de la piscina, es perfecta".

 El salto a Río

La meta fijada por ella, su entrenador y su manager era lograr competitividad para participar en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Pero el acelerado progreso de Mardini en cada entrenamiento y luego plasmado en los diferentes campeonatos mundiales y europeos acrecentó las chances de estar en Río de Janeiro.

El Comité Olímpico Internacional (COI) tomó la iniciativa política de crear, por primera vez, el equipo de Atletas Olímpicos Refugiados (AOR). Yusra fue elegida entre 10 figuras relevantes dentro de un grupo inicial de 43 deportistas nacidos en Siria, Sudán, Etiopía y República del Congo.

Compitió en dos disciplinas: 100 metros mariposa y 100 metros libre. Y no desentonó. Estuvo a la altura de las exigencias. A pesar de no haber alcanzado la final, ganó las preliminares en la primera especialidad. "Nunca hay que rendirse", fueron sus primeras palabras ante la prensa.

Luego de sorprender al mundo no sólo por su conmovedora historia de vida, sino también por su notable evolución deportiva, fue recibida por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el Papa Francisco. "Ahora esperamos tener la oportunidad de conocer a Lionel Messi", bromeó su técnico."Obama me pareció demasiado 'cool' y el Papa sólo me dijo 'hola'", confesó.


Desde que regresó de Río, lidera un proyecto deportivo en Alemania que se denomina "Berlín tiene talento". En ese marco una de las actividades comprende la visita a colegios para promover el deporte entre los jóvenes. "Me encantan los niños, disfrutan jugando y son muy abiertos", describió la experiencia. Y continuó: "Yo quería devolver algo de lo que se me ha dado. No todo el mundo ha tenido tanta suerte como yo".

El impacto mediático

Ni lerdos ni perezosos, por su parte, los productores de cine tampoco quisieron quedarse al margen de llevar a la pantalla grande la historia de Mardini. La productora Working Title adquirió los derechos de la novela que se publicará el próximo año para rodar una película. La dirigirá Stephen Daldry, el mismo de El lector, Billy Elliot o Las horas.

Los últimos dos años en la vida de Yusra fueron vertiginosos como se puede apreciar. Fue portada de la prestigiosa revista americana Time, que la incluyó en la lista de 'Los 30 adolescentes más influyentes del mundo' y figura en la de 'Las 25 Mujeres que están cambiando el Mundo' para la publicación People. Ah, y desde abril pasado se ha convertido en la Embajadora de Buena Voluntad de la Agencia de Refugiados de la ONU (ACNUR) más joven de la historia del organismo.
"El talento te facilita las cosas. Pero la fortaleza mental, que querés hacer y lograr es lo más importante", dijo su primer entrenador
"El talento te facilita las cosas. Pero la fortaleza mental, que querés hacer y lograr es lo más importante", dijo su primer entrenador. Además, en enero de 2017 participó en el Foro Económico Mundial en Davos, donde fue la participante con menor edad. Hay una frase del célebre dramaturgo y escritor alemán Bertolt Brecht que bien puede encajar con el perfil de Mardini. "Hay hombres (como raza o especie humana) que luchan un día y son buenos. Hay otros que lucha un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles".

Y ella confiesa: "Lo más importante en mi vida es la natación. Y después hablar y hacer cosas a favor de los refugiados. Cuando veo las noticias sobre Alepo en la tele, me voy a mí habitación y comienzo a llorar". Tokio 2020, es el nuevo objetivo de Yusra.-

sábado, 29 de julio de 2017

Noche estrellada

Colaboración para el diario El Periodista, de Tres Arroyos, Buenos Aires, Argentina.

Una noche bajo las estrellas. De esas noches únicas que invitan a soñar despiertos e imaginar en tiempos futuros con un mañana lleno de concreciones y metas cumplidas. Una noche de esas, irrepetibles, para creer en que se puede seguir creciendo cuando se deja la arrogancia de lado y se disfruta con el placer genuino sin escuchar ninguna otra urgencia.

El joven Máximo Fjellerup, de sólo 19 años, llegó temprano como la mayoría de los invitados al Polideportivo Roberto Pando del Club Atlético San Lorenzo, de la Ciudad de Buenos Aires, para la 29ª edición del Juego de las Estrellas del básquetbol argentino.

En la breve charla previa que mantuvo con El Periodista, casi a modo de presentación, puertas afuera del estadio, el escolta de Bahía Basket deslizó que “estoy muy contento de estar acá” y, ante la consulta de si su padre, Leandro, reconocido exjugador de nuestra ciudad, iba a estar presente, confirmó que “es una lástima, no pudo venir porque se quedó en el campo, pero seguro lo va a mirar por la tele”.

El talentoso base debutó en esta fiesta-show con un desempeño notable (convirtió 16 puntos) donde protagonizó volcadas espectaculares, alley-oops y asistencias de lujo, y estuvo cerca de quedarse con el MVP si no fuera por la magia de Facundo Campazzo. Aquí, el dato de color: su padrino, Juan Manuel Locatelli, había sido el último tresarroyense en participar del Juego en 2010 y ser elegido como el jugador más valioso.

Foto: Leonardo Bassini/Guillermina Luna Audiovisual

"Tenía muchas ganas de jugar y lo disfruté mucho. Estoy muy contento. Al principio estaba un poco nervioso pero después cuando el partido empezó la ansiedad se fue y me divertí. Espero tener muchos Juegos más. También quiero agradecer a toda la gente que nos apoyó y a mi familia que también vino", resumía el exjugador de Argentino Junior que hasta 2007 sólo quería ser futbolista de Huracán de Tres Arroyos. Pero un amigo y hoy compañero de equipo, Fermín Thygesen, lo convenció para que probara con otro deporte. 

Máximo ingresó en el quinteto titular del Equipo Blanco y cuando fue reemplazado por el NBA Patricio-Garino se retiró ovacionado. Jugó como lo que es: un chico con un presente brillante y un futuro promisorio. Se divirtió como si estuviera en el patio de su casa o, mejor dicho, en el campo familiar. Si hasta cantó y bailó al ritmo del hit "Despacito" cuando estaban en el intervalo del partido y mientras tiraban al aro.

En relación a los rumores que circulan desde comienzos de año sobre una posible llegada a la NBA en el corto plazo, el hijo de Leandro y Karen sostuvo que "no le doy bola a lo que digan. Esta semana me ayudó mucho estar con Luis (Scola). De cómo entrena a pesar de tener todo el éxito del mundo y sigue tratando de mejorar. Esta temporada va a ser de menos partidos y voy a contar con más tiempo para entrenar solo y mejorar en lo individual. Pero depende de cómo vos entrenes, de la dureza y lo responsable que seas y después todo viene solo”.

Fjellerup compartió equipo en el Polideportivo con Campazzo y Garino, a quienes ya conoció en Estados Unidos en un entrenamiento de cinco días en Nueva York y el capitán de la Selección Luis Scola fue el anfitrión. Y ahora que el dinamarqués fue citado a la preselección Argentina se volverán a encontrar en la AmeriCup que se disputará en Córdoba y Bahía Blanca, en septiembre próximo.


“Con Pato (Patricio Garino) y Facu (Campazzo) tuve la oportunidad de entrenar unos días así que los conocí y son muy buenos chicos. Siempre están para ayudarte y te hacen mejor persona y mejor jugador. Estar ahora en la Selección y compartir momentos con ellos cuando me toque va a ser una linda experiencia, lo voy a disfrutar al tope y a sacarle el mayor jugo posible”, expresó el reemplazante natural de Lucio Redivo (se quedó con el torneo de triples junto a Eduardo Dominé) en el club bahiense por la partida de su excompañero que emigró al Bilbao Basket, de la Liga ACB de España.

Foto: Leonardo Bassini/Guillermina Luna Audiovisual

Sobre el cierre de la entrevista, Fjellerup se mostró conforme con el balance de la temporada en lo personal y colectivo a pesar de haber estado muy cerca de obtener alguna de las tres competencias (Liga Nacional, Liga de las Américas y Liga Sudamericana) en las que participó. “Creo que la temporada fue muy buena a pesar de cómo la terminamos. La temporada que viene va a ser mejor para todos; no va a estar Lucio pero le van a dar protagonismo a otros chicos, así que sólo tenemos que focalizarnos en la Liga Nacional. Y hay que disfrutar porque el equipo mantiene la misma base, Bahía Basket sigue desarrollando jugadores y lo que nosotros hicimos desde hace dos, tres años, ahora lo van a hacer otros y hay que apoyarlos”.

Antes de la despedida, el protagonista no se olvida de los amigos y los aficionados de Tres Arroyos que lo apoyan en cada partido. “Siempre cuando puedo voy para allá a saludar a mis amigos y me gusta reencontrarme con ellos y también con mi familia. Así que aprovecho para mandarles un saludo y gracias por estar siempre”.

A pesar de su corta edad, Máximo habla como juega: siempre distendido, relajado. Sabe manejar la presión y la ansiedad. Parece un experimentado de mil batallas y tiene muy en claro que este es un camino largo donde el esfuerzo y el equilibrio serán cualidades innegociables para no desviarse del objetivo y sólo pensar en jugar y divertirse. Y claro, para seguir alimentando su sueño, como lo manifestara hace un tiempo, de triunfar en la NBA. Pero ahora no lo vocifera, sólo lo siente y trabaja para ello.-



domingo, 11 de diciembre de 2016

Reverencial

Cortita y al pie. Una delicia. Una pincelada cuasi artística ofreció la Selección Argentina al golear por 4 a 0 a Estados Unidos y así acceder, por tercera vez consecutiva en dos años, a la final de un torneo. Este parece ser el momento. Este parece ser el instante justo. La hora señalada. Parece… Todo parece tan lindo, tan bello… Pero muchas veces pareció y el sueño quedó trunco… Pero hoy parece más que nunca que una postergada y merecida consagración está, ahora sí, más cerca que hace… ¡23 años en Guayaquil! Ojalá que en esta ocasión pueda serlo…

Hay una canción popular evangélica que reza en su estribillo algo así como “cada cosa en la vida tiene su justo lugar, cada cosa tiene un tiempo para hacerse realidad”. Y encaja justo con esta generación de futbolistas que desde 2014 viene logrando y captando elogios y merecimientos para alcanzar la tan ansiada gloria deportiva. Porque evangelizan con fútbol. Predican el buen juego. Pero siempre falta un paso, el decisivo, el más trascendente, porque, de lo contrario, será un nuevo fracaso, principalmente para la prensa. Y creo que a esta altura ya también lo será para la mayoría de la gente.

Es que contemplar a la Selección dirigida por Tata Martino como lo hizo anoche en Houston, en un estadio imponente, con aire acondicionado y techo rebatible, donde cerca de 70 mil personas fueron testigos de otra función sublime de Lionel Messi y compañía, la obra de arte se lució en su máxima expresión. Con ese poema de tiro libre que se coló en el ángulo superior izquierdo del arco americano, justo ahí, con esa precisión quirúrgica que sólo los iluminados como el rosarino pueden concretarlo. El arquero no dio más que un paso hacia su derecho cuando el crack argentino advirtió ese quiebre y tomó la determinación de impactar la pelota hacia ese lado. La parábola que dibujó el balón fue tan repentino y fugaz que pareció teledirigida.

Una producción colectiva sin fisuras. Alto rendimiento en la presión, en la elaboración y en la ejecución. Una efectividad implacable. El ideal que pretende el entrenador. Una celebración con récords incluidos: el delantero del Barcelona se convirtió, con 55 goles, en el histórico artillero de la Albiceleste superando a Gabriel Batistuta (54). La ecuación cierra perfecto. El mejor del mundo hace años se transformó en el mayor artillero...

Ahora será el turno de esperar al ganador de Chile – Colombia que, según Martino en conferencia de prensa, “hay que ver si estamos a la altura, de pasar Chile, Selección a la que yo vengo elogiando hace ocho años, que presiona y elabora juego mejor que nosotros”. Frontal y generoso como siempre el técnico rosarino a la hora de realizar un análisis de lo que vendrá.

Pinceladas de talento y clase desplegaron los artistas argentinos en el césped del NYG. Si hasta un fanático de La Pulga ingresó al campo de juego, durante el entretiempo, y le hizo una reverencia. Se rindió ante sus mágicos pies. Messi le acarició la cabeza casi en un gesto fraternal, tomó el fibrón que le dio el hincha y le firmó la camiseta. Ojalá que también haya firmado una vuelta olímpica que, con certeza, ellos anhelan más que ningún mortal. Y porque hambre les sobra. Aunque anoche todos terminamos pipones después de un banquete de alto vuelo.-

lunes, 1 de febrero de 2016

Los niños bonsái

Por Pablo Tano

No es un cuento chino. Tampoco una novela del premiado Mo Yan (Nobel de Literatura en 2012, autor de Sorgo Rojo y Las baladas del ajo, entre otras obras). Ni siquiera un guión del gran cineasta Ang Lee (director del laureado film El Tigre y el Dragón) o de Zhang Yimou (Sorgo Rojo y Hero). Pero podría serlo. La historia tiene todas las aristas para adaptarla a diferentes formatos audiovisuales. Por desgracia, claro. Pero existe, aunque duela. Y negar la realidad es desconocer la cultura milenaria de un país. Y en China, ocurren maltratos a niños que, acosados por sus padres, dejan de ser chicos con sueños de sociabilizar para convertirse en máquinas acrobáticas o niños bonsái.

Tienen tan sólo entre 5 y 9 años. Pueblan los Centros de Alto Rendimiento Deportivos en Beijing. Uno de ellos es la escuela de gimnasia de la ciudad de Shichahai, la parte vieja de la capital, donde el lago lleva su nombre y los lugares históricos seducen a cientos de miles de turistas. Allí, en ese contexto, los entrenadores usan varas para imponer el rigor y la exigencia en el caso de que algunos declinen en el esfuerzo del intento por ser los mejores medallistas olímpicos.

Camino a Beijing 2008, este crudo y polémico escenario para lograr competir con los Estados Unidos –para los chinos, el único campo donde se los puede superar o igualar- fue una postal diaria para la cual el gobierno comunista invirtió mucho dinero con la finalidad de convertir al país en una gran potencia del deporte.


"Ganar la gloria para la patria”, “Haz a los soldados fuertes, alimenta al caballo. Cuando llegue la hora de la guerra, la victoria estará asegurada”, son algunas de las leyendas que decoraban y decoran las paredes de los gimnasios para que ningún seleccionador las olvidara y ni se le ocurriera ser benévolo en el sacrificio y la tenacidad periódica que debían inculcar a los niños. La disciplina llevada a su máxima expresión.

“Cada estudiante es escogido teniendo en cuenta la calidad de sus cuerpos, las medidas de sus músculos y su capacidad de crecimiento. También estudiamos a sus padres. Si estos son demasiado altos o demasiado bajos, sus hijos no son admitidos”, cuenta Li Yuan, uno de los responsables de la escuela donde el Gobierno chino preparó y prepara a cientos de potenciales campeones.

Los entrenadores deciden a qué deporte se dedicará cada una de las pequeñas promesas: artes marciales, gimnasia, bádminton, voleibol, levantamiento de peso y tenis de mesa. Padres llegados desde todos los rincones del país traen a sus hijos hasta aquí con la certeza de que durante los próximos 10 años apenas podrán estar con ellos más de una vez a la semana. "Es el precio por ver a tu hijo entre los mejores y quizás ganando una medalla olímpica algún día", dice convencido el señor Chen, cuya hija lleva tres años internada en el centro. "Cuando salga de aquí será toda una mujer", añade.


  La rutina de entrenamiento comienza a las 5 de la mañana. No hay tiempo para los juegos o la diversión. Realizan su ejercicio media hora después y toman el desayuno antes de irse a estudiar matemáticas, ciencias e historia hasta el mediodía. Entre la una y las seis entrenan sin un minuto de descanso. Cinco horas de práctica intensa. Un maltrato hasta para el cuerpo de un adulto. Seis veces a la semana se repite el trabajo. El domingo es el único día libre para estar con sus padres. Un régimen militar.

En China hay otras diez escuelas similares a las de Shichahai que no se destacan por su gran infraestructura, pero sí por una buena alimentación, impensada para el resto de la sociedad china. Para evitar la distracción, el ambiente es monótono como un día gris y plomizo. Como una cárcel u hospital.

Hasta el extremo

El caso de una niña maratonista de sólo ocho años, que corrió 3550 kilómetros en menos de dos meses, durante 55 días, generó mucha polémica en el país, pero como su padre fue uno de los impulsores, el plan estratégico no fue interrumpido. “Hago que el entrenamiento sea divertido para ella. No la obligo. Le encanta correr, mucha gente no nos entiende. Tanto si la gente se opone como si no, seguiremos adelante”, se defendía ante las críticas su papá, Zhang Jianmin.

La exigencia de su padre fue tal que la madre de la nena llegó a pedirle el divorcio por la manera en que presionaba a su hija e inculcaba entrenar desde los tres años. El propio progenitor reconoció que castigaba físicamente “de forma esporádica” a la pequeña con el argumento de que “los niños a veces requieren autodisciplina”.

El niño como medalla. El niño como trofeo. El niño como mercancía. El niño como carnada. El niño como símbolo de ser la única oportunidad para progresar. El niño como objeto de salvación económica para que sea el “número uno” en cualquier campo. En el país comunista las pensiones son tan bajas que los jubilados dependen de los ingresos de sus descendientes para sobrevivir. Y aquel que logra la tan obsesiva y complicada presea olímpica contará con un futuro mejor y, quizás, no volverá a trabajar en zonas rurales con su familia. Como si eso fuera un pecado. Romper con la tradición. Se ve que para la sociedad que ahora abraza el capitalismo, las ambiciones apuntan para ese norte.

Ya quedó en el pasado Beijing 2008. Y China logró su meta de superar a Estados Unidos en el medallero con 51 preseas doradas contra 36 (en gimnasia obtuvo 9 doradas sobre 14 posibles). En Londres la cosecha fue pobre porque la siembra no llegó a su pico de eficiencia. Ahora es el momento de los Juegos Olímpicos de Río 2016. Y tal vez, algunos de esos pequeños gimnastas que comenzaron su aislamiento hace más de 10 años y les “robaron” parte de su infancia por el sueño ambicioso y egoísta de unos pocos adultos, se abracen a la gloria en Brasil. Para ellos, esos pequeños corazones exigidos, esos diminutos músculos sobreestirados y esos recargados pulmones, quizás representen un instante de alivio y de comenzar una nueva vida. Para otros, el camino será desolador y frustrante.-


jueves, 9 de octubre de 2014

Operación: salven al Planeta

Vivió parte de su infancia y adolescencia en Tres Arroyos. Desde hace dos años trabaja en la logística, diseño y armado de muchas de las acciones más resonantes de la organización ambientalista Greenpeace. Allí comparte su tarea con Camila Speziale, la activista que estuvo presa en Rusia. Es Martín Bertolami, quien en exclusiva para “El Periodista” compartió además una interesante experiencia laboral en Panamá.

Por Pablo Tano

De aquí y de allá. De más acá, quizás un poco más lejos, pero no tan cerca. De todos lados y de ninguna parte. Inquieto, emprendedor, audaz, aventurero, creativo, soñador, comprometido. Con alma y espíritu bohemio. Un romántico e incansable buscador de nuevos desafíos. Así es Martín Bertolami, nacido en Bahía Blanca, pero tresarroyense y salteño por adopción. Aunque hoy, la mayor parte de su existencia haya transcurrido en la Ciudad de Buenos Aires.

Casi graduado en la Universidad de Buenos Aires (UBA) de Diseñador Industrial -le falta rendir ¡una materia!-, amante de la fotografía e integrante de la comparsa de candombe “La Cumparsa”, Martín, de 37 años, trabaja en Greenpeace -es compañero de Camila Speziale, la activista detenida en Rusia el año pasado-, como encargado del área de Logística desde hace dos años, pero antes también pasó por Sodapasta, una empresa que se dedica a diseñar maquetas, robots, objetos y disfraces para cine y publicidad, donde tuvo la oportunidad de viajar a Panamá, entre otros países.

En diálogo con “El Periodista”, Bertolami, participante ocasional en “Los tambores no callan”, una movida abierta que toma forma cuando hay motivos valederos para hacerla, rememora sus orígenes, narra su historia y describe etapas como diseñando un mapa de su vida.

- ¿Cuándo tomaste la decisión de irte a estudiar a Buenos Aires y por qué?
- Primero me había ido a estudiar a Mar del Plata. Estuve dos años allá. Me fui, entre otras cosas, porque mi novia de ese entonces había ido para allá. Luego la relación terminó y con un amigo y compañero de facultad, también tresarroyense, empezamos a planear irnos a Buenos Aires y así lo hicimos. Siempre me había intrigado Buenos Aires, lo veía como un lugar lleno de posibilidades y me parecía también que mi carrera iba a ser más rica allá.

- ¿Qué carrera continuaste?
- Tanto en Mar del Plata como en Buenos Aires, seguí la carrera de Diseño Industrial. Nunca me recibí. Me falta una materia (risas).

- ¿Al mismo tiempo ibas trabajando para poder costear de alguna manera tus estudios?
- Siempre traté de rebuscármelas, tuve períodos sin trabajar, tuve una beca, pero hice de todo en el camino: pinté casas, vendía autos en una concesionaria, fui telemarketer, hice alguna que otra encuesta...Durante cuatro años alquilé una casa grande y subalquilaba habitaciones. Pasaron muchos personajes por ahí.

- ¿Recordás cuál fue tu primer trabajo en la Ciudad de Buenos Aires?
- Sí, estaba recién llegado a Buenos Aires, vivía en una pensión por Palermo y conseguí por el diario un trabajo de cartero entregando boletas de telefónica en La Matanza. Toda una aventura.

- ¿Cómo te llega la oportunidad de entrar a Greenpeace?
- Yo venía trabajando hace mucho tiempo en Sodapasta, una empresa que se dedica a realizar todo tipo de cosas, mayormente para cine y publicidad; maquetas, efectos especiales, muñecos, robots, objetos gigantes, escenografías. Un día recibo un mail de Greenpeace que necesitaban a alguien para encargarse del taller de producción. Lo dejé pasar, y el último día del plazo para contestarlo se me prendió la lamparita, y me dije: “¿Por qué no?”. Así que improvisé un e-mail donde puse una serie de trabajos míos y lo mandé. Lo vi como una oportunidad de enfocar mi trabajo hacia algo más noble. Después me llamaron, tuve un par de entrevistas y quedé. Mi ingreso se produce en diciembre de 2012.

- ¿Qué rol desempeñás en la ONG? ¿Cuál fue tu participación en las últimas campañas?
- Trabajo dentro del área de Logística, que es el área que se encarga de la coordinación y concreción de las acciones. Yo estoy a cargo del taller de producción. Con mis compañeros y con los voluntarios hacemos todo lo necesario para que todo se pueda llevar a cabo en tiempo y forma. De una u otra forma participo en todas las campañas, ya sea diseñando y produciendo en el taller lo que haga falta; desde hacer disfraces hasta organizar un festival de música y también en el desarrollo propio de las acciones.

- El año pasado, el conductor Mario Pergolini participó como activista invitado en una acción. Se disfrazó de oso polar en las estaciones de servicio Shell en defensa del Ártico. ¿Vos tuviste que ver con el diseño que usó el empresario y los demás voluntarios?
- En el caso particular del oso, yo no participé en el diseño, ya que cuando se confeccionaron los disfraces estuve trabajando en un proyecto fuera de Greenpeace, un trabajo para Tecnópolis. Con un amigo diseñamos y armamos unos trailers interactivos para la empresa de agua AySA. Armamos un lindo equipo de trabajo, casi todos amigos. Participé en la acción de Pergolini, pero más desde la preparación.

- ¿Cómo viste desde adentro casi una cuestión de Estado que se generó con los activistas detenidos por el Gobierno de Rusia?
- Fueron tres meses muy atípicos, ya que fue un hecho histórico y de muchísima relevancia dentro de la organización. Fueron meses de preocupación e incertidumbre. Todas las campañas se vieron afectadas por esto. En lo personal me afectó, ya que Camila, que estuvo detenida, es una de las voluntarias que trabajan conmigo en el taller. Una gran persona, muy querida en el taller, todos estaban muy preocupados por ella.

- ¿Cómo la viste a ella cuándo regresó al país después de estar presa durante dos meses junto a otros diez compañeros de distintos países?
- Por suerte ya terminó esa historia y viéndolo a la distancia, creo que fue una gran experiencia de vida para ella. Pese a su inocencia y juventud lo sobrellevó muy bien. Recuerdo una anécdota muy buena que contó: “Habían inventado un código para comunicarse entre las celdas, dándole golpecitos a los radiadores de calefacción con una moneda”. De esta manera charlaban y se contenían.

- ¿Cuánta gente trabaja en Greenpeace?
- Alrededor de 50 personas sólo en Argentina, más los voluntarios de Buenos Aires y de los distintos grupos locales como Córdoba, Rosario, Mar del Plata, Paraná, Salta, Bahía Blanca.

- ¿Tuviste la oportunidad de viajar por el mundo por trabajo?
- Siempre me gustó viajar. Por trabajo he estado en Panamá, Uruguay y Chile. Lo de Panamá fue de los mejores trabajos que hice. Diseñamos y realizamos para una empresa panameña una especie de acoplado de camión donde funcionaba una supuesta fábrica de juguetes manejada por la familia de renos de Papá Noel. Era una locura, mucho movimiento, luces. Había un tren manejado por un renito que recorría todo el camión. Una gran máquina de engranajes a pedal manejada por el papá reno, un reno bebé que volaba en un cohete; un delirio total. Lo bueno y particular de este trabajo es que lo empezamos desde cero. Nosotros le propusimos la idea a la empresa, hicimos una pequeña maqueta del camión y la mandamos a Panamá. Se volvieron locos cuando la vieron y nos encargaron el camión en grande. Después de seis meses de arduo trabajo en equipo terminamos y lo mandamos en barco. Luego viajamos tres personas a instalarlo allá. Pasamos más de veinte días trabajando en el playón de un estacionamiento de la empresa. Recuerdo que llovía y paraba todo el tiempo, y cuando no llovía nos cocinábamos de calor. Trabajamos un montón. En el medio del trabajo nos escapamos una semana a un archipiélago de 300 pequeñas islas, la región de Kuna Yala. Un paraíso total, muy agreste, manejada totalmente por aborígenes, los Kunas. En las islas sólo había chozas, hamacas paraguayas y un océano transparente lleno de peces. Nunca me voy a olvidar del avión que nos llevó hasta ahí. No entiendo aún cómo hacía para volar, parecía que funcionaba a pedal. Cuando volvimos nos quedaba una semana de trabajo y nos dimos cuenta que por la lluvia se habían roto algunas cosas eléctricas del camión. Ahí empezó el sufrimiento, por suerte pudimos arreglarlo, trabajamos hasta que quedaba una hora para volvernos a Buenos Aires…. Creemos que no explotó…

viernes, 15 de agosto de 2014

Entre tomas y escenas

Se formó como gestor cultural, pero su acercamiento al teatro independiente lo volvió a reunir con su verdadera pasión: la actuación. Hoy se destaca en una publicidad para Claro, y protagoniza otros comerciales de inminente lanzamiento. Además trabaja en prensa para la ‘meca’ de la calidad teatral: el San Martín. Y su trayectoria es verdaderamente rica para sus 37 años. A solas con El Periodista, Leandro Rotavería mostró qué hay detrás de la máscara de un actor con verdadera vocación.

Por Pablo Tano

El tablado es, podría asegurarse, su lugar en el mundo. En el escenario se mueve como pez en el agua. Pero la televisión y el cine también son ámbitos para expresar y transmitir tantos años de esfuerzo, dedicación y estudio. Para el actor Leandro Rotavería, de 37 años, la carrera de actuación, primero en la Escuela Municipal de Arte Dramático y luego tomando clases con dos maestros del teatro independiente argentino como Pompeyo Audivert y Rafael Spregelburd, es una forma de vida.

En una charla distendida con El Periodista, en el living de su casa, en el barrio porteño de San Cristóbal de la Ciudad de Buenos Aires, Lalo, como se lo conoce en el ambiente artístico, abre su intimidad para compartir el exitoso presente profesional por el que atraviesa sin dejar de recordar sus orígenes en Tres Arroyos cuando cursaba literatura en el Colegio Jesús Adolescente, su fanatismo por “la Fiesta del Trigo que me encantaba” al igual que “las Olimpíadas de Colegio Privados y la Fiesta del Color”, entre otras añoranzas.

Recibido también de Técnico Superior en Administración y Gestión de Políticas Culturales, Leandro trabaja en el Departamento de Prensa y Difusión del Complejo Teatral de Buenos Aires -más conocido como Teatro San Martín-, y en su currículum se destaca su labor como productor ejecutivo y asistente de dirección del Campeonato Mundial de Tango (2004-2007) y productor del Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires (1997-2003). Además, su actuación en la película “Mundo Alas” (2009) que dirige León Gieco y en más de 20 obras de teatro, describen una prolífera trayectoria.

Por estos días, Rotavería está participando de un spot de la empresa de telefonía móvil Claro que se llama Hay que ir, dirigido por Sebastián Borensztein –hijo del popular Tato Bores-, y que hace referencia a un grupo de amigos que intenta lo imposible para poder viajar al Mundial de Fútbol. En la publicidad, que consta de seis partes, el tresarroyense comparte escena con un chimpancé de 37 años, experiencia que él mismo definió como “bastante intensa” y reconoce que “estaba asustado”.

- ¿Cuándo y cómo nace tu pasión por la actuación y el teatro?
- Yo estudiaba en el Colegio Jesús Adolescente y la profesora de literatura era Carmen Méndez Pérez. La materia me gustaba mucho, me llevaba muy bien con ella, la profesora, y me pasaba muchos textos de teatro que a mí me interesaban. Y creo que actué en todas las obras del “Colegio de Curas”. Creo que llegué a hacer tres obras en un solo acto. Era su actor fetiche (risas). Y también, algo loco de mi vida, es que el día que yo me venía a estudiar acá porque tenía que rendir el ingreso para el Conservatorio y tenía que decir un texto teatral que era como la prueba máxima, le dije a ella: “Recomendame un texto que sea lindo, que veas que yo pueda hacer”. Y vino al otro día y me trajo “Postales Argentinas” de Ricardo Bartís, actuada por Pompeyo Audivert. Hice ese texto, entré a la Escuela de Arte Dramático y después terminé estudiando con él al poco tiempo sin saberlo. Carmen Pérez algo vio…

- Entonces, ¿qué carrera te fuiste a estudiar a Buenos Aires?

- En su momento me vine a estudiar teatro y Sociología. Mis padres me dijeron: “teatro solo no, arrancá con otra carrera también”. Y me anoté en el ingreso de la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD) y en el CBC de Sociología, lo terminé y después entré en la carrera de actuación. Es un camino muy intenso, tenés que ir todos los días y son muchas horas, tenés muchas materias: historia del teatro, corporal, actuación, foniatría… Y bueno, ahí empecé con todo pero se empezaron a complicar un poco los tiempos y logré quedarme con lo que yo quería hacer, que era teatro y estudiar actuación y profesionalizarme en eso. En su momento, como mi hermano estudiaba en Tandil, mis viejos, como no eran épocas de plata dulce, me pedían en lo posible si podía elegir estudiar ahí porque estaba la Universidad del Teatro. Entonces yo me dediqué a luchar por la no carrera universitaria pero estudiar actuación acá en Buenos Aires.

- ¿Cuántos años son?

- Ahora son cuatro, pero en ese momento eran tres.

- ¿Vos tenías la idea fija de ir a Buenos Aires sí o sí?

- Yo quería venir acá y lo logré.

- ¿Recordás cuál fue tu primer trabajo como estudiante de actuación por el que recibiste una remuneración?

- En la Escuela Municipal de Arte Dramático, cuando iba a segundo año, una docente de corporal, estaba armando una obra con egresados y gente que trabajaba de actor y todo, y necesitaba formar un coro. El coro, generalmente en las obras de teatro, está formado por un grupo de personas que van marcando el paso de la tragedia, las sensaciones, los sentimientos, como una voz que canta lo que le pasa al protagonista, con el cuerpo y con la voz van llevando el ritmo de la obra, contándole al público que va pasando… Y bueno, ahí hice un casting, me presenté y quedamos algunos alumnos. Y ahí estrené mi primera obra en el circuito, no comercial, pero profesional que se llamaba “País de Ciegos”.

- ¿Hubo un instante mientras ibas avanzando en la carrera donde hiciste un “clic” luego de ir a ver alguna obra y te impresionó un actor o director por su manera de enseñar?

- Sí, claro. Yo marco mucho cuando fui a ver una obra de teatro al Centro Cultural Rojas que se llamaba “Raspando la cruz”, de una persona que en ese momento para mí era absolutamente desconocida, que era Rafael Spregelburd y enloquecí; me encantó. No podía creer cómo actuaban los actores, era como que tenía una técnica diferente a lo que yo estaba estudiando y me volví loco y empecé a averiguar dónde habían estudiado. Y me respondieron que esa gente había estudiado o en lo de Ricardo Bartís o en lo de Pompeyo Audivert. Entonces empecé a averiguar cuánto salían esos docentes particulares, porque son maestros de actuación, pero que no están en las instituciones, sino que uno tiene que ir a sus estudios y formarse con ellos. Y yo en ese momento no tenía plata para pagarme estos cursos. Pero luego averigüé cuánto salía estudiar con Pompeyo Audivert y me anoté con él. Dejé la Escuela de Arte Dramático, más tarde él me llamó para trabajar en su estudio y luego comencé a trabajar en muchas de las obras que él dirigía. Ahí estuve seis años. Después di clases de entrenamiento para alumnos principiantes todos los sábados, donde explicaba cómo era su método. Al poco tiempo, Spregelburd necesitaba una persona que haga un personaje en una de sus obras que se llamaba “Bizarra”. Era una saga argentina que era una novela hecha en teatro. Fueron diez capítulos, un capítulo por semana, de lunes a viernes. Fue como una obra de culto. La gente llenaba la sala, hacía cola, había figuritas con los personajes… Dentro de la misma obra él empezó a meter finales de otras obras conocidas del ambiente teatral de Buenos Aires, él llevó los personajes de esas piezas a esta obra para que cuenten parte de la obra que uno no había visto, cuando iba a ver esa obra. Veías “Estás ahí” de (Javier) Daulte y él en “Bizarra” metía cómo se conocieron los personajes de la obra de los personajes de Daulte. Entonces vos veías a actores como Mirta Busnelli, María Oneto… Un montón de gente increíble del teatro independiente. Y con Spregelburd trabajé en varias obras y así fui arrancando.

- ¿Cómo te llega la oportunidad de trabajar en el Teatro San Martín?
- Yo estudiaba en la Escuela Municipal de Arte Dramático y para el Primer Festival Internacional de Teatro (1997) decidieron que todos los puestos menores, de informes, no los más interesantes de gestión, sean alumnos de la escuela. Y como el evento era organizado por Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, decidieron que esos cargos sean ocupados por chicos que estudiaban ahí. Me presenté a una entrevista y quedé. Ahí estuve desde el año ‘97 hasta el 2007, año en que asumió Mauricio Macri. Trabajé en la Dirección de Festivales de la Ciudad de Buenos Aires; primero como productor, después como agente de prensa y con muchas tareas hasta que me llamaron para el Festival de Tango como productor ejecutivo y asistente de dirección. Y ahí estuve muchos años, aprendí un montón de producción, de gestión política cultural, de prensa, de comunicación, de producción de eventos, de megaeventos… En el último tiempo, creo que en los últimos cinco años, fui el productor ejecutivo y asistente de dirección del Mundial de Tango, del Festival de Tango y del Campeonato Metropolitano de Tango, que es donde más aprendí porque tenía un puesto muy alto, de mucha responsabilidad y participación. Después de que asumió Macri, el área de festivales sufrió un cambio y me fui dos años al Teatro 25 de Mayo, y en el 2008 me fui a prensa del Teatro San Martín o del Complejo Teatral de Buenos Aires, que está compuesto por el Teatro Regio, la Ribera, el Alvear y el Sarmiento. Y desde ese año trabajo en el Departamento de Prensa del Complejo Teatral de Buenos Aires.

- ¿Qué tareas desempeñás?

- Hago prensa de los espectáculos, arreglo notas con los artistas y los medios y hago que los espectáculos del San Martín tengan visibilidad en los medios. El teatro no paga publicidad entonces es todo prensa.

- También incursionaste en el cine. ¿Cuál fue tu primera interpretación en la pantalla grande?
- Mirá, en cine fui haciendo cortos para los estudiantes de la carrera, como siempre pasa. Y después me fui vinculando con gente que fue haciendo largometrajes. Primero me llamaron para personajes chiquititos, después filmé una película con León Gieco, “Mundo Alas” (2009), en la que hacía de un cura. El año pasado filmé con Mariano Llinás, que es como un referente importante del cine actual. También va a ser una película como de siete capítulos, no sé cuántas horas va a durar… La peli anterior se llamó “Historias Extraordinarias” y la de ahora “La Flor”.

- Por suerte venís con un ritmo intenso de trabajo, tenés continuidad...
- Tranquilo, pero intenso también. La idea es ir creciendo. El cine es algo que yo no tenía muy claro. Es una forma de actuar totalmente diferente; tenés que aprender a actuar, tenés que aprender a olvidarte de la cámara y a no hacer tanto. El actor de teatro tiende a ser para afuera y a expresar; en el cine hay que saber expresar con menos, sin hacer tanto. Es muy difícil lo que voy a decir, pero con sentir lo que tenés que hacer ya alcanza y no tenés que ponerle mucho más. Hay que aprender a trabajar sutilmente y reconozco que eso me cuesta mucho. Yo tiendo a ser más grotesco o parodiador o enérgico, y en el cine se necesita otro estilo y otro matiz de actuación. Ya hablamos de teatro, de cine y ahora tenemos que hacer referencia a tu experiencia en televisión.

- ¿Cómo te sentís haciendo publicidades? ¿Cómo se abre este abanico? ¿Lo económico es un aspecto a tener en cuenta a la hora de escuchar una propuesta?
- En televisión tuve dos participaciones menores en un ciclo que se llamó “Televisión por la Justicia”, que iba por Telefé y dirigían Claudio Villarruel y Bernarda Llorente. Y después también, con un papel menor, en otra serie que se llamó “23 pares”, de Albertina Carri, que es otra directora de cine. Y la publicidad es algo que te da mucho dinero. El otro día escuchaba a una amiga que es actriz y leía una nota que le hicieron en Clarín. Ella decía que habría que rever cómo un actor de publicidad gana lo que gana y un médico... Como que hay un gran desfasaje. Es raro que un maestro gane 4000 pesos y un actor en un día gane mucho más, y no necesariamente tiene que ser famoso. Todo tiene que ver con el mercado, con las marcas... A mí siempre me interesó, pero había dejado de ir a casting y hace dos años empecé de nuevo y dije: “a no sentirse mal porque te va mal, porque fracasás...”. Dejar de lado como el orgullo, el malestar... Porque los castings son una instancia media tensa, patética. Tenés que hablar en un auto que no está, manejar un volante que no tenés, decir el texto mirando para adelante, hablarle a tu hijo que está atrás pero que tampoco está, hablarle a un loro que está al lado tuyo y esperar a que te responda, pero el loro no está, retar a tu mujer que está atrás, pero que tampoco está, y a su vez mirar para adelante para no chocar; y es todo como un hecho traumático en general para los actores. Pero entendí hace dos años que hay que superarlo y que no se pone nada en juego ahí; entonces hay que ir a los castings y si tenés tiempo, hacerlo. Y así empezaron a salir cosas. Y ahí salió esta publicidad de Claro que se divide en seis partes. El spot está dirigido por Sebastián Borensztein, que es el director de la ‘peli’ “Un cuento chino”.

- ¿Cuándo fue el casting?
- Fue en agosto del año pasado y filmé en octubre durante cinco días. Yo tengo una escena con un mono que es un chimpancé de 37 años, 1,70 metros y 82 kilos. Tuve que ir un día a conocerlo para que me huela... Como un ensayo.

- ¿De dónde sacaron el mono?
- Es un mono que ya viene trabajando en esto. La pasa mejor que muchas personas. Trabajaba en un circo y como ahora no pueden hacerlo más, está prohibido, cosa que festejo, trabajaba en publicidades, también estuvo en una serie de Canal 13. Entonces tuve que ir todo un día a entrenar con el mono.

- ¿Cómo resultó esa experiencia?
- Fue bastante intensa. Estaba muy asustado. Yo en el contrato había firmado que filmaba con un chimpancé, pero dije: “Será como Chita, me va a costar, pero lo voy a superar. A lo sumo andará colgada del cuello, ¿qué me va a dar impresión?”. "Esperalo", me dicen, mientras el entrenador me charla mucho tiempo. El lugar era como un descampado donde había estado un circo. Y cuando veo, era un ser humano caminando. Reflexioné un montón sobre eso. Tomé mate con él solo, caminamos juntos, me miraba, me prendía los cigarrillos; fue una experiencia media surrealista en un punto.

- ¿Cómo acomodás tus tiempos? Porque en la semana vos trabajás en el Teatro San Martín...
- Tengo una jefa que es muy buena onda, voy a castings a la mañana y hasta el mediodía, después me voy al trabajo y ensayo hasta las 2 de la mañana para la obra de teatro. Ahora estrené una obra que se llama “Enefecto”, que la hacemos con Clemente Cancela (exnotero y co-conductor de CQC) y la dirige Alberto Rojas Apel. Estuvimos ensayando un año y a lo último eran tres días por semana, y los sábados desde el mediodía hasta las 5 de la tarde. Estoy un poco a full, pero está bueno, me gusta.

- Leyendo tu currículum puedo contar no menos de 20 obras de teatro en las que participaste en distintos roles, no sólo como actor...
- Hice varias. Trabajé con Spregelburd, Matías Umpiérrez, Mariana Chabud, Lola Arias... Todos son directores muy representativos de la escena independiente.

- Es muy interesante lo que sucede con el teatro independiente en Buenos Aires. Hay una variada propuesta fuera del circuito comercial, ¿no?
- Sí, increíble. Y todavía no está muy valorado y no se le está dando desde las instituciones gubernamentales los subsidios y las políticas que el teatro independiente argentino necesita, porque genera mucho turismo cultural, y muchos directores de cine y televisión van a buscar gente al teatro independiente. La mayoría de los actores que uno ve en televisión como secundarios, que a uno le encantan y los empieza a amar, y todos dicen: “¿De dónde salió?”, vienen del teatro independiente.

- Sos productor, director, asistente, actor. ¿Qué es lo que más te gusta de todos estos roles?
- A mí lo que más me gusta es actuar. Pero en la obra que estrené no puedo evitar entrar a organizar cosas de logística; como hago prensa en el Teatro San Martín, tengo contactos con los medios, entonces hago que se difunda la obra por más que ahora va a tener una persona que se encargue de la prensa que no soy yo. No puedo evitar estar produciendo, gestionando… En mi vida privada soy igual. Al trabajar mucho tiempo en los festivales me dieron alma de productor. Son cosas que me gustan, me dan placer.

- ¿Con qué actores famosos o de trayectoria tuviste la oportunidad de laburar?
- Haciendo prensa en el San Martín, con mucha gente ‘grosa’. Bueno, de hecho con la muerte de Alfredo Alcón, que es una gran pérdida, no paré de laburar con los medios. Trabajé y tuve contacto con todos. Y después en el teatro independiente no trabajé con gente famosa mediáticamente, pero en el ambiente son talentosos, que trabaja mucho y son gente muy admirada por mí en muchos casos.

martes, 29 de abril de 2014

Un club de barrio, un sueño de Primera

Defensa y Justicia quiere subir, por primera vez en la historia, a la Primera del fútbol argentino. En Florencio Varela florecen las esperanzas y sobran las expectativas. Nuestro cronista nos cuenta esta historia y para eso, retrocede hasta principios del siglo pasado. No tiene desperdicio.

Por Pablo Tano para el colectivo marcha.org.ar

Hechos y sucesos históricos en el país. Década Infame. Bioy Casares y La Invención de Morel. Ferrocarriles Argentinos. Golpes Militares. Homero Manzi y su entrañable “Sur”. Perón y Evita. Revolución Libertadora. Un tal Pascual Pérez emerge en boxeo. David Viñas publica la novela Cayó sobre su rostro. Nace Aerolíneas Argentinas. Ley de Sufragio Femenino. La Argentina se consagra campeón del mundo en básquetbol. Educación “Laica o libre”. Rodolfo Walsh escribe Operación Masacre. Instituto Di Tella. Canal 7 y la primera transmisión televisiva. Reforma de la Constitución. Hernán Oesterheld crea El Eternauta. 

¿Y qué época atravesaba nuestro fútbol? ¿Qué espectáculo se veía? Las décadas del  ‘40 y ’50 en el fútbol argentino estuvieron marcadas por la hegemonía de River Plate. Primero con el revolucionario equipo que recibió el mote de La Máquina por el periodista deportivo de la revista El Gráfico Ricardo Borocotó; ese equipo ganó los títulos de 1941, 1942 y 1945. Luego, con más estrellas que aquella formación que selló un estilo y sembró admiración, también aparece El Millonario consagrándose campeón en 1952, 1953, 1955, 1956 y 1957, logrando el primer tricampeonato de su historia. 



Mientras tanto, en la década del ’30, en la localidad de Florencio Varela, en el sur del Gran Buenos, un grupo de amigos se lanzó a la aventura de fundar un club para, en un principio, buscar un lugar para jugar a las cartas, a la lotería y organizar asados, y que no sea el galpón de Don Eugenio Calvi. Enfrente, había un baldío con un auto abandonado y lo usaron para improvisar una cancha y así se armaron los picados de los sábados. Por eso, el nombre primitivo que les surgió fue Auto Viejo. Pero finalmente, el 20 de marzo de 1935, 13 soñadores se juntaron en la casa de Antonio Vives (empleado del correo) para darle origen al Club Social y Deportivo Defensa y Justicia. Nadie recuerda el por qué del nombre ni quién fue el autor. El fin iba tomando forma… 

Defensa y Justicia se fue transformando así en una de las instituciones más importantes de la zona en los años posteriores. Los bailes que organizaba convocaban a toda la comunidad, y en el aspecto deportivo los equipos de fútbol y básquetbol eran siempre candidatos al título en las Ligas zonales. Pero luego atravesó vaivenes económicos y fue perdiendo prestigio. La entidad necesitaba un cambio de rumbo. Y al final llegó. 

Unos cuantos socios que impulsaban la transformación del club y como bandera pretendían  que el fútbol sea su principal actividad y buscaban la afiliación en la Asociación del Fútbol Argentino, se reunieron con el entonces presidente Norberto Tomaghello, presentaron una solicitud y, después de confusiones, burocracia, temores y esperanza, el 20 de diciembre de 1977 la AFA, a través de su Comité Ejecutivo, decidió en forma unánime su aprobación para que jugara en el Campeonato de la Primera “D”, la categoría más modesta y amateur. Previamente a ese momento único y emocionante para los hinchas, el club organizó un baile en el salón “La Tranquera” para recaudar fondos y poner en marcha el proyecto, que incluía entre sus prioridades la selección de jugadores. 

¿Y el estadio? El por entonces intendente de Florencio Varela, el prefecto Hamilton, donó el terreno para construir la cancha. A partir de ahí, comenzaron los estudios de factibilidad de la obra, la nivelación del terreno, los trabajos de agrimensores, etcétera, para cumplir en tiempo y forma con el reglamento. Después de mucho esfuerzo, el 26 de febrero de 1978, una semana antes del campeonato, se inauguró el estadio “Libertador General Don José de San Martín”. El párroco Esteban Uriburu bendijo las instalaciones de El Halcón, apodo que nació en 1985, tomó el nombre y adoptó los colores amarillo y verde -dejando la original camiseta azul y blanca- de la empresa de transporte que tenía como dueño a Ricardo Pérez, también presidente del club. En la fiesta inaugural el invitado fue la Tercera División de Boca Juniors con algunos refuerzos del plantel profesional como Mario Husillos y Ricardo Gareca, entre otros. 

El día soñado

El 4 marzo de 1978 Defensa y Justicia debuta en el Torneo de la Primera D. Fue victoria por 2 a  1 ante Cañuelas. Con los sucesivos éxitos, el interés de los varelenses fue creciendo y los hinchas, ilusionados, llenaban las tribunas cada fin de semana. El Halcón siguió volando y ascendió a Primera C (1982) y a Primera B (1985). Un salto de calidad asombroso. En 1986, se produce una reorganización de los Torneos de AFA y Defensa sale beneficiado de un certamen reclasificatorio, que lo lleva hasta el Nacional B. En tan sólo 9 años, ascendió cuatro categorías. Meteórico.

Levántate y anda

Pero no todo fue color de rosa en la vida deportiva del club. En 1993 sufrió su primer y único descenso a la Primera B. Cuatro años después se levantó y una vez más retornó a la Segunda División del fútbol argentino, su lugar en el mundo.

En 2006, con gol de Ezequiel Miralles -hoy en Olimpo- venció a Morón en la Promoción y mantuvo la categoría. Lo mismo le ocurrió en 2010 y 2011, respectivamente. Zafó en la última fecha al ganarle a Unión por 2 a 0; un año después, el tanto de Emiliano Romero, en tiempo adicional, revirtió la historia ante Rosario Central y marcó una nueva hazaña. Defensa se resistía a bajar.

La mejor campaña de la historia la escribió en 2007. El equipo, dirigido por Ricardo Rezza, derrotó por 2 a 1 a Unión de Santa Fe con goles de Vacaría y Colombano, pero no alcanzó a consagrarse campeón de la B Nacional por diferencia de gol. Subió Olimpo.

 Horas dulces

El presente de Defensa y Justicia es por demás auspicioso, envidiable y sorprendente. Todo el ambiente del fútbol elogia al equipo dirigido por Diego Cocca. Sin figuras rutilantes, a pesar de contratar a 13 refuerzos al comienzo de la temporada, ninguno tiene pergaminos trascendentes. “El equipo arrancó ganando la primera fecha y no se bajó más. Los jugadores se adaptaron rapidísimo y nos demostraron que se bancaron la presión. La verdad es un grupo espectacular”, describe el joven entrenador, que reemplazó en el cargo a Jorge Almirón hace nueve meses.

Cuando Cocca debutaba en Primera División, nacía un tal Juan Martín Lucero, hoy el goleador del único líder del Nacional B y del torneo con 21 conquistas. El DT, que pregona e inculca el buen trato de pelota, la posesión y el juego asociado, es un admirador del Barcelona que conducía Pep Guardiola, a quien pudo conocer e intercambiar algunos conceptos en un viaje de aprendizaje a Europa antes de que éste emigrara a Alemania. "Me acuerdo que me di el gusto porque ya se hablaba de si Guardiola renovaba o no en el Barsa. Le dije a mi mujer que quería ir a verlo antes de que se fuera y tuve la suerte de decirle esto, que aplaudía al ver a ese equipo. Fue una satisfacción personal enorme”, contaba en una nota con el diario Olé.

“Defensa es un equipo digno de ver, hay que ir a verlo porque contagia. Los hinchas están entusiasmados y es porque algo transmite. Eso significa que estamos haciendo bien las cosas”, sostiene el ex defensor de River y con un paso como técnico por Godoy Cruz de Mendoza y Huracán.

Si bien falta mucho para el final del campeonato, algo así como siete fechas para alcanzar la gloria, también lo que se ve es que el andar de Defensa se consolida cada día más. La última derrota fue hace seis jornadas frente a Boca Unidos. De 35 partidos jugados, ganó 18, empató 12 y sólo perdió 5. Tiene ¡58! goles a favor y está segundo en ese rubro.

El Halcón vuela y vuela hacia la cima de una montaña llamada ascenso. Cuando más alto llegue, más cerca estará de lograr el objetivo anhelado: “anidar” en la elite por primera vez en su corta historia. Y seguro que cuando se concrete el sueño todo Florencio Varela volverá a bailar en el salón del club. Porque el pasado nunca se olvida y tampoco se entierra.-